Policiales
Domingo 28 de Mayo de 2017

"Pelo Duro", un muchacho al que ni el amor ni sus hijos pudieron salvar

Carlos Jesús Fernández es conocido en Tribunales desde hace 15 años. Trataron de ayudarlo, pero no pudieron. Lo buscan por ser parte de una banda.

Carlos Jesús Fernández tiene 26 años y vive en el barrio República de la Sexta. Nació el 22 de noviembre de 1990, en el inicio de una década que hundió al país en una profunda crisis social y económica y degradó a miles de hogares. Su nombre puede ser uno más, pero cuando se lo identifica por su apodo, "Pelo Duro", el mundo judicial y policial lo reconoce inmediatamente por las decenas de robos y arrebatos que se le achacaron desde muy temprana edad. Nunca mató, aunque una tentativa de homicidio por la que fue absuelto figura en su prontuario.

Tras un largo tiempo en el ostracismo, aquel adolescente que dejó la escuela tras repetir cinco veces 4º grado, reapareció ya hecho un adulto. Fue hace pocas semanas, cuando el enfrentamiento entre bandas se profundizó en los barrios Tablada y República de la Sexta. Entonces su nombre cobró fuerza como integrante de uno de los grupos que, en sociedad con "Los Funes" (ver página 39), mantiene enfrentamientos con el clan que desciende del ex líder de la barra brava de Newell's Old Boys, el asesinado Roberto "Pimpi" Caminos. Por eso la Policía Federal desembarcó el martes pasado en esa zona rosarina en busca de los líderes y sus secuaces. Pero a "Pelo Duro" no lo hallaron.

Marcas indelebles

Fernández tuvo una vida de contratiempos desde muy chico. A los 11 años se inició en el consumo de todo tipo de psicofármacos, según consta en un informe de profesionales de la salud incorporado a los expedientes que describen parte de su vida en los juzgados de Menores.

A los 15, más precisamente el 7 de febrero de 2005, quedó registrado su primer delito y estuvo encerrado un día por un robo en la calle. Por ese entonces "era un chico conflictivo pero no punible por la ley". Ese hecho marcó el inicio de sus antecedentes.

"Pelo Duro" es uno de los hijos de Mónica, una mujer humilde, trabajadora, que luchó para criar a Carlos y a sus tres hermanos menores, cuyo padre biológico les dio el apellido pero no la presencia que necesitaban. Los psiquiatras y psicólogos que lo asistieron desde el Estado establecieron que esa dificultad "dejó marcas en su primera infancia". Por eso tal vez nunca registró normas ni reglas de conducta, tampoco en la escuela primaria, cuya estadía fue turbulenta. Comenzó entonces a caminar por la "habitualidad de conductas antisociales", según refiere un informe.

"Robaba siempre a mujeres, no muy grandes, de mediada edad. Nunca a las ancianas o personas mayores porque decía que las podía quebrar", narran los asistentes sociales y empleados de juzgados que siempre trataron de tenderle una mano para que "se rescatara".

Su vida era la calle y su mamá no lograba contenerlo. Así conoció al vendedor de pochoclo de la plaza Sarmiento, que él mismo eligió para presentarle a su madre como pareja o compañero. Ese hombre constituyó un hogar con Mónica y terminó cumpliendo el rol de padrastro para "Pelo Duro". Pero el hombre murió en 2016 y eso provocó una profunda tristeza en el joven.

"Por Carlos se hacían reuniones interdisciplinarias de hasta 20 personas entre asesores de menores de los juzgados, psicólogos, psiquiatras, asistentes sociales. Se hizo mucho para tratar de ayudarlo", comentaron esta semana y con cierta resignación a La Capital fuentes judiciales.

Su extrema conflictividad y la recurrencia de sus andanzas lo puso en la consideración pública, donde ganó espacio en los medios de comunicación. Por ese entonces aparecía como un claro emergente de las familias horadadas por la crisis social.

En busca de amor

En 2006, con 15 años, Fernández cayó detenido en nueve ocasiones entre marzo y noviembre. La última fue por robarle la cartera a una mujer. En esa oportunidad, dentro de un calabozo, se tragó un alambre de nueve centímetros antes de ser entrevistado por el juez. Lo operaron para sacarle el objeto y se recuperó.

El ingreso de "Pelo Duro" a Tribunales era tan frecuente que los jueces, principalmente Juan Carlos Carmona, había tomado su caso con preocupación. En 2008 el fallecido magistrado le dijo a este cronista: "Ya no sabemos qué hacer. Lo único que lo puede salvar es el amor". Cuando murió el funcionario, Fernández volvió a experimentar una pérdida dolorosa. "Se murió mi papá", lo escuchó decir alguien en los pasillos del edificio de Balcarce al 1600.

Sin haber cumplido 16 años ya tenía más de 10 ingresos en comisarías y el Centro de Alojamiento Transitorio de Menores que funcionaba en Dorrego 950. Casi todo el entorno de República de la Sexta y los estudiantes de La Siberia (Centro Universitario Rosario) conocían a "Pelo Duro", apodo casi infantil que le quedó por la anécdota de un chicle pegado en el cabello que en su casa se hizo difícil de sacar.

El 3 de enero de 2007 perdió de nuevo y fue detenido por primera vez como un adolescente punible: tenía 17 años. Al salir no tardó en tropezar y desde el 16 de abril de ese año estuvo una semana encerrado. A fines de mayo se decidió su encierro con distintos tratamientos y un abordaje socioeducativo (aprendizaje y tareas escolares), que cumplió de manera intermitente hasta abril de 2008. Por sus recurrentes andanzas ya había ganado cierta popularidad y la prensa se ocupó de reflejarlo.

Tras las rejas del Irar

Otra vez en la calle Carlos Jesús Fernández hizo de las suyas y en septiembre de 2008 fue apresado por amenazas calificadas. Pasó siete días custodiado. El 21 de octubre de ese año fue derivado al denigrante Instituto de Rehabilitación del Adolescente (Irar) por un robo calificado.

Había cumplido la mayoría de edad en la entidad de Saavedra y Cullen, donde estuvo hasta el 6 de enero de 2009. Allí recibía decenas de cartas de amor de algunas pretendientes, incluso de vecinos y amigos. Al mes de salir cayó bajo sospechas por el intento de homicidio de María Carrizo, pero fue sobreseído.

Carlos Jesús fue un hombre antes de serlo, como cientos de chicos que sobreviven en la calle. El emergente de una realidad social que, guste o no, está entre nosotros y requiere del Estado. El informe de las Juntas Especiales de Salud Mental, en 2007, decía que Fernández presentaba un cuadro de "impulsividad que se agrava con el tiempo", con "compulsión a transgredir las normas".

La construcción sobre su personalidad contribuyó a sus "pensamientos de omnipotencia". Por ese diagnóstico se recomendó en su momento que los medios dejaran de ventilar sus recaídas, lo que además alimentaba su estigmatización. El diagnóstico que se realizó sobre "Pelo Duro" incluyó una resonancia magnética con el objetivo de ver qué efectos habían causado las adicciones en su salud. El informe de ese estudio arrojó que sufría de "hipoxia", lo que se traduce en falta de oxigeno en el cerebro. Una de las causas de esa patología es la sobredosis de drogas.

Un cuadro que habla de la realidad de cientos de chicos que, como "Pelo Duro", hoy deambulan sin rumbo por las calles de Rosario, algunos o casi todos, sin la más mínima noción de la realidad, sin capacidad para internalizar esperanzas, sin valorizar sus vidas y por lo tanto las de los demás, sin margen para acceder a otra oportunidad.

Ahora lo busca la Justicia de mayores. Y su presente estaba dibujado en el horizonte de su infancia. Con cierta tristeza, los profesionales que acompañaron a Fernández durante su niñez y adolescencia remarcan que "se hizo mucho para ayudarlo, y él cumplía las medidas socioeducativas". Y aunque el deseo del juez Carmona se cumplió cuando Fernández logró enamorarse, tener hijos y un trabajo, parece no haber alcanzado para modificar su destino.

republica de la sexta. El martes unos 150 federales coparon el barrio para hallar a "Pelo Duro" y "Lamparita".

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