Policiales
Domingo 01 de Octubre de 2017

"Mi hijo es inocente, yo no tengo miedo y sólo la peleo por él"

Lo dice Claudia, una trabajadora sexual cuyo hijo está acusado de atacar un local nocturno, fue preso por primera vez y ya intentó matarse en dos ocasiones

La noche del 18 de abril una moto con dos hombres a bordo se detuvo frente a un bar, pool y whiskería de Castellanos al 600. Uno de ellos, sin mediar palabras, disparó varios tiros contra el frente del local. Era la segunda vez en dos semanas que las balas silbaban sobre ese sitio, pero esta vez María Pérez Paniagua, la encargada del lugar, fue alcanzada por dos proyectiles: uno en el tórax y otro en el abdomen que obligaron a su internación. En el marco de la investigación, el 31 de agosto la Policía de Investigaciones (PDI) detuvo a tres personas a las que se imputó por el oscuro episodio: dos hombres de 28 y 32 años, y un adolescente de 17 llamado Luciano B. Este muchacho estuvo preso por primera vez en su vida y durante 15 días hasta que su defensor logró que le otorguen prisión domiciliaria. Sin embargo, esa pena le impide asistir al colegio y volver a su vida común, lo que lo sumergió en un estado depresivo. Claudia, su madre, jura que su hijo es inocente y que tiene pánico de que el chico se suicide. Incluso cuenta que ya tuvo dos intentos. "Tengo ocho hijos, por Luciano me tuve que mudar de Rosario a Alvear y cambiar mi vida. Esto de inculparlo por lo del boliche sólo es una venganza contra mí", se sincera.

Claudia es una mujer común, de cabello hasta los hombros, unos 40 años y viste calzas amarillas con arabescos y una camperita animal print. No mide más de 1,60 metro arriba de los tacos y su mirada se fija en quien le habla. Hace tres décadas que es trabajadora sexual, y del padre de Luciano no recuerda bien el nombre. Es una mujer que pelea por lo poco que la vida le dio. En una esquina del barrio Agote, a pocas cuadras de la terminal de ómnibus, dialoga con La Capital mientras espera algún cliente y dice que en la zona "los vecinos me quieren mucho. Hace tanto que estoy en la calle que ya soy una más de acá".

Vida difícil

Luciano B. nació hace 17 años y cuando tenía 6 empezó la escuela en barrio Cristalería. Tres veces repitió primer grado porque, según su madre, tenía "síndrome de atención dispersa". Después, el trabajó de Claudia y los otros hijos que llegaron la llevaron a ocuparse de los menores y Luciano quedó sin escolarizarse. "Hasta el año pasado no sabía leer ni escribir", contó Claudia.

De sus ocho hijos dos están presos: Alejandro y Víctor. "Cuando Luciano se quiso matar fue porque se peleó con el hermano, con Víctor, que sí tiene problemas. Siempre nos amenazaba, andaba armado y robaba en el barrio Cristalería y en Alvear, el pueblo donde vivo ahora. El 21 de septiembre del año pasado llegó a casa y le robó el celular a Luciano cuando estaba hablando con la novia. Eso fue terrible para él, dos días después llegue a casa y lo tuve que bajar de un viga del techo, se intentó ahorcar con un cable de luz, pero zafó porque llegué justo".

Arresto sin pruebas

Cuando la mañana del 31 de agosto la PDI llegó a la casa de Claudia en Alvear ella pensó que buscaban a Víctor. "Ese chico está perdido, yo hice lo imposible por sacarlo de las drogas, pero no pude. El dejó en casa un revólver calibre 32 y la policía secuestró ese arma que estaba rota para inculpar a Luciano. Yo la tenía porque mi hijo nos dijo que si se la tirábamos nos iba a matar a mí y a Luciano. El día que vino y dejó el revólver rompió toda la casa. Es que la droga lo enfermó. La gente sabe, la droga te lleva a la muerte o a la locura eterna y el Estado no tiene centros de recuperación". Por eso Claudia pensó que buscaban a Víctor, pero se equivocó.

Los uniformados se llevaron a Luciano a dependencias de la PDI y de allí al Instituto de Recuperación del Adolescente Rosario (Irar). Fue la primera vez que el adolescente caía detenido. "Él no se sabe defender y es muy tímido, su psiquiatra dice que corre peligro por su tendencia suicida y en el Irar sufrió mucho, lo quisieron matar dándole una puñalada y otro chico lo defendió. Si no el chico no estaría acá".

Luciano empezó este año su escuela primaria en el colegio Gabriel Carrasco y por medio de un programa educativo especial llegó de 1º a 5º grado. "Estaba contento porque al fin pudo aprender a leer y escribir. El psiquiatra me dijo que él tiene una depresión profunda porque se angustio cuando era chico e íbamos a visitar a su otro hermano, Alejandro, a la cárcel de Coronda. Luciano veía las rejas, escuchaba el ruido de los portones y todo eso le hizo mal. Por eso me mudé a Alvear, para sacarlo de esa vida."

La mujer tira frases como ráfagas, salta a otro tema, se pierde. "Luciano es flaco, alto, rubio y de ojos verdes y es tan inocente que yo compré un conejo para que se le fuera la depresión. El dormía con el animalito y en una carta que me mandó desde el Irar me decía que se lo cuidara".

Por venganza

A la whiskería de Castellanos al 600 la balearon dos veces. La primera sólo perforaron el frente. En la segunda fue herida la ciudadana dominicana María Pérez Paniagua. "No sé por qué esta mujer acusó a mi hijo. Yo en un tiempo estuve trabajando con ella allí pero todo terminó tranquilo", dijo Claudia. Según la denuncia hecha por la víctima, Luciano B. estaba en la cuadra del local con un celular en sus manos y presume que hizo de "campana" durante el ataque.

Claudia dice que su hijo está imputado como "coautor" del intento de homicidio pero que "es inocente". La coartada de la defensa del chico es que a esa hora podría haber estado en la escuela, pero no tienen cómo comprobarlo. Claudia buscó algunos testigos. "Yo encontré a tres chicas que aseguran que Luciano no fue autor del ataque, pero todavía no las llamaron a declarar", cuenta.

La mujer habla y quiere contar la "real verdad" y lanza la estocada: "La dominicana está enojada por unas denuncias que yo le hice". Sabe que su hijo sólo "tienen un sueño, terminar la escuela y trabajar. En Alvear estuvo por entrar a la Comuna a limpiar terrenos. Tengo miedo que se mate, es muy sensible y la Justicia no me da respuestas. Si puedo me voy con él a otra provincia. No tengo miedo por mí, es por él que la peleo".

Riñas y un crimen por la disputa del territorio

La whiskería de Castellanos al 600 fue muy cuestionada por los vecinos que ligaron el lugar y los ataques contra el local a la venta de estupefacientes, algo que no se comprobó. Sin embargo, sin dar nombres ni prestarse a las fotos, algunos residentes de la zona se arriesgan a hablar de una tal "Nancy", una dominicana vinculada al lugar. Otros van más allá y sostienen que "Nancy" sería el apodo de la mujer baleada en abril pasado.

"Se ven muchos dominicanos por la zona vendiendo drogas por calle Santa Fe, por Castellanos y en los alrededores del Parque Mariano Moreno", dice un hombre. Un habitué del parque contó que "hace un tiempo vinieron unos dominicanos y nos dijeron que iban a arreglar la vaina que tenían con un grupo que anda por acá", en relación a conflictos por territorios.

En agosto, en San Lorenzo al 3200, mataron a un joven cuidacoches. Los pesquisas sostienen que había discutido con su asesino frente al local de calle Castellanos. Algunos cuidacoches lo conocían como "Pechito" y dicen que el crimen estuvo ligado a los conflictos con los privados, los prostíbulos de la zona y el nercomenudeo.

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