Policiales
Lunes 05 de Junio de 2017

"Me pueden investigar, escuchar y verán que no tengo nada que ocultar"

Jorge Funes, a quien le atribuyen liderar una pandilla de la zona sur, negó que su familia esté involucrada en robos y homicidios

"Lo único que quiero es que esta pesadilla termine pronto. Quiero que dejen de decir que soy el jefe de un clan delictivo. Y si la Justicia requiere de mi presencia o la de alguno de mis hijos que me notifiquen porque estamos a su disposición. No tenemos nada que esconder". Las palabras pertenecen a Jorge Funes, un hombre de 43 años a quien la Policía Federal le endilga, a partir de escuchas telefónicas, el liderazgo de una gavilla que en los barrios Tablada y República de la Sexta comete delitos contra la propiedad y está vinculada a la comercialización de drogas.

Por eso, el pasado martes 23 de mayo alrededor de 150 efectivos de la mencionada fuerza desembarcaron en ese sector de la zona sudeste rosarina y llevaron adelante 33 allanamientos en los que fueron detenidas trece personas, ninguna de ellas pertenecientes a la familia Funes, aunque un hijo de Jorge llamado Lautaro y apodado "Lamparita", tiene un pedido de captura en el marco de esa investigación.

—¿Cuál es su vínculo con la banda que buscó la Policía Federal en los allanamientos realizados hace unos días en la zona sur?

—Ninguno. Dicen que me siguieron tres meses, que me sacaron fotos, que saben lo que hago, que me escucharon el teléfono y no pueden endilgarme nada. Yo no soy jefe de ningún clan ni lidero ninguna familia vinculada al delito.

—Pero usted tuvo un pasado vinculado a delitos como la piratería del asfalto.

—Sí, es verdad. Pero ya pagué mis cuentas con la Justicia y hoy soy un trabajador más, como vos o como cualquier otro. Estuve condenado por eso, siempre me implicaron en eso. Después dijeron que había robado cajas fuertes y que yo era especialista en ese tema. Pero lo que hice ya lo pagué en la Justicia y no le debo nada. Todos los días me levanto a las 6 de la mañana, llevo a mi hijo a la escuela y me voy a Tránsito porque soy dueño de un colectivo que alquilo para aquellos que tienen que sacar el carné de conducir y no tienen vehículos. Vuelvo a mi casa al mediodía después de buscar a mi hija en la escuela y llevo a mi otro hijo que hasta las cinco está en el colegio. Me pueden investigar, seguir, escuchar y se darán cuenta de que no tengo nada que ocultar.

—¿Y por qué cree que a su familia la vinculan con la ola delictiva en los barrios de Tablada y República de la Sexta?

—Mi familia tiene un grave problema desde 2013, cuando vivíamos en el Fonavi de Grandoli y Lamadrid, en el barrio Municipal, y mis pibes iban a la escuela. Y entonces siempre que volvían, mientras caminaban por las pasarelas del barrio, un grupo de muchachos los provocaba y les decía que tenían que vender drogas para ellos. Yo no iba a aceptar eso jamás porque siempre quise lo mejor para mis hijos y sé lo que es pasar por esa situación. Por eso tuve que sacar a los chicos de la escuela, levantar todas las cosas de mi departamento e irme del barrio.

—¿Cuando dice que ya había pasado por eso se refiere a su pasado con el delito?

—Sí, yo he cometido errores en mi vida, como muchos. Pero no quiero eso para mis hijos. Cuando fui pibe tuve problemas con la droga, no lo voy a negar, consumí y me curé. Lo hice como cualquier pibe de antes y de ahora. Salí y no quiero que mis hijos pasen lo mismo.

—¿Cuándo fue que comenzaron sus problemas en el barrio Municipal?

—Eso viene desde 2013 cuando mi esposa denunció a la familia Caminos (herederos de "Pimpi", el asesinado ex jefe de la barra brava de Newell's) porque vendían drogas y querían que mis hijos vendieran drogas para ellos. Entonces nos balearon varias veces el departamento hasta que tuvimos que cargar todos los muebles, hacer soldar la puerta e irnos del barrio.

—¿Hay informes que dicen que usted era amigo de Pimpi?

—Jamás. Yo conocía a Pimpi porque desde los 8 años viví en ese barrio, un barrio de dos o tres manzanas. Y vivía ahí porque mi papá fue empleado municipal. Pero yo me limitaba a saludarlo y nada más. Nunca tuve un vínculo con él y mucho menos con la hinchada de Newell's. En el barrio me han querido hacer entrar a la hinchada, no te voy a decir que no, pero soy hincha de Colón de Santa Fe, esa es la realidad. Dicen que quiero agarrar la hinchada o que quiero manejar la droga en el barrio y yo jamás estuve en eso.

—Los informes de la Policía Federal vinculan a su hijo Lautaro con la banda que delinque y vende drogas en el barrio República de la Sexta.

—Yo tengo cuatro hijos. Ulises, de 21 años, que es marinero mercante y está embarcado la mayor parte del año; Alan, de 17, que está preso por un homicidio que no cometió (el de Eugenio Solano ocurrido en un pasillo de Ayacucho al 4200 el 1º de mayo de 2016) y que fue el único testigo de la muerte de mi mujer cuando la mataron de un balazo por denunciar a los que venden drogas en el barrio Municipal y querían que mis hijos vendieran para ellos. Además tengo una nena de 12 años y un nene de 4 que estaba en brazos de su madre cuando la asesinaron. Y estos dos, que son los más chicos, lo único que hacen es llorar esperando que su mamá vuelva.

—¿Pero no habla de Lautaro?

—Es que yo con él no tengo trato desde hace muchísimo tiempo. No sé qué es de su vida. El es hijo de otra relación que tuve pero no tengo contacto con él, de chiquito no vivió ni compartió nada conmigo. Le di el apellido y ese chico no estuvo en mi núcleo familiar. El estuvo siempre por otro lado. Yo con él nada que ver ni sé qué hace. Lautaro es él, es su vida. Para mí es algo pasado, conmigo no tiene nada que ver. No convivió conmigo como mis otros hijos. Mi vida con él sólo fue lo que tuve con su madre. Y yo no sé si tiene vínculos con ese muchacho "Pelo Duro" o con quién. Yo no le doy bola, que se arregle, ya es grande, tiene 21 años y sabe qué hacer. Fue algo pasado. ¿Y querés que te diga algo más? Nunca le dijeron "Lamparita", en casa y para su familia él siempre fue "Orejón".

—¿Por qué mataron a su esposa? (el 11 de marzo de 2016 Mariela Miranda fue asesinada de un balazo por la espalda cuando estaba en la puerta de su casa de Ayacucho y Uriburu por dos muchachos que pasaron en una moto y el crimen fue atribuido a la familia Caminos).

—Porque después de que nosotros nos fuimos del barrio Municipal en 2013, los Caminos no nos dejaron de molestar. A mi madre, que tenía 83 años y vivía a dos cuadras de su casa, le balearon el frente de la vivienda y se la intentaron incendiar para que se vaya y de esa manera usurpársela para instalar un quiosco de drogas. Entonces mi mamá fue a denunciarlos a la Fiscalía y ellos pensaron que esa denuncia la había hecho mi esposa nuevamente, como en 2013. Por eso, a los dos días, la mataron. Los únicos que vieron todo fueron mi hijito que hoy tiene 4 años y se cayó al piso con la madre muerta y Alan, mi pibe de 17 que está preso en el Irar. Pero no fuimos los únicos perjudicados en ese barrio, fueron muchos por la cantidad de homicidios que hubo, pero se agarraron de nosotros, del apellido Funes.

—Desde el crimen de su esposa hubo una saga de homicidios en la zona sudeste de la ciudad y muchas veces los investigadores hablaron de una venganza y una guerra sin cuartel desatada entre los Funes y los Caminos.

—Todo lo que pasa ahora y hace tiempo en la zona sur, tanto en muertes, robos, tiroteos o cualquier cosa, acusan a los Funes. Todo era y es por los Funes. Pero nosotros no tenemos nada que ver. Yo no me tengo que vengar de nadie, para eso está la Justicia. Yo estoy dispuesto a presentarme ante la Justicia con mis hijos, que me investiguen todo lo que quieran y se van a dar cuenta de que no tenemos nada que ocultar. Lo que quiero es que paren con los allanamientos y los robos a mi vivienda como lo hicieron en el operativo de los otros días.

—¿Qué pasó durante esos allanamientos?

—En primer lugar no encontraron nada, ni armas, ni drogas, ni nada que pueda vincularme al delito. Hicieron once allanamientos en mi casa (de Ayacucho al 4300) y en casa de mis familiares. No encontraron nada pero destruyeron todo. A mí me rompieron todos los muebles, se llevaron ropa, televisores, sábanas, acolchados, perfumes, me dejaron pelado. Se llevaron unas alhajas de oro de mi mujer que le compre en 2000, hasta los sillones del patio me llevaron, electrodomésticos que estoy pagando (y muestra fotos de una casa desvalijada y las facturas de esas compras). Además, te cuento, yo soy jugador y había ganado en el casino 79 mil pesos que los tenía envueltos en la bolsa que el mismo casino te da cuando vas a cobrar y también se la llevaron. Con mi mujer estábamos construyendo una casa en el paraje La Carolina, en Ovidio Lagos al fondo, pasando el barrio Tío Rolo, porque queríamos irnos de Rosario. Los federales llegaron allá y se instalaron tres días. No me dejaron nada.

—¿Está dispuesto a que la Justicia compruebe todo esto?

—Yo quiero terminar con todo. No quiero que se siga ensuciando mi apellido. No soy narco, no uso pasamontañas. Tuve errores pero ya los pagué. Hoy quiero dormir tranquilo yo y mis hijos. Primero era el cabecilla de un clan, después eran mis hijos y al final todo lo reducen a Lautaro y yo no tengo nada que ver con él. Quiero cerrar los ojos y terminar con todo esto. Aprovechan todo lo que está pasando para tirárselo a los Funes. No sé por qué lo hacen, no sé qué pensar. No tenemos pedido de captura, no estamos en nada raro, no estamos imputados. La Justicia quiere conocernos, quiere saber qué hacemos, que nos convoquen e iremos. Estamos a disposición de jueces, de fiscales, de quien quiera. Dicen que somos un clan y somos cinco pelagatos. Yo creo en la Justicia, pero también quiero que la Justicia crea en mí.

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