Policiales
Lunes 07 de Agosto de 2017

"Los asesinos se equivocaron, mi hijo no tenía broncas con nadie"

Lo aseguró el padre de Hernán Sosa, un joven pescador ejecutado con siete tiros a metros de su casa. "Se confundieron de persona", dice su familia

"Lo único que pido es que dejen claro que mi hijo no era choro. Acá no mataron a un choro", dijo Oscar Natalio Sosa al recordar a su hijo Hernán, el pibe de 18 años asesinado el lunes pasado en El Mangrullo al 4900. Dos muchachos encapuchados le dispararon con calibre 9 milímetros desde una moto en movimiento en la boca de entrada al pasillo en el que vivía, a escasos 50 metros del Centro de Salud "El Mangrullo", en el barrio del mismo nombre.

"Hernán era pescador, como todos en la familia. También juntaba fierros para arreglarse la motito (una desvencijada 110). La estaba poniendo a nueva. Tenía muchas minitas porque bailaba muy bien. Y no tenía broncas con nadie. Se tienen que haber equivocado de pibe", relató el padre llevando la voz cantante de la familia. El caso está en manos del fiscal Miguel Moreno y no tiene detenidos.

Oscar Natalio Sosa tiene 50 años. Lleva con orgullo su nombre, el mismo con el que fuera bautizado "Ringo" Bonavena. "Yo soy de 1967 y a mi papá le gustaba mucho el boxeo. Ringo salió campeón no se de qué titulo y mi papá me puso su nombre", comentó sentado al sol en el patio de su casa, en un pasillo de la zona más vieja de El Mangrullo. Los Sosa viven a unas tres cuadras de Nuestra Señora del Rosario y la avenida de Circunvalación, a escasos metros de la desembocadura del arroyo Saladillo hacia el Paraná. Su humilde casa está bajo el número 4902 de El Mangrullo, dentro del pasillo, a 200 metros del puente sobre un brazo del arroyo y unos 40 metros de la cortada Belgrano, donde está el centro de salud.

Oscar y su esposa, Sandra María Silva, tuvieron ocho hijos, dos de ellos fallecidos: "El Tarta", quien se dio vuelta con un bote cuando pescaba en el Paraná hace seis años, y Hernán, que era el menor de los hermanos. Ella habla informalmente; el portavoz familiar es Oscar. "Hernán tenía 18 años pero era como un nene de 13 años. Andaba todo el día cantando con los auriculares puestos. Tenía muchas minitas porque bailaba muy bien reggaetón. Meneaba mucho el culito y eso a las chicas se ve que le gusta. Se juntaba con los más pibitos del barrio", describió una de las hermanas del chico asesinado despertando una sonrisa en la familia reunida en el patio para contarle su mala fortuna a LaCapital.

"Estaba contento porque hace dos semanas le dieron el DNI con mi apellido. Cuando nació se nos pasaron los 40 días para anotarlo y quedó con el apellido de la madre. Ahora hizo el trámite y se puso los dos apellidos: Silva Sosa. Lo cargaban porque era el único de los hermanos que tenía apellido diferente y además era el más chico", recordó el papá.

La última hora

De acuerdo a lo confiado por los familiares Hernán dejó la escuela en quinto grado y empezó a trabajar como pescador. "Es de lo que laburamos todos en la familia", dijeron. El lunes 31 de julio por la mañana el muchacho estuvo junto a su papá arreglando una desvencijada moto Kymko que Hernán pretendía poner en marcha. La moto quedó estacionada en el patio de la casa.

"Estuvimos arreglando la moto desde la mañana hasta las 15. Le compró muchas cosas nuevas a la moto con la plata de unos fierros que anduvo cirujeando", relató el padre. Luego se cambió y salió de su casa. Llevaba puesto un buzo con capucha, una campera negra y una gorrita color naranja.

La familia desconoce qué hizo Hernán durante esa hora, la última de su vida. Todo lo que llegó a sus oídos fue por el relato de amigos y vecinos, hoy temerosos de contar la historia. "Hernán estuvo en la esquina del centro de salud y luego fue hacia la zona del puente. Desde ese lugar volvía cuando se topó con los de la moto. El venía caminando con una chica y un chico", relató uno de sus familiares.

"Los vecinos nos contaron que esa moto (cuyos datos se preservan para no entorpecer la investigación) anduvo dando vueltas por el barrio. Iban dos encapuchados. Estuvieron por el dispensario. Se metieron en el pasillo donde vivimos y fueron bien hasta el fondo. Parece que andaban buscando algo o alguien. Puede que fuera un auto verde, de acuerdo a lo que nos contaron. Pero la verdad todo es tan raro que no sabemos qué creer", indicó otro de los hermanos Sosa.

Correr por miedo

Lo concreto es que cuando Hernán regresaba hacia su casa fue sorprendido por los encapuchados en moto, quienes le dispararon sin mediar palabra. "Se ve que al verlos temió e intentó correr. El siempre que tenía miedo corría. También lo hacía cuando veía a la policía. El no había hecho nada, pero corría igual", indicó una de sus hermanas. "Cuando empezó a correr le dispararon. Fue a unos 25 metros de la entrada al pasillo. Le dieron varios balazos en el cuerpo y él siguió con el impulso. Al llegar al ingreso del pasillo se abrazó a una columna y se desvaneció. Quedó tirado en la calle", relató otro de sus parientes.

Los vecinos indicaron que en la escena quedaron "nueve cápsulas" servidas. Oficialmente se indicó que en el lugar se secuestraron "seis vainas y dos plomos calibre 9 milímetros". "A nosotros nos dijeron que a Hernán le dieron siete balazos", comentó el padre de la víctima.

El fiscal de la unidad de homicidios Miguel Moreno se trasladó a la escena del crimen. Allí ordenó que una Brigada de la Policía de Investigaciones (PDI) recabara testimonios. También ordenó que se periten cámaras de vigilancia ubicadas en el ingreso al barrio (dos a la altura El Mangrullo y avenida del Rosario) y la restante en el rulo de ingreso a Villa Gobernador Gálvez.

"Nosotros somos gente laburante. Vivimos de la pesca. No le hacemos mal a nadie. A Hernán lo velamos en nuestra casa porque si bien nos acercaron un sitio para hacer el velorio pensamos en la gente del barrio que lo quería. Queremos agradecerle a Marcelo "Pipi" Andrada (Secretario General del Sindicato de Recolectores) que a partir de un amigo en común nos ayudó con el velorio y el cajón", resaltó Oscar.

"Hernán era un chico muy querido. Cuando lo sepultamos el miércoles en el cementerio de Villa Gobernador Gálvez hubo una caravana de veinte autos, un colectivo y una Traffic. Pregunten por él en este barrio y también en la zona norte, en Empalme Graneros y Ludueña o en Villa Gobernador Gálvez. Ellos le van a contar que Hernán era un buen pibe. Se tienen que haber equivocado de persona. No hay otra", dijo con resignación el padre del pibe asesinado el lunes.

Los cambios en el barrio a cinco años de otro homicidio


"Este es un barrio tranquilo. Ya no es como en los tiempos en el que estaban los quioscos de venta de droga en que se agarraban a tiros. Te podés encontrar con algún amanecido que te cobre peaje para comprarse un vino, pero las cosas cambiaron desde que asesinaron a la «Mona» Aranda", dijo la familia Sosa en referencia al crimen de Hugo Daniel "Mona" Aranda, un muchacho de 26 años muerto de dos balazos el jueves 8 de diciembre de 2011, a 70 metros del lugar donde ultimaron a Hernán Silva Sosa.
   "Mona" había estado preso por el homicidio del repartidor Darío Tirabassi, ocurrido el mediodía del 14 de octubre de 2009 cuando estacionó su furgón frente a una granja de Hilarión de la Quintana 12 bis. Tras un largo proceso, que incluyó una propuesta de juicio abreviado con una condena de 16 años que no fue homologada, terminó absuelto el 7 de junio de 2009 por los magistrados Gustavo Salvador, Carlos Carbone e Ismael Manfrín. "La Mona se peleó con uno que iba en una moto y le pegó dos botellazos. Después el tipo se volvió, se bajó de la moto y le aflojó plomo", contó por aquellos días un vecino de la cuadra.


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