Policiales
Jueves 31 de Agosto de 2017

Lo condenaron a prisión perpetua por quemar y asesinar a su pareja

La pena recayó en Miguel Angel Pastorutti por el asesinato de Romina Saavedra, a quien le asestó 25 puñaladas. Dura crítica de la fiscal al Estado.

"Ahora va a tener que pagar, ya está. Ella va a descansar tranquila". Al hijo de Romina Saavedra no le hicieron falta muchas más frases para describir la sensación que sintió ayer tras escuchar la condena a prisión perpetua para Miguel Angel Pastorutti, el hombre que mató a puñaladas y quemó a Romina Saavedra, quien era su madre y pareja del criminal, en diciembre de 2013. Un Tribunal llegó a la conclusión que el acusado fue autor de homicidio triplemente calificado. Una reflexión que buscó ir más allá a la hora de analizar la problemática que atraviesan las víctimas de violencia de género la dejó la fiscal Cristina Herrera. Según la funcionaria, en el caso hubo un "eslabón roto", donde la instituciones, el Estado y la Justicia no dieron respuestas a las denuncias previas que hizo la víctima (ver aparte).

A sala llena, el juez Ismael Manfrín leyó el veredicto que le puso fin al juicio seguido a Miguel Angel Pastorutti, el hombre de 64 años acusado del salvaje homicidio de su ex pareja, Romina Saavedra, una mujer de 32 años a la que sometió con 25 puñaladas y luego prendió fuego, el 6 de diciembre de 2013 en la ciudad de San Lorenzo.

Fueron dos las palabras de la parte resolutiva del fallo que, cuando el presidente del Tribunal las verbalizó, detonaron gemidos de alivio entre los familiares de Romina en medio de un respetuoso silencio. "Prisión perpetua", fue la condena que solicitó la Fiscalía para el autor del hecho y que ellos esperaban escuchar.

Sentencia unánime

Acompañado por los jueces Julio Kesuani y Edgardo Fertitta, Manfrín leyó los seis puntos de una sentencia unánime y en la cual se decidió condenar a Pastorutti a prisión perpetua como autor "penalmente responsable de los delitos de homicidio triplemente calificado por haber mediado una relación de pareja, con ensañamiento y alevosía, y violencia de género, en concurso real con dos hechos de amenazas coactivas contra la víctima y sus familiares.

Tras el breve acto que el imputado escuchó sin sobresaltarse, los padres de Romina, Ana María y Osvaldo, una hermana, uno de los hijos y un sobrino de la víctima, desalojaron la sala despacio, abrazados y envueltos en llanto. Se contenían entre ellos y recibían el abrazo de miembros de ONG's que luchan contra la violencia de género. En un hall que divide las alas norte y sur del primer piso del edificio sobre calle Moreno los esperaba el periodismo para conocer sus sensaciones.

Fue consciente

Ana María , abrumada por los micrófonos y las cámaras, apenas pudo hilvanar unas pocas palabras. "Contenta porque se hizo justicia, pero por otro lado triste porque no la voy a poder ver más a mi hija", se desahogó la madre de Romina hasta que la ahogaron las lágrimas.

Detrás suyo su marido, Osvaldo Saavedra, se mostró satisfecho. "Es lo mínimo que se puede pedir para una persona como ésta porque no tiene sentido lo que hizo. Estamos conformes por el momento, esperemos que ahora cumpla", esgrimió el hombre en tono pausado.

Sobre las disculpas que ensayó el acusado durante el juicio, Osvaldo fue contundente. "No interesan sus disculpas, no hay disculpas que valgan. Si lo hizo, lo hizo consciente y bien consciente. Porque yo lo vi cuando salió y me insultó. Ya lo tenía preparado (al homicidio) desde antes, ahora que cumpla".

A su lado estaba Sebastián Piazza, nieto del hombre, uno de los cuatro hijos de Romina y uno de los principales testigos del hecho. Con timidez, el joven dijo: "Ahora va a tener que pagar, ya está. Gracias a Dios le dieron cadena perpetua, lo que más esperábamos. Estoy muy conforme, ahora no lo va a ver más nadie y se va a pudrir adentro. Ella va a descansa tranquila".

El veredicto que ayer dio por cerrado el caso fue el resultado de un juicio que se inició la semana pasada, cuando en su alegato de apertura la fiscal Herrera solicitó la prisión perpetua para Pastorutti. Y para sostener la imputación convocó a policías, familiares, peritos y familiares de Romina.

Según Herrera, el chatarrero fue autor de un homicidio calificado con todos los agravantes. En el transcurso del debate, la fiscal también hizo hincapié en las dos denuncias por amenazas que la mujer había realizado contra el acusado entre marzo y abril de 2012 en el Centro de Orientación a la Víctima de San Lorenzo. Pero Pastorutti recién fue indagado por esas causas en abril de 2014, cuatro meses después del asesinato de Romina.

El Tribunal también ponderó otra amenaza coactiva que, según la fiscal, el acusado lanzó antes de su arresto en la escena del crimen contra los hijos y el padre de la víctima, testigos del trágico episodio.

Una mañana trágica

Romina tenía 32 años cuando murió y cuatro hijos de relaciones anteriores, a los que mantenía sola. Una hija mayor de edad que ya no vivía con ella, una adolescente de 15 años, un varón de 14 y una nena de 9.

Ante su estado de vulnerabilidad se apoyó en Pastorutti, con quien convivió unos años. Pero el hombre se volvió violento y la fue aislando de sus afectos, la golpeaba y la amenazaba, la enfrentaba con sus hijos.Es más, y lo narraron durante el juicio, los hijos denunciaron varias veces a su padrastro por violencia doméstica. Tras romper ese lazo perverso, Romina se fue a vivir a una casa con sus hijos, a 200 metros de la de Pastorutti.

El 9 de diciembre de 2013 la mujer se levantó para realizar trámites, y según un testigo, Pastorutti la estaba esperando y la llevó por la fuerza a su casa, abrió el gas de la cocina y comenzó a golpearla. El hijo y una hermana de Romina dormían en una casilla lindera y escucharon los gritos de la mujer y el olor a gas.

En ese momento voló el techo de la casa de calle Neuquén y un ladrillo golpeó en la cara a la hermana de Romina. Un mecánico vecino trató de ayudar y se acercó, pero no pudo entrar a la vivienda porque una heladera obstruía la puerta. Pero logró ver a Romina en el piso, con la remera quemada.

Tras intentar rescatarla vio como Pastorutti se arrojaba sobre el cuerpo de la mujer y le aplicaba 25 puñaladas con una cuchilla de cocina causándole la muerte con una herida que le atravesó el cuello. La joven terminó desfigurada. Pastorutti sufrió quemaduras en los brazos pero se recuperó en el Hospital Eva Perón de Granadero Baigorria y luego quedó detenido.

Cuando le toco declarar en el juicio pidió disculpas por lo que hizo y dijo padecer una amnesia parcial que le impedía recordar el momento del crimen. Aunque su defensa planteó que era inimputable, nadie le creyó: fue condenado a prisión perpetua.

sin salida. Miguel Angel Pastorutti escuchó la sentencia sin sobresaltarse y pidió disculpas en el juicio.

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