Policiales
Miércoles 03 de Mayo de 2017

La pena natural no fue suficiente para un preso que "no se resocializó"

Miguel Angel Scalia fue penado a 8 años y medio de cárcel por un atraco seguido de enfrentamiento ocurrido en octubre de 2014.

La pérdida de una pierna en el tiroteo posterior a un asalto no bastó para que Miguel Angel Scalia evitara una condena a prisión. El preso de 36 años fue a un juicio oral y público sólo a pedir que le apliquen una "pena natural", es decir, que se considere la amputación como un sufrimiento superior a cualquier encierro. La jueza Raquel Cosgaya se opuso a ese pedido, lo sentenció a la pena mínima y ahora dio a conocer los motivos de su decisión. Tras evaluar que el acusado cometió el robo durante una salida transitoria de la cárcel, dijo que corresponde una condena porque "el camino carcelario transcurrido no ha alcanzado para su resocialización", fin último de las penas de encierro.

La discapacidad que Scalia sufre desde aquel 24 de octubre de 2014, cuando se enfrentó a tiros con la policía tras asaltar una fábrica de barrio Alvear, no quedó fuera del análisis. Por su padecimiento físico y su pedido de disculpas al dueño de la empresa durante el juicio, entre otros atenuantes, Cosgaya bajó al mínimo la condena que pretendía el fiscal (ver aparte).

El hombre finalmente fue sentenciado a 6 años y 8 meses de cárcel, la pena más baja que corresponde por los delitos que le imputan y que él admite haber cometido: robo calificado por el uso de arma y agravado por ser en poblado y en banda, portación ilegal de arma de guerra y atentado a la autoridad. Esa pena se unificó en 14 años y 9 meses con una condena anterior a 9 años y 9 meses que acumulaba por una serie de robos.

El hecho y la caída

El veredicto se dio a conocer hace tres semanas. Ahora, en un dictamen de sesenta páginas, Cosgaya explicó por qué no le otorgó a Scalia la pena natural que el hombre esperaba. Dijo que en este caso aún se debe cumplir con el sentido "resocializador" de la pena de prisión. Por eso ordenó que el preso cumpla su condena en una institución carcelaria y no bajo arresto domiciliario.

Scalia —quien fue juzgado como Scaglia y sobre el final hizo notar el error en la escritura de su apellido— fue detenido en 2014 frente a la fábrica de plásticos Coverfilm, de Suipacha al 3700. El robo fue a las 9.30 de la mañana cuando irrumpió una banda integrada por tres hombres y una mujer que buscaban el dinero de los sueldos de los trabajadores. En el local había más de diez personas que fueron maniatadas detrás del sector destinado a las máquinas industriales. Un hermano del dueño, incluso, recibió de Scalia un culatazo en la cabeza y un empleado fue golpeado por el ahora condenado con una patada en el vientre.

El acusado, además, llevaba un handy conectado a la frecuencia policial. Así la banda escuchó que la policía, advertida del golpe que estaban cometiendo, se encaminaba al lugar. Por eso los asaltantes salieron a toda velocidad tras alzarse con la plata de los sueldos (una suma que rondaría los 200 mil pesos), una pistola calibre .380 del dueño, varios teléfonos celulares y pertenencias de todos los empleados.

Baleado

En la esquina de la fábrica, cuando escapaban, se cruzaron y tirotearon con la policía que llegaba al lugar. En esas circunstancias una bala le causó a Scalia una fractura de tibia y peroné, no pudo superar una gangrena que se le declaró poco después y debieron amputarle la pierna izquierda a la altura del fémur, por lo que debió afrontar una dolorosa recuperación. El dinero sustraído en el atraco nunca apareció.

Los otros tres ladrones aceptaron altas penas en juicios abreviados. Mientras Scalia fue el único que llegó a juicio, audiencias a las que fue trasladado en silla de ruedas. Los defensores públicos Martín Riccardi y María Laura Maenza pretendían una pena natural. Es decir, que se considere a la discapacidad que el preso arrastra desde entonces como un castigo suficiente que vuelve innecesario el encierro. El fiscal Fernando Rodrigo se opuso: pretendía una condena a 8 años.

Dificultad

Para resolver esa disyuntiva, la pregunta que se formuló la jueza es si el padecimiento psíquico y físico del preso vuelve desproporcionada una pena estatal. Tras analizar el historial del acusado concluyó que "es evidente su dificultad de reintegración social". "He arribado a la conclusión de que corresponde aplicar una pena. Conclusión exenta de insensibilidad y a la que he arribado teniendo en cuenta el fin de la pena. En el caso concreto, la resocialización de Scalia", explicó.

Al inclinarse por una condena tuvo en cuenta como agravantes la "violencia inusitada" del asalto, el daño causado, el padecimiento de las víctimas y la actuación de Scalia en el robo, al que acudió armado con una pistola calibre 9 milímetros con la numeración limada. "Se puede inferir que obró sobre seguro, poseía conocimiento previo del lugar", evaluó. También apuntó que el preso puso en riesgo la vida de terceros y la de un policía con quien se tiroteó.

El efectivo contó en el juicio que debió cubrirse tras la puerta del móvil para esquivar los disparos: "El de remera rosa (por Scalia) venía en dirección a mí. Le doy la voz de alto. Con un arma en la mano me empieza a efectuar detonaciones, cuatro o cinco disparos desde unos siete u ocho metros. Yo estaba descendiendo del móvil. Me trato de cubrir con la puerta, repelo la agresión y una bala impacta en la pierna izquierda de Scalia". La jueza también tuvo en cuenta que actuó durante una salida transitoria y luego incumplió con su arresto domiciliario.

Con prótesis

Por otra parte evaluó que "Scalia no ha perdido de manera definitiva su capacidad de locomoción y puede sobrellevar una vida relativamente normal con una prótesis", algo que "se ha acreditado a través de sus propios dichos". Es que al final del juicio el fiscal reprodujo una escucha efectuada en febrero a otro preso que se comunica con Scalia. Mencionado en la charla como "Tuerto Miguel", el acusado se jacta del robo en barrio Alvear y minimiza su discapacidad: "Me doy maña para todo. Tengo la pierna ortopédica también. ¿Sabés cómo camino? La piloteo. Ahora no la tengo porque no sabe el juez, el fiscal, nadie", dice.

Al día siguiente leyó una carta para explicar que había dicho eso "por orgullo", porque antes lo veían "como un delincuente profesional y ahora como un rengo que no sirve para nada". Pero lo cierto es que la escucha no lo favoreció.

Un último aspecto que consideró la jueza es que si bien se disculpó ante el dueño, no lo hizo con el resto de las víctimas. Cosgaya consideró que al pedir perdón sólo mencionó su propio padecimiento sin lamentar "ninguna otra consecuencia que ha determinado en terceros", lo que "no resulta revelador de arrepentimiento". Por todo esto decidió imponerle pena. La más baja, pero en prisión.


Atenuantes

El fallo que condenó a Miguel Angel Scalia no sólo consideró como atenuante que perdiera una pierna tras el asalto sino también su escaso nivel de instrucción, su “dificultad para la obtención del sustento”, las disculpas que ofreció al dueño de la fábrica, la admisión de su responsabilidad, sus condiciones personales (es padre de tres hijos) y su contexto social. Por eso se fijó la pena mínima.


Una acción homicida
“El muchacho saca el revólver, me lo pone en el cogote. Me mete adentro. Preguntaban por Leo, mi hermano. Realmente estaba muy asustado. Se escuchaba ¿dónde está la plata, donde está la plata? No quiero volver a recordar. No quería trabajar por miedo. No podía dormir. Me tuve que ir del país casi un año como consecuencia de todo esto”, declaró en el juicio Hernán, el hombre al que Scalia redujo en el robo y cuyo testimonio se destacó en el fallo.

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