Policiales
Viernes 14 de Julio de 2017

La desolación de una mujer en la pobreza

La primera imagen de Melisa fue de una completa orfandad. Sola, recostada en un colchón de dos plazas apoyados sobre dos camas individuales, con la pierna derecha vendada y sin nadie que la asistiera. Sus hijos no estaban. El mayor, de 13 años, acompañaba a su hermanito de 10, internado en el Hospital de Niños Víctor J. Vilela. El menor de los chicos, de 8 años, fue entregado en guarda a un tío.

A los pies de la cama de Melisa, el cuerpo muerto de una perra color canela completaba una escena de miseria y dolor. La vivienda es un ambiente único de 2,5 por 5 metros. Una de sus medianeras es parte de los silos de Agroexport, la empresa clausurada en 2005 por el municipio. El resto de la casa son ladrillos huecos, un techo de chapas y un piso de tierra apisonada.

Allí, el aroma que flotaba era tan agrio como la muerte. Al momento de llegar la prensa, en el lugar no había ningún móvil policial resguardando la seguridad de la mujer. "Nunca vinieron. Se llevaron a mi marido muerto, levantaron las vainas y se fueron. Me dejaron sola", dijo Melisa, sin poder movilizarse. "A esta mujer no la mataron porque no les interesó. Una vez que se fue la policía, sobre la medianoche, empezaron a pasar las motos una y otra vez. Y ¿viste cómo es lo de las motos? Pasan después de un asesinato para ver si le pegaron a lo que le tiraron o si erraron", describió una vecina conocedora de algunos códigos delictivos.

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