Policiales
Domingo 07 de Mayo de 2017

La angustiosa espera de una madre para saber sobre el destino de su hija

Cristina está casi segura de que la calavera hallada los primeros días de abril en Las Flores es la de su hija, Mariela Barbosa, a quien no ve desde febrero

El 3 de abril pasado una calavera calcinada y otros restos óseos aparecieron en una zanja del barrio Las Flores. Junto a eso había algunas prendas de vestir rotas y sucias. Desde entonces todo fue un misterio para los pesquisas de la Policía de Investigaciones (PDI) y el Ministerio Público Fiscal, que aguarda con ansiedad los resultados de las pruebas de ADN a la que están siendo sometidos los restos para saber a quién pertenecen. Sin embargo, algunos investigadores y Cristina de Barbosa no tienen dudas de que se trata de los restos de Mariela Nerea "La china" Barbosa, quien desapareció de su casa de Platón al 1400 el 10 de febrero último, cuando su madre presentó la denuncia por averiguación de paradero.

Diez días más tarde la Fiscalía Regional dio a conocer públicamente ese pedido. "Mariela Nerea Barbosa falta de su domicilio desde el 10 de febrero. Mide 1,60 metro, es delgada y de tez trigueña, cabello negro y un tatuaje en el brazo derecho que dice «Madre»", sostenía el escueto comunicado oficial. Y fue precisamente su madre la que la buscó por "los cañaverales y el monte que separa su casa del barrio de Las Flores, a unas diez cuadras"de allí.

La ropa de Mariela

En ese marco, el 3 de abril un llamado anónimo avisó que habá una calavera calcinada en una zanja de Clavel al 7200, a unos 100 metros de la autopista a Buenos Aires. La policía llegó al lugar y encontró el cráneo con dos orificios de bala. Cristina y Félix, padres de Mariela, fueron al lugar y reconocieron como prendas de su hija algunas raídas vestimentas que estaban junto a los restos óseos.

Tras el hallazgo, el fiscal Luis Schiappa Pietra y agentes de la Sección Homicidios de la PDI a cargo de Diego Sánchez barrieron Las Flores en busca de alguien que supiera o los orientara sobre el caso. Preguntaron en cada casa y recoveco, y los mismos vecinos los fueron llevando hasta una casa de Cala al 7100. Allí encontraron más prendas de Mariela, sangre en una habitación y unas cadenas empotradas en la pared. Para el fiscal, allí estuvo la chica secuestrada. Y esa privación ilegítima de la libertad fue la imputación que le hizo al dueño de la vivienda: Alexis Joel A., un joven de 20 años que está bajo prisión preventiva. Su abogado sostuvo que la sangre era de su defendido. Por eso se enviaron muestras a un laboratorio para observar esa prueba que tardará unos días, tal vez más que el ADN que se realiza a los restos óseos.

Maternidad y drogas

Mariela es madre de dos niñas y en el último tiempo en que se la vio por su barrio, al este de la avenida San Martín, caminaba asiduamente las cuadras que la separaban de Las Flores a través de un pequeño monte que se erige al otro lado de esa arteria. "Allí, en Las Flores, se hizo de un novio. Se llama Miguel y le dicen «Chori». Tiene como 40 años y la celaba mucho a mi hija. Nos dijeron que le daba drogas y que la vieron vender en la palaza Itatí, pero no sabemos", dijo Cristina en diálogo con La Capital en su humilde casa de villa Magnano.

Cristina no conserva más que esperanzas: "La nena no volvió y siempre volvía. Que esperemos las pruebas nos dijo el fiscal, pero encontramos cadenitas, ropa, zapatillas. Todo era de ella", dice la mujer que pierde la fe a la que trata de aferrarse. Y llora apretando la quijada como un perro enfurecido. Está casi segura que su hija ya no va a volver.

El barrio donde viven es de carreros y cirujas. Allí se crió Mariela con cuatro hermanos y tuvo a sus hijas: Loana, de 2 años; y Ludmila, de 6.

Cristina tiene 42 años, sus ojos son calmos pero su piel está arrugada, el pelo es blanco, las piernas se le notan cansadas al paso lento y su boca es desdentada. Nadie la daría esa edad. La mujer cuenta: "«La china», como le decimos en casa, era una chica buena. Me dejó dos nietitas que nosotros estamos criando. Ella estaba enferma con la droga. A los 13 o 14 años se empezó a drogar con pastillas y a fumar. No sé que tomaba porque ella no decía nada, a veces venía golpeada, cortada. Se agarraba la cara y respondía «vos no sabés nada mami, no me pegaron, me caí»".

"El año pasado vino varias veces con moretones en la cara, las manos, los brazos. Yo le decía «China» te pegaron, y me decía que no, pero le pegaban", recordó angustiada Cristina. Y contó que "una vez se cortó las piernas y los muslos, pero me dijo que no me preocupara, que se había lastimado".

Mariela tuvo sus dos hijas con un hombre apodado "Cototo". Es "un pibe rebueno que la quería sacar de las drogas y la llevaba a la iglesia, pero ella no iba. Cuando nació Loana, mi hija la llevaba a todos lados. Me decía que era la madre y que a la nena no le iba a pasar nada. Pero le nenita volvía sucia, paspada y nosotros la convencimos y la dejó siempre acá, en mi casa. Así las estamos criando a las dos".

Dolorosa búsqueda

Durante el mes y medio que duró su ausencia, si es que el cuerpo encontrado es el de Mariela, sus amigos y familiares la buscaron "por todos lados. Nos fuimos al monte, a los pastos, las zanjas. Pero no encontramos nada. Después aparecio eso", cuenta Cristina, que la nombra en presente y en pasado indistintamente.

En ese mes y medio le llegaron distintas versiones. "Me decían «la vimos a la chica, esta por el sur». Y otro me contaba «la vi vendiendo droga en Las Flores», pero cuando la buscábamos no aparecía".

La familia Barbosa vive en un barrio muy antiguo donde una serie de casuchas se agolpan sobre Platón al 1400. Un estupendo cartel indica que Platón es mano y contramano y enfrente, por San Martín, una serie de obreros cavan una zanja para futuros caños bajo la custodia de un gendarme armado.

Casi todos son carreros y los hombres y las mujeres que no pasan los 50 años parecen de 65. Cristina y Félix también viven del carro. El martes pasado a la tarde, mientras se hacía la entrevista, un hombre con una bicicleta carísima entró por calle Platón, frente a la casa de Cristina compró algo y se fue. Podrían ser drogas o cualquier otra cosa. Después, por la misma huella que entró se fue y nadie lo molestó.

Allanamientos

Cuando ubicaron los restos óseos, los padres de Mariela se presentaron en el lugar y reconocieron prendas en la zanja donde estaba la calavera. A partir de allí, fueron a Fiscalía con la sospecha en el corazón. Confirmado que los restos pertenecían a una joven de unos 20 años, el fiscal Luis Schiappa Pietra ordenó un análisis de ADN. El fin de semana pasado, por orden del funcionario se allanó la casa de "Chori". Pero poco encontraron.

Días después, y luego de escuchar las voces del barrio, la policía llegó a la casa de Alexis Joel A., de 20 años y ligado al caso de la desaparición y presunta muerte de Mariela Barbosa. Allí encontraron ropa que era de la joven con manchas de sangre, guinchos y cadenas así como una reja rota, indicios de que allí hubo una persona privada de su libertad.

El fiscal Schiappa Pietra le imputó al joven privación ilegítima de la libertad agravada y el juez Hernán Postma le dictó prisión preventiva por 60 días. Los elementos que lo vinculan son testimonios y las prendas que reconoció la familia de la chica. Su hermana dijo que "un vestido, una cadena, un bretel y un camperita", eran de Mariela. Su madre le creyó.

Mariela Nerea Barbosa tenía 22 años y dos nenas pequeñas. Vivía en una casilla de chapa de una pieza al aldo de la de sus padres y sus cuatro hermanos. Iba al centro de salud Maiztegui a pedir gasas y curitas para sus heridas. El año pasado había estado internada en el Hospital Agudo Avila, y cuando finalmente desapareció, el Estado la buscó poco y no logró encontarla. Varios piensan que los restos hallados son de ella. Su hija Ludmila, con 6 años, cuenta los días para ver a su mamá: "Abuela, mamá no vino hoy, pero ya va a venir ¿sabés?", le dice a su abuela Critina algunas tardes.

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