Policiales
Domingo 16 de Abril de 2017

Inusual historia de una estanciera condenada a 20 años por narco

María Hilda Calabrese cedió sus campos para que una banda aterrizara avionetas cargadas de cocaína en Corrientes. Decomisan 7.400 hectáreas.

María Hilda Calabrese está a un paso de cumplir 61 años. Hacendada de alcurnia, dueña de la estancia más emblemática de Santo Tomé por extensión y belleza, la semana pasada fue condenada a 20 años de cárcel como integrante de una organización multinacional que ingresaba cocaína a la Argentina usando avionetas. Además del monto casi inédito de la sentencia, por su severidad, la Justicia también ordenó que le decomisaran 7.400 hectáreas de las estancias "Santa Ursula" y "Santa María del Aguapey", ubicadas en la zona de los Esteros del Iberá. "Ella quedó enredada en todo esto por el amor, o pasión, que le tenía a su pareja Florentino Niemiz. Fue él quien le arrendó los campos de las estancias a un narco brasileño", contó ayer una allegada a la mujer detenida en el "Instituto Pelletier", la cárcel de mujeres de Corrientes.

   El martes el Tribunal Oral Federal de Corrientes —Víctor Alonso, Lucrecia Marcelina Rojas de Badaró y Fermín Amado Ceroleni— condenó a diez personas —entre los que había ciudadanos peruanos, bolivianos y un brasileño prófugo— acusadas de integrar "una banda con componentes internacionales dedicada a traficar droga", según la imputación formulada por el fiscal Carlos Schaefer. Calabrese y su pareja el "Fioro" Niemiz, como también se lo reconoce a este hombre de 48 años, recibieron 20 años de condena. El fiscal Schaefer explicó esta organización realizaba dos o tres vuelos por semana, por lo que se presumen que llegaban a esos campos correntinos más de cuatro toneladas de cocaína por mes provenientes de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) con destino a Brasil.

Narcoestancia

El 14 de noviembre de 2013 efectivos de Gendarmería allanaron las estancias de Calabrese. Encontraron alrededor de 330 kilos de cocaína —algo inusual para una ruta natural en el tráfico de marihuana paraguaya como es Corrientes—, cuatro avionetas, un tanque con combustible para ellos y armas, todo lo cual fue secuestrado en el lugar. "Tenían una logística importante con una pista de aterrizaje casero de mil metros, un camión tanque con bomba eléctrica para surtir de combustible a las aeronaves, teléfonos satelitales, equipos de comunicación, radios, GPS y hasta un generador de energía eléctrica en el campo y su trayecto a la casa. La banda se dedicaba a traficar cocaína en tránsito aéreo entre Paraguay y Brasil y usaban a la Argentina como base soporte para traficar sin ser detectada", indicó él entonces secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni.

   Las estancias de Calabrese, "Santa Ursula" (sobre la ruta provincial 12) y "Santa María del Aguapey" está en inmediaciones del río Aguapey, en la frontera con Brasil. Contaban con improvisadas pistas de aterrizaje sobre la tierra de alrededor de entre 700 y 1000 metros de largo, algo que no es anormal en campos de esas dimensiones. Las estancias están ubicadas a 430 kilómetros de la capital provincial y a 100 kilómetros de Santo Tomé. "Los campos de la estancia Santa María Niemiz se habían arrendado a un ciudadano brasileño. El arrendamiento era por los campos y no por el casco de la estancia. Eso provocó un cisma importante cuando estalló la causa porque varios de los hijos de María Hilda seguían yendo regularmente al casco de la estancia si saber que a unos cientos de metros había gente armada hasta los dientes custodiando droga", explicó un conocedor estrecho de la familia Calabrese, que pidió reserva de su nombre.

María Hilda

Quienes conocen a María Hilda Calabrese la describen como una "mujer de alcurnia de gustos caros —joyas y cremas— que jamás lavó un plato o cocinó en su vida. Ella estudió kinesiología en Corrientes, pero nunca ejerció. Siempre fue «ama de casa» y se ocupó de la crianza de sus hijos". Pero que sin embargo "supo tener una vida sin ostentaciones, un valor que le transmitió a sus cuatro hijos. Ellos viven en una ciudad chica (Santo Tomé no supera los 30 mil habitantes) y toda la familia se movía con un sólo vehículo. Nadie en la localidad sentía que era gente que tenía mucha plata. A pesar de lo que tienen son gente de perfil bajo", alertó el allegado. Nacida en Concordia, Entre Ríos, María Hilda estuvo casada con un veterinario, padre de sus cuatro hijos entre 20 y 30 años, hasta hace una década cuando se separó de hecho. "Mientras vivieron juntos él fue el administrador de los campos", indicó el vocero.

   Según contaron en Santo Tomé, hace una década María Hilda mantuvo un romance con "Fioro" Niemiz, quien era administrador de campo. Esa relación hizo que la mujer debiera optar y se separó de su esposo. Apostó y perdió. "No fue una relación pública, o de exposición. Fue todo muy a las sombras. Pero cuando esa relación fue conocida por la familia terminó con su matrimonio. Pero no es que a partir de entonces María Hilda hizo vida social con Niemiz. Lo hacían cuando viajaban a Corrientes o Buenos Aires. Pero en Santo Tomé no se mostraban", indicó el vocero. María Hilda, dos de los hijos de María Hilda y su ex esposo continuaron viviendo en Santo Tome, ubicado a 390 kilómetros de Corrientes y a escasos 15 kilómetros de la ciudad de Sao Borja, en Brasil.

   "Los Calabrese son reconocidos hacendados en la zona de Alvear y Santo Tomé. Tienen estancias en esos lugares de toda la vida. Y la «Santa María de Aguapey» es la más representativa de la zona. Por linda y por la riqueza de sus tierras", explicó el allegado.    

   Una vez que estalló el escándalo narco en sus estancias Calabrese se presentó ante la Justicia para mostrar los contratos de "arrendamiento y de pastaje sobre los campos" que llevaron a cabo Niemíz (en su nombre) y el ciudadano brasileño Silvio Andrade De Lima Borges, también conocido como "Max", hoy prófugo de la Justicia. El contrato fue por "un total de 2.640 hectáreas de la mencionada estancia para la explotación de cría y/o recría de ganado vacuno" según el acta de elevación a juicio. Calabrese terminó presa en el Instituto Pelletier. En principio Niemiz estuvo prófugo y luego se presentó espontáneamente en la Justicia. Fue procesado por el delito de organizador de almacenamiento, transporte y distribución de estupefacientes. En la segunda jornada del juicio, Niemiz declaró ante el tribunal. Dijo que había colaborado con la investigación de Gendarmería, que había señalado a los narcos brasileños y que María Hilda nada tenía que ver. "Ella contó que durante el juicio se cruzaron pocas veces. Que ella lo miró y él agachó la cabeza", describió el vocero.

   "Los que la conocen a la única conclusión que llegan es que todo esto le pasó por amor. Se dejó llevar por el «Fioro» y terminó condenada por narcotráfico", sentenció el vocero. En pocos días se conocerán los fundamentos de la sentencia. Tal vez allí se filtre una explicación del rol de una hacendada que cambió una vida opulencia por dos décadas de cárcel.

La hacienda, punto de acopio de la cocaína

"Con anterioridad al día 14 de noviembre del año 2013 han conformado una asociación ilícita, poniendo en marcha una organización criminal, con componentes internacionales, dedicada al tráfico ilegal de estupefacientes; cumpliendo para ello varios roles distintos, desplegando su accionar por diferentes puntos geográficos de la Argentina y de países vecinos (Perú, Bolivia, Paraguay y Brasil), con epicentro en la ciudad de Santo Tomé, provincia de Corrientes, donde utilizando la infraestructura de establecimientos rurales, situados en una zona limítrofe con Brasil y Paraguay, como ser las estancias «Santa Ursula» y «Santa María del Aguapey» (propiedades de Calabrese) recibían proveniente del exterior una importante cantidad de sustancia estupefaciente —cocaína— que luego de ingresar al territorio nacional a bordo de aeronaves particulares que aterrizaban en esos predios, era acopiada transitoriamente en diferentes ámbitos físicos de las estancias, para luego nuevamente ser trasladada hacia otros lugares de Argentina y de países fronterizos", explicó el fiscal Carlos Schaefer en su elevación a juicio.

Comentarios