Policiales
Sábado 06 de Mayo de 2017

"El mensaje me quedó claro y tras los dos ataques decidí no abrir la farmacia"

Lo dijo el médico Oscar Ulloa en el juicio a quienes tirotearon su casa y le dieron una golpiza en su consultorio por orden de empresarios del rubro

Omar Ulloa es el médico atacado a golpes y amenzado en su consultorio céntrico por dos sicarios que, al salir, mataron a un policía el 5 de febrero de 2013. Un mes antes le habían rociado a tiros el frente de su casa. Los dos atentados tuvieron el mismo fin: amedrentarlo para que no abriera una farmacia en Maipú y San Lorenzo. "La primera vez pensábamos que se habían equivocado de casa. Después quedó claro con el segundo ataque a mi consultorio", dijo el profesional, que ante esas intimidaciones decidió cancelar la apertura del negocio. "Era un mensaje claro y yo no estoy para defenderme. Preferimos cerrar e irnos", explicó ayer al declarar en el juicio que se le sigue a dos personas por ese ataque, la muerte de un policía y balear a un abogado.

El ataque a Ulloa es uno de los hechos que se juzgan desde el miércoles en un debate oral con dos acusados. Pablo Andrés Peralta y Hernán Matías Núñez están imputados de haber entrado al consultorio del médico con el pretexto de entregarle una planta cuando en realidad fueron a golpearlo, pegarle culatazos y efectuar un disparo al aire. La intimidación buscaba que no abriera una farmacia cercana a otra que administraban el empresario Antonio Iborra (ya fallecido) y su hijo Juan Pablo, condenado a 6 años y 8 meses de prisión domiciliaria por ordenar una serie de ataques a personas ligadas al negocio de los medicamentos.

Los supuestos sicarios, detenidos el mismo día tras una persecución policial en la que arrojaron una pistola 9 milímetros, también están acusados de matar a tiros al policía Carlos Dolce, que custodiaba la cuadra de 3 de Febrero al 1000 donde está la clínica de Ulloa e intentó retener a los agresores cuando salían. Por último, Peralta está acusado del intento de asesinar al abogado Alberto Tortajada en el palier de su estudio de Montevideo 2026, ocurrido cinco meses antes frente a Tribunales, y cuya declaración fue reproducida por este diario en su edición de ayer.

Por primera vez

La voz de Ulloa se escuchó públicamente ayer por primera vez. El médico, citado al juicio como víctima, contó que por culpa de los ataques sufrió perjuicios económicos y necesitó tratamiento por un cuadro depresivo. Dijo que nunca entendió por qué le habían baleado la casa hasta que un mes más tarde los atacantes se lo dijeron mientras lo golpeaban en el consultorio: "No abras la farmacia. Nosotros somos los que te tirotearon la casa", recordó.

Ulloa contó que desde chico estuvo vinculado al negocio farmacéutico y que cursó medicina trabajando en una farmacia. "Estoy ligado al rubro hace 50 años", dijo. Y explicó que tiene una empresa con sus hijos de prestación de servicios de farmacia.

La investigación determinó que el primer ataque que sufrió el médico fue ordenado por los Iborra para evitar que instalara una farmacia cercana a una administrada por ellos. Fue el 8 de enero de 2013 a las 15.15. Ulloa estaba trabajando, su esposa acababa de llegar a su casa y uno de sus hijos dormía cuando le rociaron a tiros el frente. Según declaró ayer la mujer, fueron dos hombres desde una moto y uno de los plomos quedó en el espejo del comedor.

"Suspendí el consultorio y me fui a casa. Fue un shock. Había vidrios rotos, un auto dañado", relató Ulloa, que en ese momento no supo a qué atribuir la agresión. Su hija mayor pensó que podía estar relacionado con la inminente apertura de la farmacia pero él lo descartó. En ese local planeaban darle fuerte desarrollo al área de cosmética y perfumería. Ya tenía el aval del Departamento de Inspección de Farmacias (porque respetaba la normativa de estar a más de 200 metros de otros comercios del ramo) y estaba firmado el contrato de alquiler.

La familia se fue a un viaje que tenía programado y al regresar Ulloa constató que el mensaje, en efecto, era para él. La tarde del 5 de febrero terminaba de atender a un paciente en la clínica de 3 de Febrero 1045 cuando pasó lo inesperado. "Vi dos personas. Una portaba una planta. Cerré porque no entendí. Me dio la impresión de que no eran pacientes", relató. Los visitantes forzaron la puerta y se abalanzaron contra el médico. El de mayor contextura física forcejeó con él, le pegaron un culatazo en la cabeza y otro en una mano. "La planta terminó caída. Forcejeamos, sentí un disparo, después me golpearon. Me entregué ante la situación", dijo Ulloa, a quien le robaron dos celulares.

Lo entendí

Al escuchar el disparo, una paciente corrió hacia atrás y otra salió a la calle, donde a los pocos minutos los agresores mataban a Dolce para escapar en un auto sin patente. Luego llegó el Sies, la policía y Ulloa seguía en shock en su consultorio. Le realizaron curaciones y recibió puntos de sutura en la cabeza. "En la primera ocasión en que me balearon la casa no lo entendí", dijo el médico. Pero la segunda vez no tuvo dudas: "El mensaje me quedó claro y la decisión fue terminar con la farmacia".

"Con el tiempo uno se fue enterando de quién había sido la persona que tomó ese criterio para que yo no abriera la farmacia. Eran los Iborra", indicó ante una pregunta de la fiscal. Y planteó que ante el miedo que sintió y la afectación a su entorno familiar dio marcha atrás con el negocio: "Ante un mensaje así hay que hacer caso".

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