Policiales
Miércoles 26 de Abril de 2017

Cuatro hombres procesados por el insólito secuestro extorsivo de un muchacho

Les imputan levantar en la calle al hijo de los dueños de una rotisería y cobrar un importante rescate para liberarlo sano y salvo el pasado 31 de marzo.

Cuando lo colocaron delante de los cuatro hombres en la rueda de reconocimiento, el brazo de Iván Papurello se levantó como accionado por un resorte. "Son ese y ese otro", dijo el joven de 20 años, con determinación automática e indudable. Señalaba con su dedo índice a los dos hombres que hace 25 días lo obligaron a bajar de su Ford Fiesta fingiendo ser policías y empleando armas de fuego, para forzarlo a reingresar al asiento trasero de su auto e iniciar así un secuestro extorsivo que se prolongó durante casi cinco horas, al cabo de las cuales lo liberaron tras el pago de un importante rescate. Los dos hombres que señaló Iván habían sido apresados dos días después del hecho por un trabajo conjunto de la Policía de Investigaciones de Rosario (PDI) y una brigada de la División Antisecuestros de la Policía Federal. Son Miguel Angel Capobianchi, de 56 años, y Diego Sebastián Gamboa, de 39, ambos con antecedentes por robo de autos y salideras. A los dos el juez federal Marcelo Bailaque los procesó ayer como coautores de secuestro extorsivo, agravado por haberse cobrado el rescate, por la utilización de armas de fuego y la participación de tres o más intervinientes, lo que supone penas posibles de hasta 25 años de cárcel.

   Como integrantes del grupo de apoyo a los captores el juez procesó además a otras dos personas: Dionisio Gutiérrez, de 63 años, y Jonatan Andrés Sosa, de 27. Las evidencias contra ellos no son tan contundentes como en el caso de los dos primeros. Gutiérrez está ligado a los supuestos autores materiales del secuestro por escuchas telefónicas que lo vuelven sospechoso de ser parte del grupo. Sobre Sosa hay un testimonio incriminatorio. Además, todos admiten conocerse.

   A tres personas acusadas de haber facilitado la casa donde Iván estuvo retenido el juez les dictó la falta de mérito. La joven víctima derribó la base de la imputación cuando en una visita al lugar descartó que lo hubieran tenido allí.

Falsos policías

La investigación que terminó en esta resolución judicial pone al desnudo las casi cinco horas febriles que transcurrieron entre el secuestro de Iván, la negociación y el pago del rescate, capítulos centrales de un delito que es por completo infrecuente en la provincia de Santa Fe, y que por eso mismo a las autoridades y a la policía les interesaba cortar de cuajo.

   El incidente, tal cual lo relató entonces este diario, comenzó el 31 de marzo a las 23.40 cuando Iván, que había salido de su casa para comprar helados, fue interceptado por dos hombres que se bajaron de un Chevrolet Aveo en Zuviría y Solís, en barrio Belgrano. Los dos sujetos, según la víctima, tenían chalecos policiales y usaban armas. Estos lo hicieron bajar y reingresar a su Ford Fiesta al cual luego dejaron abandonado en Saavedra entre Rodríguez y Callao.

   "Yo me di cuenta de que me seguía un auto porque se me pegaba mucho atrás y pensé que era un Vectra", dijo Iván. "Se bajaron dos tipos, se identificaron con placas y dicen ser policías. Me muestran las armas, una pistola cada uno. Me abren la puerta, me obligan a bajar, todo gritando. Me metieron en el asiento de atrás pero como yo forcejeaba vino el grandote y me empezó a pegar. El viejo canoso se sentó conmigo. Manejó el grandote que iba a mil, me hizo mierda el auto porque agarraba los lomos de burro y el cordón. Yo estaba todo el tiempo en el auto semiencapuchado", contó Iván en su declaración ante la Justicia.

Los llamados y el pedido

Los padres de Iván tienen una reconocida rotisería en cercanías del complejo de cines Village y viven en la zona oeste. Silvia, la madre, recibió el primer llamado extorsivo a la 0.24 del 1º de abril, a 45 minutos de la captura. Le dejaron claro que tenían a su hijo, que comenzarían por cortarle un dedo y que terminarían por darle muerte si no les pagaban 100 mil pesos para liberarlo. "Mami, quédate tranquila, me secuestraron, prepara toda la plata porque si no me van a matar", escuchó la mujer la primera vez. Un minuto después el celular volvió a sonar. "Señora, ya entendió, su hijo está secuestrado. Le digo dos cosas: no llame a la policía y espere mis indicaciones. Si no hace caso se lo mato". La mujer quedó paralizada pero al recobrarse llamó al 911 con el celular de su otro hijo.

   Arrancó entonces una negociación complicada porque las llamadas se cortaban. A las 3.25 Silvia, desde la comisaría 14ª, escuchó de nuevo que debía pagar 100 mil pesos. Reuniendo dinero a las apuradas entre distintas personas lograron juntar 85 mil pesos y algunas alhajas. Colocaron todo en una bolsa y aguardaron directivas.

   Con una sorpresa que no acaba de despejarse Iván contó que a poco de retenerlo, cuando empezaban las comunicaciones que se cortaban, el hombre más gordo, al que reconocería como Gamboa, entró al lugar indignado. "Esta hija de puta ya fue con la policía". Era verdad que entonces ya había una denuncia por lo que queda la gran incógnita de cómo los captores supieron eso.

   En el contacto posterior los secuestradores le dijeron que debía dirigirse en auto a una ermita dedicada al Gauchito Gil en Acevedo entre Omar Carrasco y Ovidio Lagos (en el ingreso a barrio Acíndar) y, sin detenerse, arrojar por la ventanilla la bolsa con el dinero. Cuando los delincuentes constataron que eso había ocurrido lo sacaron a Iván de su lugar de cautiverio y lo trasladaron hasta Sastre y Garay (en el barrio Carlos Casado y a unas .... cuadras de la ermita), presumiblemente en el mismo Aveo que había participado en el secuestro y al cual la víctima creyó primero un Vectra. Allí lo dejaron a las 4.23. Iván caminó hasta Ovidio Lagos al 3200 donde tomó un taxi. Su pesadilla había terminado.

Un buchón

Los primeros datos contra los acusados los obtuvo la PDI por un informante que esa fuerza no identifica. Este soplón indicó que en el secuestro estaban implicados "el viejo Miguel, que vive en Rodríguez al 3800". Un segundo al que definían como "Chico Malo" y otro que sería "Pelu Dizeo", novio de una joven que había trabajado un tiempo en la rotisería de la familia de Iván.

   Esa información condujo a un primer reconocimiento fotográfico. Iván sabía que en su secuestro habían participado tres personas. Dos lo habían llevado en su auto. El tercero quedó manejando el vehículo en el que llegaron los otros dos. Cuando vio la fotografía de Capobianchi pegó un salto. "Este es el viejo. Seguro, cien por ciento. Lo veo y hasta me acuerdo de su voz". Luego reaccionó al ver la foto de Gamboa. "Este es muy parecido al gordo, pero tenía el pelo más corto". Efectivamente, cuando Gamboa fue detenido estaba más rapado que en aquella imagen.

   Con esas referencias la PDI detuvo a Capobianchi en su casa de Rodríguez al 3800 y a Gamboa en su vivienda del barrio Municipal de Grandoli al 4800. Luego identificaron a Dionisio "Chico Malo" Gutiérrez y a Jonatan "Pelu" Andrés Sosa.

En el lugar

El fiscal federal Mario Gambacorta, que condujo la investigación, pidió que Iván fuera a reconocer el lugar donde se suponía estuvo secuestrado, en Rodríguez al 3800. La víctima, que había sido terminante para acusar a sus captores, no solo no logró identificar el lugar sino que descartó haber estado allí. Y la leve sospecha que había contra Miguel P., José P. y Nilce T. por haber proporcionado el ámbito para la captura se cayó y recibieron falta de mérito.

   En cambio los otros cuatro acusados fueron señalados como coautores de secuestro extorsivo lo que supuso para ellos el dictado de la prisión preventiva y el embargo de 200 mil pesos o la inhibición por esa suma en caso de no tener bienes. La situación más grave es para Capobianchi y Gamboa a quienes Iván reconoció como sus captores. Los cuatro procesados serán trasladados el jueves a una cárcel federal fuera de la provincia.

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