Policiales
Viernes 15 de Septiembre de 2017

Confirman condena a instructor de box por un homicidio

En octubre de 2013, y luego de ser hostigado por el ex esposo de una alumna suya con la que también bailaba cumbia, lo mató de un balazo

El entrenador de boxeo Martiniano Gómez debe haber sentido una "afectación en su temple" por las amenazas y persecuciones que sufría de parte del marino mercante Héctor García, ex esposo de una de sus alumnas y compañera de baile, al que mató de un disparo en la cabeza en octubre de 2013 luego de pelearse en la esquina de Uriburu y Corrientes. Eso evaluaron dos jueces de la Cámara Penal que revisaron la condena a 11 años que pesaba sobre el instructor de box. Como no tenía antecedentes penales y sufrió un "asedio" previo por parte de la víctima, los jueces redujeron a 10 años y 8 meses la pena que el acusado cumple en prisión domiciliaria y con salidas laborales.

La rebaja de la condena fue el resultado de un fallo dividido. El tercer juez del tribunal votó en disidencia con un planteo aún más beneficioso para Gómez: consideró que el caso debía encuadrarse como un exceso en la legítima defensa. Pero se impuso el criterio de la mayoría. Para los otros dos magistrados no existió de su parte una acción defensiva, sino un ataque. Por eso lo encontraron autor de un homicidio agravado por el uso de arma de fuego.

Una corta rivalidad

Gómez había sido condenado en marzo del año pasado por la jueza de Sentencia María Isabel Mas Varela. La magistrada le impuso 11 años de prisión a Gómez, ahora de 52 años, por el disparo que le atravesó la cabeza a García la mañana del sábado 19 de octubre de 2013. La rivalidad entre ambos había surgido un mes antes, cuando el marino desembarcó en el puerto de San Lorenzo y sus hermanas le contaron que habían visto a su esposa con otro hombre en un auto.

La mujer admitió haber estado con su instructor pero negó haber mantenido una relación con quien tomaba clases de boxeo desde hacía tres años y con quien conformaban una pareja de cumbia cruzada. Y sostuvo que el día en que los vieron juntos iban rumbo a un salón ubicado en Medrano y Freyre para ensayar. Esas explicaciones no le bastaron a García, quien dos semanas antes de morir se peleó a piñas con el instructor de su esposa y sufrió una fractura en un hombro. Según el hijo de la pareja, mayor de 20 años, por eso sus padres estaban separados cuando todo terminó en tragedia.

Gómez, a su vez, relató que era asediado por el marino, que lo iba a buscar con insistencia a su casa, le tocaba el timbre y hasta realizó pintadas agraviantes en el club donde enseñaba boxeo, de las que presentó fotos. "Me venía buscando. Me fue a buscar a mi casa varias veces. Amenazaba con que iba a matarme", contó.

Mañana fatal

La mañana del crimen el boxeador y su esposa se levantaron temprano y escucharon cómo alguien empezó a tocar timbre "como loco, constante, desesperado", en la casa de pasillo donde vivían con sus hijos, a siete cuadras de lugar del crimen. Ignoraron por completo el llamado y al rato fueron a un súper en moto para hacer compras. Al volver encontraron a Gómez frente a su casa. Entonces el instructor llamó al 911 para avisar que el hombre podía estar armado y que él ya había sufrido amenazas del ex esposo de su alumna. Pero el patrullero nunca llegó. Así se quedó dando vueltas por la zona hasta que se cruzaron en Uriburu y Corrientes.

Gómez, según contó su esposa, se bajó de la moto, le gritó al marino que dejara de molestarlo y se trenzaron a golpes de puños. Pero en un momento le gritó a un hombre que esperaba el colectivo en la esquina: "Ayudame que tiene un arma". Y se escuchó un disparo.

En la primera condena se descartó una legítima defensa por la desproporción entre el acusado y la víctima, que tenía menor contextura física y un brazo enyesado desde la pelea anterior. En ese fallo se consideró que no estaba probado quién aportó el arma. Y que por la dirección del balazo (el proyectil entró arriba de la oreja izquierda de García, salió sobre la ceja derecha y luego le atravesó la mano derecha) no pudo ser accidental.

El abogado Ignacio Carbone apeló la sentencia. Pidió que se considere un caso de legítima defensa, resaltó las amenazas que había recibido su cliente y dijo que no está clara la mecánica del hecho. El fiscal Guillermo Corbella, en tanto, pidió que se confirme la pena.

El camarista Tomás Orso fue el primero en votar y a su decisión se plegó su par Guillermo Llaudet: "El imputado fue al encuentro de García a sabiendas de que el mismo se encontraba en franca inferioridad física (tenía un brazo inmovilizado) para reducirlo, aplicarle culatazos en la cabeza y finalmente efectuarle —cuando estaba a caballo de su contrincante— un disparo desde atrás con una Colt calibre 11.25 luego hallada debajo de la víctima". Para afirmar ello se basó en la autopsia y la declaración de un testigo.

"Pudo evitar el enfrentamiento y sin embargo fue al encuentro de García", dijo, además de poner de relieve que el imputado "sólo había recibido una mordedura en un dedo y tenía dominada la situación". De todos modos, los jueces le rebajaron en cuatro meses la pena por la "carencia de antecedentes, el haber permanecido en el lugar de los hechos hasta la llegada de la policía y la secuela de incidentes previos que seguramente afectaron su temple".

En cambio, el camarista Daniel Acosta dijo que el caso puede encuadrar como un exceso en la legítima defensa. Advirtió que el único testigo contó que, tras el disparo, el agresor "se agarraba la cabeza". Un dato que "se orientaría o bien a algo no querido o bien a un inmediato arrepentimiento". "Adherimos a ese voto en disidencia. Se corresponde en un cien por cien con lo que planteó esta defensa", dijo Carbone tras escuchar el fallo con su cliente, y adelantó que presentará un recurso ante la Corte Suprema provincial.

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