Policiales
Sábado 13 de Mayo de 2017

Condenaron a perpetua en Salta al autor de un doble crimen en Rosario

En 2015 mató al playero de una estación de servicios en un pueblo salteño y meses después, en esta ciudad, a los hermanos Javier y Agustina Ponisio

Javier Hernán Pino, acusado en Rosario de asesinar a balazos a los hermanos Javier y Agustina Ponisio en su casa de Castro Barros al 5500 el 16 de octubre de 2015 (ver recuadro), fue condenado a prisión perpetua por un tribunal de la localidad salteña de Metán. Por unanimidad, los jueces hallaron a Pino autor material y penalmente responsable del crimen de Ariel Fernando Ríos, el playero de una estación de servicios baleado el 13 de julio de 2015 en la pequeña población de El Galpón. Aquel homcidio tuvo el agravante de críminis causa, es decir que el condenado mató para ocultar otro delito, en este caso el robo de una importante suma de dinero. El miércoles, antes de que los jueces dieran su veredicto, Pino pidió perdón a los familiares de Ríos, al pueblo de El Galpón y rompió en llanto. Dijo que mató al playero por accidente y que entró a robar por la necesidad de conseguir dinero para pagar a los abogados de su padre, detenido en Santiago del Estero acusado de robar una compañía financiera.

Además del crimen del playero Alejandro Ríos, Javier Pino está acusado de haber asesinado a otras cuatro personas: dos en Buenos Aires y los hermanos Javier y Agustina Ponisio en Rosario. Este ultimo caso está en manos del fiscal de la Unidad de Homicidios Dolosos Florentino Malaponte, quien antes del juicio en Salta había solicitado que el expediente del doble crimen fuera remitido a juicio. "Por las audiencias iniciadas en Salta se suspendió el pedido de audiencia preliminar en Rosario, pero ahora se activará nuevamente. Con respecto a las causas que tiene Pino en Buenos Aires, no hay prioridad para ningún expediente", explicó una fuente judicial.

En la causa Ponisio, el fiscal Malaponte enmarcó su acusación en los delitos de homicidio críminis causa agravado por el uso de arma de fuego (dos hechos) en concurso real con robo calificado por el uso de arma y portación ilegal de arma de guerra. La pena en expectativa es de prisión perpetua y el críminis causa lo inhibe de solicitar el beneficio de la libertad condicional.

Cuando Pino entró a la casa de la familia Ponisio, la mañana del viernes 16 de octubre de 2015, ya había matado a otras tres personas con un arma registrada a su nombre.

Con la misma arma

La primera víctima de Pino fue Ni Qi Fu, un comerciante chino de 40 años a quien mató el 16 de febrero de 2015 en su supermercado de Matheu 29, a 600 metros del domicilio del propio Pino en Capital Federal. En la escena se incautaron dos vainas servidas y un plomo.

El 14 de abril del mismo año los vecinos de Tucumán al 1500, frente a la comisaría 3ª de la ciudad de Buenos Aires, alertaron a la policía sobre el olor nauseabundo que salía de un departamento de planta baja. Allí encontraron el cadáver de Claudia Marcela Sosa, de 32 años. La escena del crimen fue similar al de Agustina Ponisio: la mujer estaba sentada con la cabeza apoyada sobre la mesa de la cocina y un mate a medio cebar. Tenía un disparo en la nuca con salida por el ojo izquierdo. Los peritos recogieron del sitio una vaina calibre 9 milímetros.

El tercer caso era el del playero salteño Ríos, ejecutado de un balazo con orificio de entrada en la zona izquierda del parietal sin orificio de salida el 16 de octubre de 2015. El delincuente se llevó unos 70 mil pesos en efectivo que era el dinero de la recaudación del comercio.

En la escena del crimen de los hermanos Ponisio quedaron vainas servidas del arma utilizada por Javier Pino y que el hombre tenía registrada a su nombre. El fiscal Malaponte envió al Sistema Nacional Automatizado de Identificación Balística (SAIB) esas vainas, las que fueron cotejadas con las levantadas en los escenarios de los asesinatos de Ni Qi Fu, Claudia Sosa y el playero Ríos. Todos los crímenes habían sidos cometidos con el mismo arma. Un elemento que puso a Pino entre la espada y la pared.

Un nómada "amistoso"

De espíritu nómada, Pino tenía registrados ocho domicilios en Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba, Santiago del Estero y Salta. Pero la mayor parte de la vida la pasaba viajando en su Fiat Siena gris topo. Cuando en 2014 llegó junto a su padre a instalarse en la localidad salteña de El Galpón, lo hicieron siguiendo "la ruta del oro" y pusieron una sandwichería. En cada lugar al que llegaban hacían amigos rápidamente.

Finalmente el lunes a la tarde, en la "Ciudad Judicial" de Metán, Javier Pino se sentó en el banquillo de los acusados, aunque no permaneció mucho en la sala de audiencia ya que un testigo comenzó a insultarlo. "Sos un asesino, un hijo de puta que no tiene perdón de Dios. Mataste a un amigo. Este tipo se tiene que pudrir en la cárcel porque si sale de nuevo va a volver a asesinar a alguien. Pido justicia", dijo Hugo Aldo Filipuzzi, dueño de una gomería cercana a la estación de servicios donde mataron a Ríos, según consignó el diario El Tribuno de Salta. Como el hombre no se calmaba, los jueces Sebastián Fucho, Ramón Haddad y Carolina Poma Salvadores ordenaron que el acusado fuera retirado de la sala.

Sentencia

El juicio duró tres días. El miércoles uno de los miembros del tribunal leyó la condena en poco más de un minuto y medio. Por unanimidad Pino fue condenado "a prisión perpetua por ser autor voluntario de homicidio críminis causa en perjuicio de Ariel Fernando Ríos". En el fallo los magistrados rechazaron un pedido de inconstitucionalidad de la prisión perpetua presentado por la defensa y resolvieron "preservar los elementos secuestrados hasta que sean solicitados por otro tribunal". Los fundamentos de la condena serán expuesto el 17 de mayo.

La tragedia que enlutó a una familia rosarina

"En Rosario entré a la casa, le robé 25 mil pesos al pibe y lo maté. Después me encargué de la piba". Sin vacilaciones, Javier Hernán Pino les contó a los policías de Santiago del Estero que lo detuvieron el 21 de octubre de 2015, cómo asesinó a Javier y a Agustina Ponisio, de 25 y 28 años respectivamente, en su casa de Castro Barros al 5500, en la zona sur de Rosario.

El doble crimen había ocurrido cinco días antes. El homicida sabía que a primera hora de la mañana Mónica Pesce, una reconocida fonoaudióloga ligada al Grupo Médico Oroño y madre de Javier y Agustina, estaba en el gimnasio; y que el padre de los jóvenes, Guillermo, había viajado a Ushuaia por cuestiones laborales.

Entonces tocó timbre y fue recibido en la casa, cuyas aberturas no estaban forzadas, a las 8.30. Tras ello mató a Javier, quien manejaba un negocio familiar de venta de quesos gourmet, al que le descerrajó tres tiros en el descanso de una escalera que el dueño de casa estaba bajando. Luego le disparó dos veces en la cabeza a Agustina, quien tomaba unos mates antes de partir hacia su trabajo como administrativa en el Sanatorio de Niños. A las 8.40 el asesino subió a su Fiat Siena estacionado en la puerta y se fue a toda velociadad llevándose dinero, una tablet, una notebook, otros electrónicos y algunas joyas.

Su escape fue captado por cámaras de seguridad que permitieron identificar el auto y su pronta detención. Cuando los padres de las víctimas vieron esos videos se sorprendieron: "No puede ser, ese es el auto de Javier", dijeron en relación al muchacho que había entablado poco tiempo antes una amistad con su hija, que había compartido algunos momentos con la familia y que les había contado que vivía en la localidad salteña de El Galpón, donde ya había asesinado al playero Ríos, mientras que su padre padecía cáncer y por eso debía viajar frenéticamente entre Buenos Aires, El Galpón y Rosario.

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