Policiales
Viernes 07 de Abril de 2017

Condenan a cuatro policías y absuelven a otra por el crimen de Jonatan Herrera

Los penados eran novatos de la PAT, mientras que la absuelta era una oficial del Comando y estaba acusada de tirar un balazo a la cabeza de la víctima

Con las condenas de un policía a 6 años y medio de prisión por homicidio culposo, es decir cometido sin intención; y las penas de 3 años y 8 meses de cárcel a otros tres agentes por abuso de arma, terminó ayer el juicio oral y público por el crimen de Jonatan Herrera, el joven de 23 años que en enero de 2015 fue asesinado en Ayacucho y Seguí por uniformados que perseguían a un ladrón. La víctima lavaba el auto en la puerta de su casa cuando fue alcanzado por tres balas, una de ellas en la cabeza y cuyo responsable sigue impune ya que la agente del Comando Radioeléctrico acusada de dispararla (a partir del hallazgo de una vaina que correspondía a su arma) fue absuelta por falta de pruebas.

Las razones por las cuales el tribunal integrado por Juan Carlos Curto, Rodolfo Zvala y Juan José Alarcón llegaron a esa resolución tras un extenso debate se conocerán el 25 de abril. En ese lapso se redoblarán las críticas a una investigación signada por la contaminación de la escena del crimen y la aparición de una bala mortal supuestamente disparada por una empleada del Comando.

Por lo pronto, la familia de la víctima vivió la sentencia como la segunda muerte de Jonatan. "Esto no termina acá", gritó una hermana de la víctima mientras abandonaba la sala; consigna que repitió poco después ante unos 300 allegados y militantes de organizaciones políticas y sociales reunidos en Tribunales para acompañar a la familia.

El fallo será apelado por las querellas mientras algunos de los defensores esperarán a leer los fundamentos para decidir si elevan quejas.

Muerte absurda

Minutos después de las 15 del 4 de enero de 2015 un patrullero del Comando cruzó a Brian Vespucio en San Martín y bulevar Seguí. Luego de asaltar una juguetería de la zona, el joven huía en una moto de la que cayó al llegar a Alem y Seguí. Continuó el escape a pie hacia Ayacucho y en el camino se sumó otra chata del Comando con tres ocupantes.

Los efectivos se tirotearon con Vespucio y lo alcanzaron en Ayacucho y pasaje Villar. Allí vivía Jonatan, que lavaba su Volkswagen Gol frente a la puerte de su casa. La persecución fue advertida por agentes de la Policía de Acción Táctica (PAT) que iban en un colectivo de la línea 133 y bajaron para sumarse al procedimiento.

En 52 segundos Vespucio terminó baleado y detenido en la puerta de la casa de Herrera. A unos metros cayó Jonatan, que había buscado refugio tras un árbol y lo alcanzaron tres balazos: en un pie, en la arteria hipogástrica y en la cabeza.

Por el hecho en principio fueron detenidos cuatro agentes de la PAT que hacía apenas unos meses habían egresado del Instituto de Seguridad Pública: Ramiro Rafael Rosales, de 26 años; Francisco Javier Rodríguez, de 21; Luis Sosa, de 23; y Jonatan Gálvez, de 22. Recién un año y medio después fue detenida la agente del Comando Gladys Beatriz Galindo, de 37 años, a quien se le atribuyó el balazo letal en la cabeza.

Al banquillo

El reclamo de los familiares de Jonatan se dividió en dos querellas que nunca se pusieron de acuerdo pese a que la Justicia insistió en que se unificaran. La familia Herrera fue representada por los abogados Salvador Vera, Analía Abreu y Cintia Garcilazo. El patrocinio de la esposa y el hijo del joven estuvo a cargo de Gustavo Feldman y José Nanni.

Entre las características salientes del caso estuvo la tenaz participación de la familia Herrera, apoyada por la Multisectorial contra la Violencia Institucional, organizada en torno a hechos de gatillo fácil ocurridos en los últimos tiempos. Además de mantener visible el crimen de Jonatan con convocatorias y acciones frente a Tribunales, marcaronal evitarcuando lograron evitar que parte del proceso se resolviera mediante juicios abreviados.

Finalmente, los cinco acusados llegaron a juicio oral. Rosales y Galindo fueron imputados de homicidio calificado por abuso de función policial. Los fiscales Adrián Spelta y Miguel Moreno pidieron para ellos prisión perpetua y sus abogados la absolución. En el caso de Galindo, la defensa cuestionó la pericia balística que 18 meses después del hecho la colocó en el banquillo. El abogado de la PAT, en cambio, cuestionó que la herida en la arteria hipogástrica haya sido letal y afirmó, basado en una pericia, que Rosales no quiso matar a Jonatan.

A Sosa y Rodríguez la fiscalía les imputó tentativa de homicidio calificado por abuso de función policial y pidió 12 años de cárcel, mientras que a Gálvez se lo acusó de abuso de armas agravado por su función con una pena de 3 años. La abogada de los tres, Sara Marcos, pidió la absolución alegando que nunca tuvieron a Herrera en su ángulo visual sino que iban tras el ladrón.

Afuera y adentro

En ese contexto, el juicio oral por el caso Herrera comenzó el 6 de marzo con una marcada presencia militante en Tribunales. Así, el primer día un grupo de actores recreó una escena de fusilamiento que, según siempre sostuvo la familia, fue lo que desembocó en la muerte del joven.

Esa escena con actores personificando a los agentes de la PAT volvió a presentarse ayer ante las 200 personas que a pesar de la falta de transporte por el paro general ocuparon calle Moreno al 1600 un par de horas antes de que se leyera el fallo. "Hoy se termina el juicio por la muerte de mi hermano", dijo Julieta Herrera micrófono en mano. "Hubo más de 30 policías y 40 disparos pero sólo algunos serán sentenciados. ¡Exigimos justicia!", fue la consigna entre lágrimas y aplausos.

Minutos después la reducida capacidad de la sala de audiencias del primer piso se colmó de familiares de Herrera y de los imputados, así como fotógrafos, periodistas y funcionarios judiciales. Ante un tenso silencio apenas cortado por murmullos, el presidente del Tribunal anunció que sólo se leería el fallo en su breve parte resolutiva.

Curto comenzó a leer. Primero fue la suerte de Galindo, absuelta "por unanimidad por falta de pruebas que acrediten su participación en el homicidio". Absortos, los familiares de Herrera bancaron en silencio esa noticia inesperada. Siguió la condena unánime a Rodríguez, 3 años y 8 meses por abuso de armas agravado por función policial. El siguiente fue Rosales, también condenado por unanimidad a 6 años y medio de prisión e inhabilitación de 8 años y medio para ejercer funciones u oficios que impliquen el uso de armas de fuego, por homicidio culposo agravado por el uso de arma de fuego. La sentencia terminó de arrancar lágrimas de angustia y bronca entre los familiares de Jonatan, mientras Curto completaba la lectura: por "mayoría", se condenó a Gálvez y Sosa a 3 años y 8 meses por abuso de arma de fuego agravado por su función.

Bronca y dolor

Terminada la lectura, gran parte de la sala estalló de bronca. Esa que aparece entre las víctimas cuando la ley, los hechos, las pruebas y todo lo que se pone en marcha para esclarecer un hecho injusto parece alejarlas de la justicia. Los familiares dejaron la sala adelantando, entre llantos desagarradores y sonoras puteadas, que seguirán la pelea hasta ver plasmadas condenas justas.

En el pasillo contiguo a la sala, Julieta se desmayó mientras otra joven se desvanecía entre gritos desgarradores y convulsiones. Asistidas por familiares, que en vano reclamaron la presencia de algún médico, ambas lograron recuperarse y volver a la calle donde los manifestantes, entre ellos varios concejales jóvenes de distintos bloques, ya eran unos 300.

Julieta tomó el micrófono y relató el veredicto a los presentes. "Me duele el alma, pero esto no termina acá", dijo triste y con firmeza. "No nos vamos a acostumbrar a ésto, queremos justicia por Jonatan, por Brandon, Franco, Alejandro", gritó haciendo causa común con otras víctimas del gatillo fácil.

"No estamos solos, hay muchísima gente que nos quiere. La vamos a seguir peleando", dijo a su turno María Elena, la madre de Jonatan, y fustigó al "juez que se la pasó durmiendo en las audiencias". Ante ese público de amigos y militantes, los abogados de la familia pidieron a los presentes que puedan "transformar el dolor en lucha". A las palabras de los protagonistas siguieron cánticos. "Se sabía que jueces y fiscales están con la policía", fue uno de ellos.

En veinte días el fallo tendrá explicaciones, pero el caso Jonatan Herrera no está cerrado. En principio porque, más allá de posturas, deseos, dolores e interpretaciones, el joven fue asesinado de un tiro en la cabeza que hasta el momento no se sabe quién disparó.

el peor. Cuando todos pensaban que la oficial Galindo llevaría la peor parte, la taba recayó en Ramiro Rosales (foto).

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