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Martes, 12 de junio de 201201:00 | Policiales

Tablada: doce años para un joven que mató a otro de 14

La mañana del 11 de mayo de 2010, en un pasaje al sur de La Tablada, Luisa Beatriz Gómez encontró a su hijo tirado a la entrada al pasillo donde está su casa y sin señal de movimiento.

La mañana del 11 de mayo de 2010, en un pasaje al sur de La Tablada, Luisa Beatriz Gómez encontró a su hijo tirado a la entrada al pasillo donde está su casa y sin señal de movimiento. Se acercó y advirtió en su cuerpo varios impactos de bala. Al levantar la cabeza desesperada avistó a un chico de nombre Mauricio arriba del techo de su vivienda. Recordó que su hijo, Aldo Pedro Villarreal, de 14 años, le había dicho unos días antes que Mauricio lo había amenazado. Uno de los disparos entró por el cuello de Aldo y le provocó la lesión encefálica que lo llevó a la muerte.

En un barrio donde abundan las historias terribles es difícil encontrar una donde exclusión, violencia y drama se fundan en modo tan extremo. Aldo fue el tercero de los hermanos Villarreal en perder la vida en un lapso de cinco meses. Los tres quedaron marcados por la prematura muerte de su padre por un cáncer a los 48 años. Los tres murieron ejecutados a balazos antes de salir de la adolescencia. Son los que chicos están en la foto que ilustra esta página.

Por el asesinato de Aldo, el menor de los Villarreal, ayer fue condenado a doce años de prisión Mauricio Fabián Oliva. Es el chico al que la madre de la víctima vio parado en el techo de su casa del pasaje Medici 4650. La sentencia, lo que corresponde ante este delito, no hará más que poner una cuenta más en un pesado círculo de tristezas, donde muchos chicos muy pobres en un barrio con sus lazos hechos añicos no consiguen ayuda para romper la lógica de violencia. Mauricio tenía 19 años cuando le disparó a Aldo. Vivían a veinte metros uno de otro.

Al desnudo. Todo está a la vista en esa castigada franja de la zona sur rosarina. Los vecinos lo habían visto a Mauricio tirarle desde el techo a Aldo. La madre de Mauricio acudió al día siguiente a la noche a la comisaría 11ª y dijo que deseaba presentar a su hijo allí porque temía que lo mataran. Se entregó un rato después y está detenido desde entonces.

Imposible no ver en este episodio la desintegración de un barrio que es el más conflictivo de Rosario en cuanto a cantidad de homicidios. También el estado de abandono de sus habitantes que en este caso tiene, también, su ejemplo desolador. La madre de Aldo había ido a los Tribunales horas antes de que lo mataran a decir que estaba aterrada por las amenazas que recibía su hijo. Mencionó allí con nombre y apellido a la persona que terminaría matándolo. El motivo de las amenazas, decía, era que Mauricio acusaba a Aldo de haberle robado un arma de fuego. "En Tribunales me dijeron que me quedara tranquila, que ellos se encargarían", dijo Luisa Gómez, que días después debió enterrarlo.

Mauricio Oliva no negó ser el autor del asesinato. Pero dijo que el problema con él había empezado porque Aldo, que estaba demolido tras el asesinato de su hermano Milton, le pedía que saliera de testigo contra el presunto autor. "Yo estuve en el lugar pero no vi nada", decía Mauricio. Un día que salía para el colegio lo cruzó y se cansó de la insistencia. Fue hasta la casa de la abuela y le sacó un revólver. "Cerré los ojos y le disparé tres o cuatro tiros a Aldo, que se cayó al suelo", dijo en el juzgado.

El testigo imposible. El juez de Sentencia Carlos Carbone deja en claro en su resolución que todo está expuesto sin grandes misterios. El informe de autopsia, el acta de detención de Mauricio, su propia declaración en Tribunales, las palabras de su madre cuando fue a entregarlo. Todo dejó claro que Mauricio había matado a su vecino Aldo. Y que lo había hecho porque éste, desesperado como estaba para que se aclarara el asesinato de su hermano ocurrido cinco meses antes, le pedía a él que saliera de testigo. "De algo que no vi", repetía Mauricio.

Carbone establece que no está en duda que Mauricio asesinó a balazos a su vecino Aldo que estaba desarmado. Observa ese detalle como un agravante. Pero el juez remarca para moderar la pena que no tenía antecedentes penales previos, que comprende lo que pasó, que se hizo cargo de las consecuencias y que tiene una familia que puede ayudarlo a rehabilitarse. Destaca además que viene de un entorno de un alto nivel de agresión ligado a las adicciones y a la comercialización de drogas. Le impuso doce años por homicidio agravado.

Quedará como una lacónica anécdota en la historia de este caso que Luisa Gómez fue a Tribunales a pedir ayuda porque querían matar a su hijo Aldo. Dio incluso el nombre de quien iba a hacerlo. No se equivocó en nada. Aldo fue el tercero de sus hijos en morir en 150 días.

certifica.com