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Miércoles 09 de Septiembre de 2009

Políticas espasmódicas

Un día lanzan operativos de control de vehículos estacionados en la vereda, otro día inspeccionan la seguridad de los boliches bailables, en otra oportunidad verifican el uso del cinturón de seguridad, al inicio de cada verano fiscalizan el estado de los micros, cuando se cae un avión se ponen a revisar los aparatos y cuando un conductor borracho produce una tragedia lanzan una campaña de test de alcoholemia. Lamentablemente estamos acostumbrados a que el Estado (tanto nacional, provincial como municipal) en lugar de implementar políticas públicas permanentes, lance medidas espasmódicas de dudosa o nula efectividad...  

Un día lanzan controles de vehículos estacionados en la vereda, otro día inspeccionan la seguridad de los boliches bailables, en otra oportunidad verifican el uso del cinturón de seguridad, al inicio de cada verano fiscalizan el estado de los micros, cuando se cae un avión se ponen a revisar los aparatos y cuando un conductor borracho produce una tragedia lanzan una campaña de test de alcoholemia. Lamentablemente estamos acostumbrados a que el Estado (tanto nacional, provincial como municipal) en lugar de implementar políticas públicas permanentes, lance medidas espasmódicas de dudosa o nula efectividad.

Cuando ocurre una tragedia, pasa algo que pone sobre el tapete un tema o cuando algún funcionario se le ocurre, se lanzan campañas de controles con anuncios rimbombantes que duran tanto como la ilusión de ganarle el sábado pasado a Brasil.

Es facultad indelegable del Estado el control y la sanción. Pero no alcanza con reacciones puntuales y esporádicas. Estos controles tienen que ser constantes, sustentables en el tiempo. ¿De qué sirve que tras un accidente los inspectores salgan a verificar las condiciones de trabajo y de seguridad de las obras en construcción si estos no son permenantes? 

Para que las normas sean cumplidas los controles deben ser sostenidos y seguidos de sanciones rápidas. No puede ser que el Estado funcione por reacción ante hechos de gran magnitud.

Nos acostumbramos a ver medidas espasmódicas o parciales que nunca han resuelto el problema que dicen abordar y de bajo impacto. Cada tanto se sucede una tragedia que moviliza la atención colectiva en un área desatendida. Y así andamos por la vida. Las normas existen, pero tienen bajo cumplimiento. Por ello, hay que implementar políticas planificadas, para abordar los problemas en serio.

De nada sirven las políticas espasmódicas posteriores si no hay un cambio cultural: las normas y su fiscalización deben ser valoradas y sostenidas en el tiempo.

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