CGT
Domingo 07 de Agosto de 2016

Pokemones políticos para distraer

Claves. Las constantes derivaciones judiciales de las acciones del gobierno kirchnerista le permiten a Macri anestesiar los efectos del mal momento de la economía y postergar la reorganización del peronismo.

La política está en ese punto exacto en el que el pasado no termina de morir y lo que llegó no termina de consolidarse. Los constantes episodios tribunalicios que involucran a ex funcionarios e íconos del kirchnerismo siguen siendo el mejor anestésico para la mala praxis económica del gobierno de Mauricio Macri, que pega justo en el órgano más sensible: el bolsillo.

Como los pokemones para los adolescentes, los gambitos de Hebe de Bonafini para evitar ir a declarar y la movilización del kirchnerismo paladar negro se convirtieron estos días en una distracción bienvenida para el gobierno. Como la semana anterior los cortocircuitos y posterior reconciliación entre Mauricio Macri y Marcelo Tinelli. Como antes de eso, los bolsos arrojados al monasterio de General Rodríguez por José López. Y la lista retrospectiva y revisionista podría seguir.

Mientras no haya pan y la economía no repunte, bienvenidos para el gobierno los pokemones políticos que mantienen la atención, la crítica y la indignación depositadas en los aparatos simbólicos del kirchnerismo. Al fin, la Casa Rosada necesita mantener "la grieta" para que nadie ocupe la "ancha avenida del medio" que Sergio Massa quiere volver a transitar.

La grieta funcional. No está de más traer a esta columna lo que el sociólogo Luis Costa dijo hace tres semanas en una entrevista con La Capital: "El gobierno no hace otra cosa que mantener la grieta. No es un gobierno de unidad nacional, porque exagera de manera constante la contraposición con el pasado reciente. No hace otra cosa que abrir más y más la grieta. No dejan acto sin mencionar lo que era malo antes. Cree el gobierno que les habla a todos". Y le sirve para mantener el status quo.

El episodio con Bonafini ilustra las dificultades del peronismo no kirchnerista para reinsertarse en la dinámica confrontativa que, con lógica, debería existir entre oficialismo y oposición.

Alrededor de la mujer se movilizaron los sectores menos peronistas del FpV (Martín Sabbatella, Luis D'Elía y Andrés Larroque, entre otros), constituidos en una minoría intensa, pero de movimientos rápidos que se sube al escenario como la oposición más bullanguera y dura del Ejecutivo nacional.

La conformación de un nuevo liderazgo en el PJ, y por extensión en el peronismo, llevará su tiempo. Hoy, el otrora movimiento nacional organizado se encuentra fuera del poder, en un hábitat que nunca lo favoreció y teniendo que dar explicaciones por las fechorías de funcionarios que estuvieron 12 años en el gobierno.

El catch all-party (atrapa todo) que craneó y llevó a la práctica Néstor Kirchner con el FpV está generando un proceso de diversificación que le impide al PJ constituirse como alternativa de poder y lo pone constantemente a la defensiva por los episodios de corrupción. En esta nueva realidad, el kirchnerismo más ideologizado no siente contradicciones políticas ni dilemas morales.

No es casual que Bonafini, lejos de agachar la cabeza, haya aprovechado el clima de movilización para desafíar a los militantes a "tomar las calles y las plazas" o que Cristina Fernández de Kirchner y La Cámpora consideren que detrás de las acciones judiciales en Comodoro Py estén los poderes concentrados, una letra que forma parte del diccionario del relato que se fue del poder. Así es hoy, y así será ese discurso en lo sucesivo.

Las dificultades económicas que atraviesa el país obligan a Macri a mantener a baño María el recuerdo emotivo de los Báez contando billetes en La Rosadita, de López valijeando en la puerta del convento y de Bonafini insultando a jueces y funcionarios. En ese formato, demoniza al kirchnerismo, lo linkea a la corrupción y el autoritarismo y obliga a desprendimientos varios. El caso más gráfico se dio con la salida del Movimiento Evita.

Poder y plata. Hasta que el peronismo se reconvierta en alternativa, el poder de fuego más inmediato vuelve a estar en manos del sindicalismo, de las CGT, de los caciques gremiales que mueven el amperímetro. Para ellos no hay demonización posible bajo los parámetros que el oficialismo ensaya con los kirchneristas. Están curtidos, tienen el cuero duro. En ese vector, bien podría calificar una cita de la política menos pudorosa: "Esto es por plata".

Atento a esa opción, y previo a la unificación de las centrales obreras, Macri anunció el pago de una deuda histórica de casi 30 mil millones de pesos a las obras sociales sindicales. El desembolso morigera los bríos para ir hacia una huelga general y limita por ahora las protestas a comunicados cegetistas de rechazo a las medidas oficiales.

Ahora bien, el gobierno debería poner algo positivo de su parte para evitar que se amontonen las nubes de tormenta. Las consecuencias del tarifazo han dejado en evidencia las ineptitudes profesionales de los encargados de llevarlo a la práctica, al punto que hoy nadie sabe bien cómo continuará la saga de enredos. Insólito para algunos funcionarios que llegaban precedidos de méritos profesionales en la actividad privada.

Además de resolver la cuestión del aumento de las tarifas, las autoridades económicas tendrán que repensar el esquema inmediato de las cuentas públicas sin los pronósticos paradisíacos de "lluvia de dólares, producto de las inversiones". Esas inversiones no llegaron en el primer semestre, no vendrán en el segundo y tampoco en 2017, salvo que Cambiemos gane las elecciones.

Ahora se viene el tiempo de la política, de la articulación de alianzas, de la consolidación de territorios electorales. Hay tres provincias clave en el imaginario del macrismo: Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Para la primera, cuenta con la gobernadora María Eugenia Vida, quien no podrá ser candidata, pero sí derramar influencia recorriendo la geografía con los postulantes a senador.

Hoy, Vidal es la dirigente con mayor imagen positiva en todo el país. No resultó extraño para los lectores de la política que Elisa Carrió haya reaparecido en público con dos movimientos tácticos: críticas a Macri y elogios a Vidal. Salvo Lilita, Cambiemos no tiene una figura que traccione por sí misma en Buenos Aires.

En Santa Fe, el gobierno apuesta sus fichas a la institucionalización de Cambiemos, que comenzará a funcionar desde el martes próximo, cuando se reúnan en el comité nacional de la UCR macristas y radicales, dicen que con la bendición de Marcos Peña y Rogelio Frigerio. A ese nuevo conglomerado se incorporará el PDP y el sector del Momo Venegas, que quiere ser visto como la "pata peronista" del macrismo.

Para ganar las elecciones legislativas —que le permitan a Macri pensar en 8 años de gestión y no sólo en 4— el gobierno deberá rezar para que se mantenga la diáspora peronista pero, además, evitar cometer errores no forzados con la economía del día a día. La moneda sigue en el aire.

op3201.jpg


Comentarios