Ovación
Martes 12 de Julio de 2016

"Podíamos ganar o perder, pero siempre jugando"

Ya en casa, Los Pumitas rosarinos que consiguieron la histórica medalla de bronce en el reciente Mundial Sub 20 de Manchester analizaron la conquista.

El reloj marcaba las 11 de un lunes lluvioso y gris. Y demasiado gélido. A la sede del pasaje Gould, la casa de Atlético del Rosario, fueron llegando de a poco. Primero los anfitriones Tomás Malanos y Martín Elías. Después Patricio Baronio y Teo Castiglioni. El más rezagado fue Román Pretz. Se saludaron, ríeron, se chicanearon y avisaron que el que falta, Marcos Kremer, no llegaría porque fue convocado a los Jaguares. Entonces Tomy Malanos, el productor principal de esta nota, abrió el museo del club (donde hay, entre otras cosas, camisetas de todos los rosarinos que alguna vez jugaron en un seleccionado mayor) y encendió las luces de la sala de reuniones en la que iba a tener lugar la entrevista, más en tono de charla informal que otra cosa. Antes, se divirtieron un rato revisando los objetos del museo y considerando cuáles de todas esas camisetas que se exponen tienen méritos suficientes para ocupar un lugar en la vitrina.

Y cuando por fin se desandaba la charla con Ovación les dio timidez tomar la posta. Pato Baronio hizo un sorteo y designó a su compañero Tincho Elías. Entonces, dijo Tincho: "Después de una semana en Rosario vamos cayendo, fue una experiencia increíble, un viaje inolvidable que pudimos cerrar de la mejor manera". La experiencia increíble fue haber participado del Mundial Sub 20 de Manchester, Inglaterra, vistiendo la camiseta argentina. La mejor manera con la que lo cerraron fue la medalla de bronce que se trajeron colgada. La primera para un seleccionado juvenil de rugby nacional. La que marcará muy probablemente un quiebre. La histórica.

El clima entre ellos fue fenomenal, se notó la hermandad, el compañerismo, la unión. En pocas palabras, aquello que resaltaron más tarde como vital en el logro conseguido. Pero primero los demás completaron sus sensaciones: "A mí me costó dimensionar lo que conseguimos", cuenta Román Pretz, "pero cuando volví a Paraná (juega en Duendes, aunque deportivamente nació en el club Tilcara) todos estaban encantados y orgullosos por lo que habíamos hecho, permanentemente me hicieron notar que logramos algo distinto, que sembramos otra cosa. Estoy muy feliz de haber formado parte de ese equipo". Y agrega Teo Castiglioni: "Una vez que llegás es cuando caés, fue muy lindo, porque además de todo somos buenos amigos".

Pato Baronio reconoció que iban por eso, que querían hacer historia: "Logramos lo que nos planteamos, porque nunca se había conseguido una medalla. Lo asimilamos de la mejor manera y estamos muy felices".

"Fue increíble y al llegar acá nos hicieron ver que todo el esfuerzo valió la pena. De a poco vamos cayendo, pero lo disfrutamos al máximo", se sumó Tomy Malanos.

Es común, cuando se trata de un logro tan relevante, indagar acerca de las claves, conocer esa receta (secreta) que lo hizo posible. Sin embargo, para los chicos no hay misterios y más allá de lo deportivo focalizaron la cuestión en lo humano: "La explicación es que estábamos todos tirando para el mismo lado. Y cada uno, que estaba de suplente o reserva, quería entrar a comerse la cancha. Cada uno sabía que atrás tenía a alguien que les estaba comiendo los tobillos y tenía que dar el máximo para volver a entrar. El suplente no se bajoneaba, el suplente entraba y ganaba el partido. La clave estuvo en las ganas para enfrentar cualquier situación", describió Baronio.

Los Pumitas rosarinos (valga la aclaración, aunque Pretz y Kremer no hayan nacido en la ciudad) dicen que ellos estaban convencidos de poder lograr algo importante, que se prepararon para salir campeones, pero que sin embargo los de afuera se sorprendieron. Cuenta Pretz que antes de irse les dijo a unos cuantos que iban a hacer algo importante y que lo miraron con cara rara. Pero ellos, conociéndose más que nadie, tenían la confianza por las nubes. Claro que después debían capitalizarlo.

La primera fase la pasaron sin problemas: triunfos y actuaciones sólidas ante Francia (24-15), Sudáfrica (19-13) y Japón (39-20). Pero en semifinales, contra Irlanda, vino un golpazo: caída por 37-7. Era levantarse o quedarse con las manos vacías. "Fuimos a salir campeones. ¿No se podía? Bueno, perdimos, lloramos en el vestuario y alzamos la cabeza, porque quedaba un partido más, otra vez con Sudáfrica por el tercer puesto. Y le hicimos casi 50 puntos (49-19)", rememoró Castiglioni. A lo cual Elías aclaró que el del tercer puesto es el partido "más complicado de jugar, porque venís de una caída", la frustración de no llegar a la final.

Precisamente ese bronce ansiado, que con el paso del tiempo irá cotizando más alto en la bolsa de valores, llegó después de vencer a los Baby Boks, Sudáfrica, una de las potencias del rugby mundial. Y no fue un triunfo, sino dos. En fase de grupos y por el tercer puesto, un mérito más para la actuación argentina en este Mundial: "En el primer partido con Sudáfrica no jugué, pero tenía una felicidad tremenda. Así que cuando terminó el partido le pedí a mi viejo que le sacara una foto a la placa final. Por el tercer puesto sabía que el equipo iba a dar todo pero ellos se iban a venir con todo también y la verdad es que los humillamos. No sé si se va a volver a dar algo así. Verles las caras a los de Sudáfrica, indignados por no poder hacer nada, fue muy fuerte", dimensionó Pretz.

Tras el logro conseguido, el entrenador Nicolás Fernández Lobbe (el otro fue el rosarino Gastón Conde) reconoció que este podio fue un "quiebre" para los seleccionados juveniles y una continuidad a lo hecho por Los Pumas el año pasado, cuando fueron cuartos en el Mundial de Inglaterra con una propuesta de juego superadora a la condición histórica del rugby argentino. Este premio apareció en esa línea. Y los chicos contaron por qué: "Los entrenadores nos dijeron que no importaba el resultado, que teníamos que seguir jugando. Tampoco teníamos que cometer todos los errores pero si se daba la oportunidad no dejar de jugar. En todo momento lo intentábamos, como nos pasó con Irlanda (luego segundo, detrás de Inglaterra) a pesar de ir perdiendo. Nos dieron la confianza de decir que podemos ganar o perder, pero jugando. Teníamos una frase que era: Perdón, no permiso. Y funcionó, podíamos equivocarnos antes que no hacer". Dio resultado. Un resultado histórico con impronta y talento de la ciudad.

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