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Sábado 20 de Noviembre de 2010

piquete gaucho frenó a la flota europea

Pacho O'Donnell afirma que fue "una metáfora a cañonazos entre los poderosos y las mayorías"

"Las armadas de Inglaterra y de Francia venían de conquistar China en la Guerra del Opio, con armamentos de última tecnología bélica. Traían bombas de explosión, mientras que las argentinas eran de plomo y sólo hacían daño cuando pegaban en el blanco. Contra los cañones criollos de 24 pulgadas, ellos estrenaban modernos y de 80 pulgadas, que dirigían mejor y más lejos a las balas. Además, como en toda invasiones imperial, Argentina sufría un bloqueo que impedía comprar armamentos", indica Pacho O’Donnell, autor de "La gran epopeya: El combate de la Vuelta de Obligado".

"Fue un hecho comparable al Cruce de los Andes. El mismo general San Martín dijo que ese combate naval «tenía el mismo valor de las luchas de la Independencia»", resalta el historiador y escritor a La Capital.

Juan Manuel de Rosas ya había advertido que en un recodo del río Paraná sólo 700 metros separaban a las orillas, con una profundidad de 15 metros. Ante lo estratégico del sitio, en agostó de 1845 envió al general Lucio Norberto Mansilla para que levantara cuatro baterías artilladas.

La flota europea entró al Paraná, y a las 8.30 del 20 de noviembre de 1845, llegó a 18 kilómetros al norte de la bonaerense ciudad de San Pedro. El paraje llamado Obligado recordaba a Antonio Obligado, andaluz que en 1785 levantó una estancia en la zona.

Unos 170 artilleros y 60 de reserva aguardaban en las barrancas. Otros 500 de infantería y milicianos se apostaron con varios cañones. Detrás de un monte, se escondían 700 infantes y dos escuadrones de caballería. "La mayoría eran voluntarios y vecinos de San Pedro, Baradero y San Nicolás, los soldados con experiencia estaban aún en el sitio de Montevideo", explica O’Donnell.

Los criollos eran unos 2.000 y el enemigo llegaba con 880 soldados mercenarios y marinos, pero la diferencia estaba en los armamentos y formación militar. Además, con sólo un buque de guerra y 30 cañones, la defensa enfrentó a las 22 naves que disponían de 418 modernos cañones.

Resaltó que "los invasores venían a apropiarse de los ríos y formar la República de la Mesopotamia. Los reales motivos de la «intervención en el Río de la Plata», como la llamaron los europeos, fueron económicos. Deseaban expandir sus mercados con barcos de vapor que permitían internarse en los ríos, sin depender de los vientos, y así alcanzar las provincias litoraleñas, Paraguay y sur del Brasil. Esas intenciones eran denunciadas por los casi cien barcos mercantes que repletos de manufacturas seguían a las naves de guerra ".

Mansilla mandó a colocar, de orilla a orilla tres gruesas cadenas sujetadas a un bergantín armado, para dificultar el paso de los buques.

Ante el primer ataque des las naves —a las 9— la respuesta criolla fue el tronar del Himno Nacional, ejecutado por el 2º Batallón de Patricios. Luego Mansilla gritó el "Viva la patria" y los criollos replicaron el ataque.

Con el fuego desplegado, los argentinos empezaron a caer, pero también quedaron fuera de combate dos bergantines británicos. Luego, cuando tras ocho horas, la defensa quedó sin municiones, desembarcó la infantería británica al sur de las baterías, en la llamada Playa de Pescadores.

Pero, los milicianos montados del coronel Ramón Rodríguez y Facundo Quiroga los hicieron retroceder a sablazos hasta sus naves.

A las 16, los ingleses intentaron un nuevo desembarco. Entonces fue Mansilla quien encabezó la defensa, hasta quedar mal herido por la metralla.

También ganaron la costa los franceses, pero a las 19 los invasores se reembarcaron tras sufrir grandes pérdidas; estaban dañadas diez de sus naves.

Los aliados sufrieron 40 bajas y 600 heridos, los criollos perdieron 200 vidas y fueron 400 los heridos.

"Rosas y los criollos, —advierte el historiador—, sabían que la batalla estaba perdida y que la flota seguiría su avance, pero lo importante era hacerles el mayor daño posible y arruinar la operación comercial".

Triunfo estratégico. "Resistieron con astucia, cadenas y los acosaron persiguiéndolos por toda la costa, hasta que los invasores vieron que no podrían cumplir con sus objetivos", relata O'Donnell.

La expedición llegó cerca de Asunción, pero con escaso éxito comercial. Para la Confederación Argentina la derrota militar significaba un gran triunfo estratégico.

Finalmente, el 4 de junio de 1846, al norte del histórico convento de San Lorenzo, en las altas barrancas de El Quebracho, nuevamente Mansilla los enfrentó y vengó la derrota de la Vuelta de Obligado.

Días después, el 13 de julio de 1846, los aliados firmaron el retiro de la región y reconocieron la soberanía argentina sobre los ríos interiores.

Alfredo Montengro / La Capital

Vuelta de Obligado - Enviado Especial

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