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Miércoles 20 de Julio de 2016

Perú: Le Clézio, el Nobel que vive impulsado por el espíritu de aventura

El escritor francés repasó en la Feria del Libro de Lima las profundas experiencias que atravesó en sus numerosos viajes.

El premio Nobel de Literatura 2008, el francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, estuvo tentado por dos mundos cuando era joven: el intelectual de los escritores que vivían en París, y el de la aventura.

   En su última intervención como invitado de honor en la XXI Feria Internacional del Libro de Lima (FIL-Lima 2016), un encuentro titulado "Viaje y literatura", Le Clézio, de 76 años y ganador del Nobel por su aventura poética, habló sobre sus principales viajes y los hechos que lo transformaron.

   "Para mí el viaje tiene que ver con la búsqueda mental que deben hacer las personas. Hay algunas que hacen un viaje vertical, un viaje en sí mismos, pero yo prefiero el horizontal porque así puedo encontrarme en personas ajenas que me dan vida, en mis hermanos", afirmó el francés.

   Autor de más de 50 obras, Le Clézio contó que siempre se sintió identificado con un singular personaje que conoció al llegar a Michoacán (México): Juan Ventura, un indígena de 16 años que no sabía si quería seguir viviendo con su tribu o ser un hombre de la ciudad.

   "Su primer experimento fue tratar de vender juguetes de plástico en la ciudad y después de unos días regresaba con su familia indígena. Un día desapareció. Se fue a vivir a Estados Unidos. Yo lo vi como ejemplo de un mundo moderno y así me decidí por mi aventura, una que fue modesta, no tan grande como la de Juan Ventura", agregó.

   El Nobel cuenta que su primer contacto con México, donde consiguió un trabajo después de renunciar al servicio militar en Tailandia porque descubrió la prostitución turística infantil, fue "una tempestad extraordinaria, un aguacero, mucho viento y polvo por todos lados".

   "Me quedé en la casa de una anciana española y ahí tuve mi primer contacto con el idioma, el que muy rápidamente me encantó y aprendí en la calle hablando con la gente. Por eso mi español no es muy culto, es un poco callejero y a veces con acento mexicano", señaló el francés entre risas.

   Le Clézio, conocido como el innovador rebelde, cuenta que en el siglo XX de México vio "dos caras": la primera moderna y realista y la otra mágica, casi invisible que aparecía de vez en cuando.

   "Por ejemplo, en la basílica de Santa María de Guadalupe vi a la gente yendo de rodillas hacia la virgen. Sus rodillas sangraban. Eran hombres y mujeres del pueblo común. Esa fe extraordinaria de la población mexicana me conmovió y me transformó muchísimo, pues yo había sido educado en el catolicismo elegante y abstracto", detalló.

   Después de estar en México, el Nobel se decidió por una nueva aventura en la década de 1970: Panamá. Así, con un amigo, emprendió el viaje y llegó al barrio Marañón, en un centro urbano de la ciudad.

   "Allí me encontré con unos muchachos que andaban en la calle vestidos con ropas rotas, no tenían ningún miedo, tenían fuerza, expresión de libertad y seguridad en sus miradas. Uno de ellos hablaba español y me invitó a su pueblo, en la selva Darién. Yo acepté y me quedé viajando tres años por los ríos sin propósito", dijo Le Clézio.

   Antes de llegar a Panamá, el francés, nacido en la ciudad de Niza, ya no tenía interés por escribir, pero fueron los indígenas del Darién, a quien llama sus hermanos, los que le devolvieron el gusto por la literatura.

   "Otra vez estuve en la posición de Juan Ventura. No sabía si regresar a Europa y ser un escritor o quedarme en la selva. Mis hermanos, cuando contaban sus mitos, me devolvieron la confianza en regresar a la palabra como un lugar preferido. Así volví a escribir. Descubrí que la literatura podía ser algo que está dentro de algunos seres para compartir con los otros, una especie de encanto", dijo.

   En el encuentro, Le Clézio se dio un tiempo para hablar sobre la guerra. "Siempre me preocupo cuando hablan de una guerra. A mí no me interesan los acontecimientos de los grandes guerreros ni la guerra como hecho histórico, lo que me importa es cómo viven los niños y las familias cuando están en medio de bombas. Ese fue uno de los motivos por los que empecé a escribir", indicó.

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