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Viernes 24 de Julio de 2009

Personajes tan parecidos

Algunos son personajes de ficción. Otros son parte de la vida misma. Unos viven por las calles y en las cloacas de Bucarest, otros caminan por Rosario. Todos son chicos y pobres, muchos aspiran pegamento para tolerar el frío y el hambre, son abusados, prostituidos, mendigan, abren puertas o limpian vidrios y hacen malabarismo en las esquinas y a cada hora de su día.

Algunos son personajes de ficción. Otros son parte de la vida misma. Unos viven por las calles y en las cloacas de Bucarest, otros caminan por Rosario. Todos son chicos y pobres, muchos aspiran pegamento para tolerar el frío y el hambre, son abusados, prostituidos, mendigan, abren puertas o limpian vidrios y hacen malabarismo en las esquinas y a cada hora de su día.

No pude dejar de pensar en la cínica coincidencia de los chicos rumanos y de esta ciudad tras ver el domingo la película "Pa-ra-da. (The clown)". Quien quiera curiosear sólo un poco entre aquí: http://www.youtube.com/watch?v=2D6x9o8IXNE. Pero si se la quiere ver entera recomiendo no perder de vista el final. Porque el epílogo, a manera de documental, hace aún mejor a esta película: le quita toda posibilidad de ingenuo romanticismo.

La película recrea una historia verídica, la de Miloud Oukili, un payaso callejero oriundo de la Argelia francesa que llega a Bucarest a poco de la caída del régimen de Ceaucescu y se involucra con chicos de la calle. En Rumania a esa joven generación post régimen y empujada a la miseria se los llamó "bosketari"; aquí se los denomina "en situación de calle", aunque el giro de la lengua no les quita dramatismo.

Esta ópera prima de Marco Pontecorvo cuenta con dureza cómo Oukili llegó a formar su primera troupe circense integrada por niños de la calle, experiencia que replicaría luego en Francia e Italia. Es una película reparadora en algún sentido, pero que deja en claro que este hombre sólo pudo rescatar a un puñado de chicos de todos los que siguen aún sobreviviendo en Rumania.

A la película no terminé de verla el domingo. Para mí siguió esta semana, en Rosario, mientras hacíamos una nota con un fotógrafo de La Capital. Fue la tarde helada del miércoles pasado, en el Centro de Distrito Oeste. Talleristas del lugar, que trabajan todo el año con chicos y jóvenes de entre 13 y 19 años de las villas cercanas intentando crearles un espacio alternativo de socialización, los habían convocado a ver y debatir otro filme: "Diarios de motocicleta", sobre un tramo de la vida del Che.

Asistieron pocos. El frío, la epidemia de gripe A y el receso escolar inmovilizan a cualquiera. Pero los chicos que fueron balbucearon algo sobre la película y después contaron cómo estaban viviendo, aunque suene a ironía, sus vacaciones de invierno.

Algunos dijeron que iban a la escuela, pero demostraron que el debate sobre si las tareas les llegan por internet o cómo, les es ajeno. Es más, muchos no fueron ni a buscarlas o nunca pensaron en hacerlas. Otros directamente no están escolarizados, dicen que ocupan el tiempo haciendo alguna changa. Una nena confesó haber cuidado a un sobrino por estos días y uno más comentó que será padre en breve: tiene 19 años y su novia 16. Hubo un último testimonio, escueto y contundente. El de un chico que contestó: "¿Yo? No hago nada".

Tras la charla, todos posaron para la foto frente a un mural callejero hecho por ellos mismos y se fueron caminando y también tiritando. Algunos, llevaban una bolsita pegada a la boca.

El "nada" de ese chico no sonó a chiste ni a desafío. Fue un rotundo "nada" de quien no estudia, ni trabaja, ni sabe qué hará de su abúlico mañana. Es la generación "ni ni", conformada por 900 mil argentinos de entre 15 y 24 años (según un informe de los sociólogos Romero y Guillermo Pérez Sosto); una franja que las estadísticas consideran como de "inactivos absolutos".

Sin dudas algo pasa aquí y allá que los hace tan semejantes.

Descomposición social, degradación de la economía, precarización del mundo del trabajo, indiferencia política y globalización. Algo de esto, o todo junto, hacen tan similares a Bucarest y Rosario. Algo hay para que el abandono de niños y jóvenes, en un lugar y otro, sea tan análogo y sus personajes tan parecidos. 

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