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Domingo 05 de Julio de 2015

Perseguido por su fe, tuvo que huir de Irak

Hasta sus propios hermanos intentaron matarlo por sus convicciones religiosas. La odisea de Joseph Fadelle, un hombre que recorre el mundo pidiendo por la paz en Oriente.

“Mi tío saca un revólver y me apunta al pecho. Contengo la respiración. Detrás de él cuatro hermanos míos me desafían con la mirada”. Así arranca el libro de Joseph Fadelle, autor de El precio a pagar, donde relata la persecución que vivió en Irak por ser cristiano.
  Joseph Fadelle es el nombre cristiano de Mohammed al-Sayyid al-Moussawi, descendiente del profeta Mahoma y sucesor de una de las tribus chiítas más importante de Irak. Por convertirse al cristianismo sufrió torturas, la cárcel y lo perdió todo. Tuvo que huir de su país y refugiarse en Francia, donde vive actualmente con su esposa y sus cuatro hijos. Estuvo en Rosario, donde alzó la voz por miles de personas que huyen de los países islámicos, perseguidos por su fe.
  Mohammed se crió entre las familias más ricas y pudientes de Bagdad. Por su abolengo, era sayyid (descendiente directo del profeta Mahoma) y desde los 10 años fue tratado como un príncipe. La gente debía besarle la mano y llamarlo “mi señor”.
  Tiene 20 hermanos, 10 varones y 10 mujeres, todos del mismo padre y de la misma madre. “Crecí entre el lujo y el poder”, cuenta en una charla con Más antes de la presentación de su libro, de ediciones Logos.
  “De chico estaba obligado a leer el Corán, pero no a entenderlo, ni tampoco a practicarlo”, cuenta en un árabe inteligible. “Crecí creyendo que los cristianos eran lo peor de la sociedad”. Sin embargo, su vida cambió cuando conoció a Massoud, un cristiano con quien tuvo que hacer el servicio militar.
  “Cuando llegué a la base me dijeron que debía compartir la habitación con un cristiano y me negué rotundamente. Para mí aquello era un deshonor. Me calmaron diciéndome que sería por poco tiempo”, relata. Pero entonces se animó pensando que sería la oportunidad de “convertir” a Massoud y sacarle las “malas ideas” del cristianismo. “Solo por eso empezamos a tener cierto diálogo porque para un musulmán es denigrante hablar con un cristiano”, explica.
  En esas conversaciones con su compañero, se asombró de que Massoud lo animara a leer concienzudamente el Corán. “Lo hice y me empezaron a surgir muchas dudas, por eso acudí a los expertos en este libro para preguntarles sobre el significado de lo que leía. Pero cada vez salía con más dudas que certezas”. Comenzó a sentir admiración por la paciencia y la alegría de su compañero de servicio militar, un hombre mayor que no se quejaba por nada, aunque lo maltrataran. Un día en que su compañero no estaba, abrió la Biblia católica.
   “Empecé a leerla y vi que hablaba de un tal Jesús al que no conocía, y esa noche tuve un sueño”, rememora el árabe que pronuncia despacio, como reviviendo, las siguientes palabras: “Estaba frente a un arroyo y un hombre joven me tendía la mano para que pudiera pasar. Me atraía enormemente estar con él y escuché que me decía: «Si querés venir conmigo tenés que comer el pan de vida». Yo no entendí nada de ese sueño. Pero, cuando volví a la Biblia, el libro se abrió en una página donde Jesús dice «yo soy el Pan de Vida». Ese fue un momento decisivo. Me di cuenta de que ahí estaba la respuesta a aquel sueño”, confirma sereno, con la mirada brillante.
  Lo que nunca se imaginó Mohammed fue que aquello cambiaría su historia para siempre. Y lo llevaría a perder todo, hasta a su propia familia.
  Fascinado por su descubrimiento, lo habló con Massoud y le pidió que le hablara de la fe cristiana. Pero para su desconcierto el hombre lo desalentó y le dijo que aquello significaría la muerte para ambos. Al poco tiempo Massoud desapareció y nunca más volvió a ese campo militar. Luego Joseph supo que lo habían asesinado.

Volver a casa

  Al terminar el servicio militar Joseph volvió a su casa, donde ya tenía arreglado el casamiento que se llevó a cabo muy pronto y según las costumbres del lugar, donde no se conocen entre los novios hasta el día de la boda. Este hombre ansioso por saber más sobre la fe comenzó a recorrer barrios cristianos sin decir nada a su familia porque sabía el riesgo que corría.
  Sin embargo, el golpe más duro fue que las comunidades cristianas de Bagdad lo rechazaban sistemáticamente. Es que en un país musulmán no sólo matan al converso sino también a toda la comunidad que lo convierte, por lo que nadie quería que Joseph se acercara. Sin embargo, él imploraba el bautismo. Aquella voz que escuchó en sueños no lo abandonaba.
  Luego de un largo tiempo un sacerdote le comentó cuestiones de la fe y le permitió asistir a misa, en forma clandestina. Así Joseph, que para entonces ya se había casado y tenía un hijo, comenzó a ir todos los domingos a una iglesia dando previamente varios rodeos para asegurarse de que nadie lo seguía.
  Pero sus hermanos lo descubrieron. El detonante fue que encontraron una Biblia católica en su casa, le dieron vuelta todo y se lo llevaron. Su padre lo cuestionó duramente y Joseph fue enviado a la cárcel de seguridad extrema que hay en Bagdad, donde Saddam Hussein encerró a todos sus opositores. Esa cárcel es conocida como lugar de torturas y ejecuciones sumarias

   Padeció un año y cuatro meses de encierro, vejaciones y torturas, tratado como el peor de los criminales. El hombre resistió y creyó morir muchas veces en esos días interminables. Un día lo sacaron, hecho piel y huesos y lo dejaron, tirado en una banquina.
  Maltratado por su propia familia, despreciado, torturado, reconoció que si seguía en su intento de bautizarse sólo tenía dos opciones: la muerte, o escapar de su país. Por más que lo intentó, la libertad religiosa no existe cuando el fundamentalismo islámico domina el país.
  Se decidió por la segunda opción y su esposa lo apoyó. Tras largos meses de pergeñar planes secretos logró escapar en un auto desvencijado a Jordania, pero no pasaron muchos días cuando descubrió que lo perseguían y en la calle reconoció a su tío y a sus hermanos que en cambio de un abrazo lo apuntaron con un revólver: “Tu enfermedad es Cristo y no tiene cura” le dijo su tío e inmediatamente disparó a quemarropa. Joseph corrió todo lo que pudo, fue alcanzado por algunas balas y terminó en un hospital gravemente herido. Sin embargo, el dolor físico no fue tan grande como el de comprobar que sus propios hermanos y su querido tío lo habían intentado matar.
  Ese fue el punto de inflexión para decidir dejar Oriente, su cultura, su idioma, sus costumbres. Así fue como sorteó arriesgadas fronteras con su esposa y sus hijos hasta que llegó a Francia, donde reside actualmente. Sin un centavo, trabajó de maletero, lavaplatos y de lo que hiciera falta para poder sostener a su familia.
  Esta historia triste de odio, separación y abatimiento está iluminada por la esperanza y la fe inquebrantable de este hombre que luchó contra todo un sistema para luego de 13 años recibir el bautismo en la Iglesia católica que tanto anhelaba. “No me arrepiento de todo lo que hice porque al fin pude bautizarme y encontrar a Jesús, que vale más que nada en este mundo”. Mohammed fue bautizado y adoptó el nombre de Joseph. Es un creyente sin doblez que implora por la paz en su país. Un luchador por la fraternidad de los musulmanes y a la vez un hombre sencillo, amable y tierno que a pesar de todo lo que vivió habla de amor y de perdón.
  Actualmente logró establecer cierta comunicación con algunos de sus hermanos. Su padre murió y con eso disminuyó la obsesión por matarlo. Joseph dice que añora verlos, que los lleva en el corazón y les desea que también ellos puedan descubrir a Cristo.
  Mientras tanto, la condena de muerte (fatwa) sigue vigente, porque en el Corán dice que si uno se convierte, debe morir.
  Joseph relató sus vivencias en su libro y con ello volvieron las amenazas y tuvo que mudarse varias veces en Francia. En este momento prefiere no dar su domicilio a nadie. “Es muy dura la situación de los cristianos en Irak y ahora todo se agravó mucho más. Hay muchos exiliados. El Corán obliga a matar a los que están fuera de la religión islámica. Y quienes matan o se suicidan creen servir a Alá y de esa manera consiguen el Paraíso”, explica, y acota que “no sólo se persigue a los cristianos, sino que también a otras minorías, especialmente a todo aquel que no sea islámico, concretamente a los judíos y católicos”.
    Al preguntar por qué esa persecución, el árabe responde que “los musulmanes son personas como cualquiera de nosotros, pero si siguen el islam al pie de la letra, se ven obligados a matar, creen que es palabra de Dios y que tienen la obligación de eliminar a los infieles, por eso lo hacen. Pero también soy testigo de que muchos musulmanes sufren por esto y no están de acuerdo con esta persecución”.
  
El terrorismo

    En el libro Joseph relata su propia historia, que a su vez es la de miles y miles de cristianos que viven el drama de tener que abandonar su hogar por el avance del extremismo islámico. En este sentido, este hombre reconoce que “los terroristas son pobres personas que piensan que satisfacen a Dios con estas acciones, pero nada más lejos de eso porque Dios es amor, nunca podría obligar matar a nadie. Igual no todos los musulmanes están de acuerdo para nada con el terrorismo”, manifiesta Joseph, que conoce de muy cerca estos movimientos fundamentalistas que asuelan el país donde nació.

  —¿Cómo ve a la Iglesia Católica en Francia?
—Es una iglesia muy avanzada y culta, pero veo que se tiene que despertar.
  —¿Qué relación tiene con los musulmanes en Francia?
—Estuve con muchos de ellos. El cristianismo lleva a abrirnos y a amar a todos, a no encerrarnos en ideas y a conversar con ellos. Esto es lo que hago, hablamos mucho, también sobre el Corán, pero siempre que ellos me admitan.
  —¿Hay muchos cristianos exiliados como usted?
—Sí, hay muchos y más ahora con la guerra de Siria.
  —¿Fue discriminado en Francia por ser árabe?
  —No. No hay racismo en Francia. La guerra de los musulmanes es conquistar nuevamente Europa y esto está trayendo problemas a nivel de los gobiernos, pero los franceses se casan con musulmanes y tienen hijos. Creo que va a haber muchos más musulmanes en Francia y tal vez a los franceses más tradicionales eso no les guste.
 Voluntariado

    Bajo el lema “¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar para ayudar a los cristianos perseguidos?”, la organización española MasLibres.org lanzó una campaña titulada #CampamentoIrak. Se trata de una iniciativa que busca voluntarios que quieran llevar asistencia a 500 familias de cristianos refugiados en el Kurdistán iraquí.
  Esta región de Irak es fuertemente custodiada y está fuera del alcance del Estado Islámico. Por eso las familias que huyen de la persecución de los extremistas han encontrado refugio en las iglesias cristianas.
   El viaje se realizará del 26 de agosto al 6 de septiembre. Según explican desde la organización, los voluntarios deben asumir el gasto del pasaje de avión y el resto será cubierto por MasLibres.org. Según indica la plataforma española son “dos semanas de tu tiempo dedicadas a ayudar a los cristianos perseguidos en Oriente Próximo. Viajar a Irak para ayudar a 500 familias cristianas refugiadas en una zona segura del Kurdistán iraquí”. Una vez allí, los voluntarios reconstruirán iglesias y viviendas, y brindarán servicios básicos a las familias. Para participar, ingresar a: http://maslibres.org/campamentoirak.

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