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Domingo 08 de Enero de 2017

Periodismo a ras del piso

Nacido y criado en la radio, Martín Pérez presentó en Rosario su libro de poemas, textos escritos para un programa de culto de la Rock & Pop de fines de los años ‘80. Hoy es editor del suplemento Radar de Página/12 y en esta entrevista reflexiona sobre el periodismo cultural

"Lo impreciso de la verdad está constituido por una ambigüedad gigantesca que no se detiene. Inmediatamente al tener una certeza no se requiere sino de una nueva ambigüedad". La frase corresponde a Luis Alberto Spinetta y la conversación se dio, micrófono mediante, en una radio, a la medianoche. No era cualquier radio ni cualquier medianoche, corría 1988, acechaba el final del alfonsinismo y los jóvenes de aquella época estaban en búsquedas que los alejaran del reciente pasado de dictadura. Y una de esas verdades, diría quizá Spinetta, era la música. La otra, la compañía de la radio. Una radio producida por y para jóvenes que necesitaban comunicarse. Esta es la historia de un programa de radio llamado "Piso 93", en una naciente frecuencia modulada que marcaría los años '90, la Rock & Pop. También es la historia de un joven oyente de radio, devorador de diarios y revistas, que luego se convertiría en fundador de FM La Tribu y editor de "Radar", el suplemento de cultura del diario Página/12. Con ustedes: Martín Pérez y sus poemas, recientemente publicados en La vida es otra cosa (8vo Loco Ediciones, 2016).

Con ese nombre, que remite a una especie de limbo radial, "Piso 93" fue un programa de la Rock&Pop conducido por Rafael Hernández y en el que participaban reconocidos periodistas de rock como Claudio Kleiman, Sergio Marchi, Bobby Flores y Alfredo Rosso. Ellos pasaban los discos y entrevistaban de madrugada a Luis Alberto Spinetta, Charly García, León Gieco, Skay y el Indio Solari (que luego de la muerte de Walter Bulacio en manos de la policía en 1991 sólo daban notas para ese programa).

Entre toda esa fauna periodística, rockera y radial, estaba Martín Pérez, primero un oyente fiel y luego colaborador en "Piso 93" con sus textos y poemas. "En realidad son textos para mi primer trabajo en los medios, en un programa de trasnoche de la Rock&Pop que de alguna manera hizo historia; tuve esos textos guardados por mucho tiempo, porque no me dediqué a la poesía y tampoco ya soy joven", cuenta Pérez, mates de por medio, en una tarde de calor rosarina los primeros días de diciembre, invitado por la productora cultural Cardumen.

Locos de la azotea

Más allá de la poesía, lo interesante del libro de Martín Pérez son los textos que acompañan y recuerdan esa parte de la historia de la radio, de las primera FM's y de la cultura rock de los 80. De toda esta microhistoria de la radiofonía argentina junto a Pérez escriben Rafael Hernández y Juan Manuel Strassburger. "Estaba bueno devolver esos textos a los oyentes, compartirlos y armar un libro que recordase aquel viejo programa de culto que tuvo su importancia en los años 80. Mis recuerdos en el libro operan de dos maneras: como contexto para quien se acerca a esos textos por primera vez y para quien pudo escuchar, saber qué pasaba en el backstage, como un disfrute para esos viejos oyentes", explica Pérez, conocido en el programa como el Gavilán Pollero.

Para los que hacen radio es usual tener algún oyente fijo, que comenta todo, que participa día a día y va adquiriendo la forma de personaje. "Yo era oyente de Radio Bangkok y me autodenominé el Gavilán para dejar mensajes, hasta que un día me presenté y Lalo Mir y Bobby Flores me dijeron ¿Vos sabes escribir textos? Y dije ¡Claro, sí!". Así fue que Pérez pasó de oyente a formar parte de la trasnoche de la nuevísima FM Rock&Pop, escribiendo textos que se leían para llenar el silencio que quedaba mientras se daban vuelta los discos del programa Piso 93. Y no era él solo quien se ponía un seudónimo para hablar a la radio. Juan Castro, por ejemplo, se hacía llamar "El Lagarto Juancho", otró que migró de oyente a trabajar con Mario Pergolini; era el camino habitual para los jóvenes que querían acercarse a este tipo de radios.

"Todo esto sucede después de una década escuchando radio, tratando de meter la cabeza en esa historia de mediados de los 80, una época en la cual el rock o la cultura rock eran una heráldica. Los discos no los podías comprar. Por ejemplo, el segundo disco de Pescado Rabioso no estaba por ningún lado, se pasaba de mano en mano o sólo lo podías heredar. Yo miraba desde afuera, leía las páginas de Gloria Guerrero, la CantaRock, las notas de Pipo Lernoud, no sabía quiénes eran León Gieco ni Miguel Abuelo y a los que no teníamos ni amigos ni familiares dentro del rock, nos quedaba sólo escuchar la radio o leer", dice Pérez.

Es que en épocas en que no había Google, un recurso válido era esperar afuera de la radio hasta que saliera o entrara algún músico o periodista, dejar cartas en persona, cruzarse media ciudad en colectivo sólo para saber un poco más sobre la música que se escuchaba. "Por entonces la Rock&Pop fue un cambio total porque hablaban el mismo lenguaje, con la misma desfachatez y el mismo bardo con que los jóvenes hablábamos en la calle", explica Pérez.

"Con Piso 93 éramos el lado B, el rock para nosotros no era sexo, drogas y rocanrol, para nosotros el rock era una puerta para leer, era una puerta a músicos para descubrir, películas para ver, filosofías para comprender… eso que se llama cultura rock".

Esa era la idea y por lo que apostaban los jóvenes de Piso 93, saber y conocer sobre rock más allá del rock, entender su cultura y filosofía. Mariana Enríquez, Fabián Casas, Richard Coleman, Pedro Saborido (quien también participaba de Piso 93), eran algunos de los jóvenes oyentes. Pérez leía, buscaba cosas relacionadas al rock y a la cultura rock, escuchaba mucha música. Aprendió que si uno tenía entusiasmo y alguna buena idea, en la radio lo dejaban participar.

“Yo quería vivir de escribir, y sabía que para vivir de escribir una opción era el periodismo. Me pasé toda la vida juntando papeles y revistas. Años después, cuando entré en la facultad, gracias a Aníbal Ford, le pude poner nombre a lo que yo hacía desde los diez años, que es trabajar sobre la cultura popular y masiva”.

Pérez leía lo que encontraba en las ferias de revistas y libros usados: diario El Mundo, revistas de Ediciones de La Urraca, El Porteño, Página/12, Crisis, Expreso Imaginario, Primera Plana, Confirmado. Así armó su hemeroteca personal y se fue perfilando hacia ese estilo de periodismo cultural y crítico.

Periodismo cultural

“Este libro es el comienzo de todo un recorrido de supervivencia, esa primera mirada sobre los medios, sobre la escritura y la cultura”, afirma Pérez.

Es que en los años 80 se vivió una reinvención de la juventud. O mejor, esa juventud fue el motor hacia nuevos consumos culturales en la música, el arte, el cine, la literatura y el periodismo. En esos ámbitos gracias a esta tracción palpitaron preguntas acerca de lo democrático, las contra-culturas y lo que ocurría en los márgenes de la sociedad.

“La gráfica siempre me permitió estar al margen del centro del poder, y estando al margen es más fácil hacer lo que querés, te prestan menos atención, aunque también pagan menos”, reflexiona Pérez.

Siendo freelance, el periodista pudo escribir sobre temas que él mismo investigaba a su gusto. “Estaba esa paradoja. A mediados de los 90, tenía amigos en Clarín que me elogiaban mis textos, me envidiaban la libertad y yo a ellos el sueldo. Pero yo resignaba eso por el afán de seguir laburando en lo que me gustaba, yo conservé mi mentira y mis colegas vieron antes la verdad del periodismo con Clarín”, cuenta en confianza.

El tipo de crónica que a Pérez parece interesarle apunta a los límites de la cultura y buscar enfoques nuevos “No me interesa el periodismo que señala desde lo alto, prefiero hablar de las cosas que a todo el mundo les pasan por al lado y no las ven y entre todos pegarle una nueva mirada, me gusta estar al ras del piso, es como una militancia”, define.

Pero hoy no sólo el debate es sobre dónde acercar la mirada. El periodismo (y no sólo el cultural), desde hace unos años cruje por la llegada de internet, que suma pero a la vez dispersa la comunicación. El futuro de lo gráfico abre incógnitas. “Siempre me pareció que el traidor era el lector que leía sin pagar, pero hoy también yo lo hago porque muchas novedades están en internet, aunque son los medios los primeros en comenzar a abandonar el papel”, dice Pérez.

“El País de España es el de habla hispana que más vende en papel, pero decidió mutar a una empresa de contenidos, y con toda esa movida los que pierden son los lectores”. Los clicks le ganan a la lectura y a la reflexión. “Internet ha destruido esa dupla, porque los dueños de los medios quieren ganar anunciantes y ya no les importa el lector”. Pero Pérez se justifica: “No sé hacia dónde lleva este modelo de comunicación, pero bueno… yo soy una persona de otro tiempo, yo no estoy viendo futuro, pero si haces bien tu trabajo eso es lo que importa y es lo que queda”.

¿Qué significa hoy ser un periodista cultural?. “Hay que sacarle la c mayúscula a cultura”, responde Pérez. Y explica que el suplemento Radar de Página/12, del que integra el grupo de editores, convive con la sección de espectáculos, cosa que obliga a alejarse de la agenda. “En Radar compartimos nuestros gustos, hablamos de lo que nos entusiasma y que de alguna manera refleja algo de nuestra cultura”, detalla.

Rock is not dead

Con la clausura de 2016, nuevos paradigmas parecen golpear las puertas. El ascenso de Trump, la muerte de Fidel Castro, los Rolling Stones en La Habana, las muertes de íconos como Prince y Bowie marcan un época que le hicieron decir al filósofo Slavoj Zizek: “Se cerraron las puertas del siglo XX”.

—¿Te parece, ya pasado el 2016, que el rock no será lo mismo?

—El rock está más vivo que nunca, la producción cultural está a tope, simplemente son los tiempos de cada uno y el siglo XX ya fue. Pasa que la música que importó nunca fue la música que más ocupó los medios y ahora hay que ir en busca de los músicos nuevos porque, de alguna manera, el tiempo es lo más democrático que hay y éste parece ser el momento de cambio. Prince o Bowie, en su momento, señalaron el futuro, un futuro que siempre estaremos imaginando, una mera construcción…Y en este presente ganó Trump!.

—¿Qué es la “cultura rock”?

—Aunque “cultura rock” suene igual de absurdo que “inteligencia militar”, el rock sin cultura no existe. Enrique Symms una vez dijo: “La coca sin coco es caca”. Y con el rock sucede algo parecido, porque el rock sin cabeza no sirve, no te digo que esté todo el tiempo en la cabeza, como decía Keith Richards de la cintura para abajo el rock es más interesante, pero si en algún momento no te despierta algo, te estás perdiendo esa puerta abierta para otras cosas, otra forma de vida o explorar territorios nuevos. En gran parte la cultura popular y el rock nos han mejorado la vida más que los políticos: podemos coger antes de casarnos, vestirnos y llevar el pelo como queremos y aceptar la diversidad. La verdad, hay que darle las gracias a las telenovelas y al rock más que a la actitud de nuestros representantes.

—¿Qué significa ser un periodista cultural?

—En realidad siempre sufrimos, parecemos periodistas “de tercera”, que hacemos cosas que no importan. Pero estamos en los límites donde empiezan todas las cosas. Lo que importa es llevar registro, escribir y contar lo que pasa, y después ver dónde nos llevará la historia con todo eso. Sobre todo tener mucha generosidad para con el lector…y tener mucha humildad y curiosidad. No hay que olvidarse que estás escribiendo para el lector, no para el dueño del diario ni para el entrevistado. Siempre digo: “Nunca escribas nada que no le puedas decir al entrevistado a la cara”; sobre todo si estás escribiendo una crítica de una película o de un disco. Hay códigos. Si no me lo decís de frente, tampoco lo escribas. Y no escribas como si fueras el dueño de ninguna verdad.

Bío

Martín Pérez (Buenos Aires, 1967) integra el equipo de editores de “Radar”, suplemento cultural de Página/12. Como periodista se especializa en temas culturales. -Es periodista especializado en cultura popular y masiva desde hace casi tres décadas. Trabaja en radio y prensa gráfica. . Aprendió el oficio de periodista de rock en la revista Rock & Pop y el suplemento “No” de Página/12 y ejerció la crítica cinematográfica durante una década en la sección “Espectáculos” del mismo diario, entre otros trabajos. Fue uno de los fundadores de FM 88.7 La Tribu (www.fmlatribu.com) y, también, de la revista La Mano, de la que integró su consejo de dirección. Sus artículos fueron publicados regularmente en las versiones locales de las revistas Rolling Stone e Inrockuptibles, y fue corresponsal de los suplementos “Zona de Contacto” y “Wikén”, del diario El Mercurio (Chile), y de las revistas Postdata (Uruguay) y Efe Eme (España). Tiene un programa de radio on-line Música cretina (musicacretina.blogspot.com).

María Noel Do

más@lacapital.com.ar

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