La ciudad
Martes 23 de Agosto de 2016

"Perdimos todo en el derrumbe y ahora nos dejan sin techo otra vez"

La familia que vivía en el pasillo de Francia 1171 se quedó sin nada hace seis meses. La constructora les abonó un hotel, pero el sábado cortó el pago.

Hace seis meses, el 19 de febrero, el departamento de pasillo de avenida Francia 1171 que habitaba la familia de Rosa Zaitune se vino abajo. Después de un día de intensas lluvias, el profundo pozo que había cavado la constructora Ruka Kiñé en el terreno lindero terminó por socavar los cimientos del inmueble, que cedió y dejó aislados a sus moradores: aparte de Rosa, su hija Andrea y sus dos nietos, un nene de 11 años y una beba de 8 meses, más una tía de 89. Se fueron con lo puesto, no pudieron llevarse "ni una foto". Y desde ese día, con reiteradas promesas incumplidas por parte de la firma sobre conseguirles un departamento, viven en el hotel Cristal, de San Juan 4065. Pero el sábado pasado la dueña del lugar les comunicó que Ruka Kiñé ya no pagaría por los cuartos y deberían partir. "Dos veces nos dejó sin techo esta gente", se lamenta Rosa, una situación que describe como "desgarradora", en especial para los chicos.

Esa lluviosa madrugada, un estruendo se sumó al de la tormenta cuando al ceder los cimientos de la obra donde hoy se sigue construyendo un edificio tres viviendas se vieron gravemente afectadas por dos derrumbes.

Sobre la medianera norte, colapsó el pasillo que comunicaba a dos inmuebles. Sobre la medianera sur, se cayó el pasillo y las habitaciones construidas sobre él, y el resto de la casa quedó en severo riesgo de colapso.

Según contó ayer Rosa, a quien todos conocen como Cuqui, sus vecinos y compañeros de desgracia lograron que en dos meses les reconstruyeran el pasillo colapsado, por lo que pudieron volver a sus casas-

En cambio, su familia quedó literalmente colgada. Primero, el día del derrumbe, porque si bien no sufrieron heridas porque justo se encontraban en la parte trasera de la vivienda, quedaron aislados sin tener por dónde salir y debieron ser rescatados por los bomberos.

Y ahora, por segunda vez, porque la empresa constructora, que venía haciéndose cargo de pagar el hotel donde se alojan, informó al establecimiento que a partir del sábado pasado dejaría de abonar los dos cuartos de la familia.

En rigor no toda, ya que la tía Francisca, de casi 90 años, está momentáneamente alojada "en casa de distintos familiares", y la perra Mía, el amor de Matías, también.

La familia se quedó estrictamente con lo puesto: dado el riesgo de derrumbe de lo que permaneció en pie (cocina, comedor y un dormitorio) hasta ahora no pudieron recuperar "ni un recuerdo, ni una foto", dice Rosa, sin contar muebles, ropa, electrodomésticos, juguetes, libros, útiles escolares y todos los objetos de uso cotidiano. "Perdimos todo, y cuando digo todo, digo todo", redunda dramáticamente la mujer.

"Es desgarrador", afirma su hija Andrea, mientras cuida a Maite, la beba ya de 14 meses que aprendió a gatear y a caminar en el hotel. "Nosotros los grandes, tratamos de digerirlo, pero ¿y los chicos?", se pregunta Rosa. Es entonces cuando interviene Matías, con un pedido certero: "Yo quiero a mi perra".

Sin abogado. El problema, básicamente legal, se agravó cuando el viernes pasado el abogado que venía representando a la familia en el fuero civil y comercial se abrió del caso. Y como por arte de magia, pocas horas después, la empresa le comunicó al hotel que los Zaitune deberían irse.

"Ni siquiera nos lo dijeron a nosotros", cuentan las mujeres, para recordar que desde el día del derrumbe la firma viene incumpliendo sus promesas: primero que les ofrecería un departamento en préstamo, luego que ellos mismos deberían buscar uno para alquilar.

"Pero nunca pudimos concretarlo porque, misteriosamente, cuando encontrábamos uno al precio que ellos nos pedían y había que ir a la inmobiliaria, la gente (de la firma) desaparecía", grafica Andrea.

Según la familia, "está 100 por ciento comprobado que las medianeras no estaban amuradas como correspondía. Trabajaban diez días por mes, y eso todo el barrio lo sabe, porque el predio se convertía en una pileta de natación cada vez que llovía. ¿Y adónde iba esa agua? Filtraba abajo de las nuestras y eso terminó produciendo un socavón".

Desesperados, como cualquiera que va a quedarse a la intemperie, hasta ayer permanecían en el hotel por "la solidaridad inmensa" de amigos, familiares y compañeros de la escuela Arzeno, a la que asiste Matías.

Desde hoy el panorama es muy incierto. Será clave una reunión que Rosa mantendrá con autoridades de la Secretaría de Desarrollo Social.

Buscando una solución

Desde la Secretaría de Desarrollo Social del municipio afirmaron que se harán cargo de pagar hasta hoy el único cuarto del hotel en que ahora quedó alojada toda la familia. Luego Rosa podrá recibir una ayuda económica hasta resolver su situación. Sin embargo, la mujer dijo temer que sólo le ofrezcan una "solución inmediata" y no una de "largo plazo" que les permita salir de la pura incertidumbre.

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