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Martes 30 de Diciembre de 2014

Perder en una ruta la ocasión de tener futuro

Son 21 seres humanos por día, en promedio, que fallecen por exceso de velocidad, ingesta de alcohol cuando se maneja, no usar cinturones de seguridad o hacerlo conduciendo con sueño.

Suele decirse que en las rutas de la Argentina el número de accidentes con víctimas fatales es alto, se habla de siete mil u ocho mil personas al año y muchas veces —quizás para no reconocer fríamente lo cruel de la cifra— se pone "víctimas fatales" en vez de muertos.
 
Son 21 seres humanos por día, en promedio, que fallecen por exceso de velocidad, ingesta de alcohol cuando se maneja, no usar cinturones de seguridad o hacerlo conduciendo con sueño. A esa ya de por sí alarmante cifra hay que sumar que, según estudios de la Sociedad Argentina de Medicina y Cirugía del Trauma, por cada colisión vehicular ocurren otras donde hay tres discapacitados permanentes, 75 discapacitados transitorios y 400 heridos de diversa consideración, que lógico las estadísticas no suelen reflejar.
 
Buscar las causas, las soluciones y despertar conciencia es una premisa permanente de muchos. Podrá decirse que hay exceso de vehículos en rutas estrechas, pocas autopistas o con malas condiciones del asfalto, y que si hubiera menos camiones o colectivos, utilizándose vía ferroviarias, eso aliviaría el número de siniestros. También se puede aducir que al hacer campañas permanente se genera modificar malas costumbres al manejar charlando, usando el celular o conduciendo un vehículo sin las condiciones técnicas adecuadas. Lo concreto es que en la última década se mantiene pareja la cantidad de miles y miles de vidas que se pierden al año y todos, autoridades, conductores y peatones, somos en parte cómplices de esta pandemia en rutas y caminos.
 
Nos alarmamos con el número de muertos en hechos delictivos y pedimos, con justa razón terminar con la inseguridad, pero parece ser que salvo algunas organizaciones como Luchemos por la Vida, Padres en la Ruta, Estrellas Amarillas o algunos entes gubernamentales, pocos piensan en las vidas a las que, a diario, se les pierde la oportunidad de tener un futuro. Tomemos conciencia todos.

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