Escenario
Viernes 01 de Julio de 2016

Pequeños secretos compartidos

La vida es lucha, por eso a Messi hay que decirle «vení pibe, yo entiendo que estés caliente, pero esta camiseta no se abandona jamás»"

Un "ensayo sobre el desamor". Así definió Juan Nemirovsky la idea que recorre los catorce "solos" o monólogos de "Enter Dylan", la obra que estrena mañana, a las 22, en el teatro La Manzana (San Juan 1950), en su segunda intervención como director de una propuesta del grupo Rosario Imagina. Con textos de Rody Bertol, creador de la compañía de extensa trayectoria en Rosario, la propuesta tiene como subtítulo "Restos, bordes y confesiones" y alude a las revelaciones e intimidades que hacen los personajes que transitan sus conflictos entre el drama y el humor. "Lo que trató de encontrar Rody son inflexiones, puntos en los que la vida de una persona puede cambiar a partir de un acontecimiento o de una reflexión", y lo hizo a través de estos textos inspirados en "el universo poético de Bob Dylan y en su soledad", señaló Nemirovsky.

Nemirovsky está ligado a Rosario Imagina desde hace once años. Allí participó como actor en las obras "Lo mismo que el café", "Los invertidos", "Los días de Julián Bisbal", "Rezo por mí", "Bajo un cielo de verano", "Una idea para una pequeña obra" y "El hijo de Agar". Las funciones se reiterarán los sábados, a las 22, y los domingos, a las 20.30 de julio y agosto.

   —Rody Bertol volvió a confiar en vos para esta obra suya...

   —Si, ya habíamos tenido la experiencia de "Heroínas, un raro desfile de mujeres encendidas", que es un armado también de él y del cual tomé la dirección, pero era más bien una coordinación. De alguna manera en esta obra hemos puesto más en juego como grupo Rosario Imagina porque es una obra en la que él tomó toda la dramaturgia, estuvo ahondando en toda la poética de Bob Dylan y a partir de eso iban surgiendo monólogos, que nosotros llamamos solos. En este caso son de 5 minutos, son muy dinámicos. Rody generó catorce solos o monólogos, pero a diferencia de "Heroínas...", donde trabajé con un grupo de directores, acá tomé todo el trabajo.

   —¿Cómo es la puesta en escena?

   —De alguna manera es una obra con un dispositivo, como hemos hecho en "Lo mismo que el café" o "Artificio casamiento"; también está enmarcada en una obra de cámara o de escenario. Es como una mixtura entre las dos cosas porque no es simultánea, sino que es una puesta fuerte desde el hecho de que un espectador va a sentarse y va a ver 14 monólogos uno detrás de otro. Para mi como director fue un desafío encontrarle la vuelta para que esa puesta, ese formato de obra, se torne atractivo y no en un elemento saturador. Hay doce actores con los que trabajamos todo el proceso, que en su mayoría son jóvenes que se están iniciando en el teatro y algunos no tan jóvenes, algunos históricos del grupo. Pero además la obra tiene la particularidad de que habrá dos invitados por función que van rotando y a los cuales les asignamos un texto y cada uno tiene un día de función. Es una grata experiencia porque vamos a estrenar con Liliana Gioia y Cecilia Bolis el sábado, y son 16 funciones que tendrán 32 invitados. Entre ellos estará hasta Clide Tello, que es una histórica de la historia del teatro, y que hace muchos años que no actúa y nos vamos a dar ese placer.

   —¿Tiene un tema que le dé unidad a los monóloso?

   —De alguna manera sí, indirectamente. Por eso se llama "Restos, bordes y confesiones", y más allá de que no tiene una ligadura racional y directa de un personaje con otro, sí están enmarcados en confesiones internas, personajes que se encuentran solos, rotos; siempre ligados a un amor no correspondido o a algún drama, más allá de que muchos de ellos también encuentran mucha comicidad, hay ambas cosas en la obra. No podría definirla ni como una comedia ni como un drama, pero se vinculan en el universo poético de Bob Dylan y en su soledad y en un ensayo sobre el desamor.

   —¿Cómo son los personajes?

   —En este caso son un adicto al sexo, una mujer despechada, un homosexual golpeado por la policía, todos personajes con los que uno fácilmente puede identificarse o resultarle atractivo. Después están una joven que se debate en la posibilidad de tener una historia de amor con un hombre mayor que ella, una mujer que está en la necesidad de reiniciar su vida, un joven perdido en el alcohol y el desempleo que relata su derrotero en relación a extrañar a una novia. Son todas historias que tienen una base fuerte en el amor no correspondido o en el desamor. Sobre todo lo que trató Rody de encontrar son inflexiones, puntos en los que la vida de una persona puede cambiar a partir de un acontecimiento o de una reflexión. Por eso me gusta pensar la obra como confesiones, como pequeños secretos que estos personajes nos regalan, como si eso que dicen y que transcurre en sus cabezas para que tenga teatralidad lo tienen que decir.

   —No son adaptaciones de canciones...

   —No, fue más a partir de sensaciones. El monólogo no es la letra de una canción o no está pensado un personaje a partir de una canción, sino que a partir de las sensaciones de Rody como dramaturgo, también en relación a su historia y su infancia con Dob Dylan, tomó eso como disparador para generar catorce grandes relatos de personajes.

   —¿Cómo te relacionás vos con la poética de Dylan?

   —El universo Dylan lo escuché y lo conocí fuertemente a partir de este proceso. Pero de alguna manera me siento en un equipo de trabajo con Rody en el que a partir de una idea, su poética y visión del teatro, de la cual me siento hace muchos años muy cerca, me dejo contaminar por ese deseo aunque no haya nacido propiamente de mí, y por lo general coincido con sus textos. Particularmente ahora, me gustó mucho trabajar con un grupo grande de actores teniendo un vínculo muy cercano y ahondando en la dirección. Pero también y sobre todo en la posibilidad de reinventar un espacio como La Manzana donde hemos trabajado mucho como grupo y en este caso utilizamos el escenario, ambas puertas, el camarín. Hay como una nueva forma de cómo ver ese espacio que teníamos muy usado y no nos limitamos sólo al escenario, sino que es una gran pasarela en la que transcurren los personajes. Fue muy interesante pensar en la espacialidad de un lugar que necesitábamos reinventarlo.

   —¿Como definís los objetivos del grupo con el ya llevás once años?

   —Hay algo muy importante a lo que apostamos. Así como tenemos espectáculos que pueden dialogar con un espectro de público muy amplio, como "Heroínas...", como pretendemos que sea "Enter Dylan", también es un grupo que trabaja de manera más experimental y performática ante la posibilidad de tener una obra más pequeña. A mi me seduce mucho esta posibilidad de poder estar en algún momento en un teatro grande o con un formato o una poética muy popular, o tener la posibilidad de ponernos más herméticos y ahondar en un texto más teatral y más encriptado.

   —¿Cuál de esos estilos recibe mejor el espectador?

   —Creo que hay subjetividades para todos los gustos y hay espectadores que van a disfrutar más de una cosa que de otra. Lo que sí me parece valioso y me parece una maduración de un teatro en proceso, es entender que cuando se ahonda en materiales más populares o más de humor, no se está transgrediendo con nada o no son de menos jerarquía. Me parece que hay que contemplar al espectador para llegar a él, sobre todo al espectador general, el primo o el amigo de un estudiante de teatro. Me parece que es un desafío valioso para nosotros como teatreros independientes rosarinos. Yo no tengo prejuicio con un material por mas que pretenda abarcar a mucha gente, por más que se sostenga desde el humor que me parece tan difícil como emocionar. Rosario Imagina es un grupo que puede encarar ambas tareas con igual satisfacción. Me parece que hay espectadores para ambas cosas y hay que ir haciendo crecer la masa de espectadores que se se acerca a ver teatro rosarino.


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