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Sábado 06 de Octubre de 2012

Pequeños Músicos, la experiencia de hacer canciones con libertad

Es un proyecto de la Escuela Sarmiento. Reúne a chicos de la primaria. Ya grabaron su cuarto cedé.

Pequeños Músicos IV es el resultado de un proyecto musical iniciado por la profesora Roxana Piú en 1999 en la Escuela 55 Domingo Faustino Sarmiento. El cedé, presentado hace algunas semanas en la sala Lavardén, recoge el trabajo de los alumnos del colegio quienes, a través del juego y la palabra, crearon sus propias canciones y sus propios arreglos.

"Partimos en 1999 con la idea de armar una canción con los chicos de 6º grado para el izamiento de la bandera. Eso era para que ellos entendieran lo que era el respeto a un símbolo patrio partiendo de la significancia de lo que para ellos era la bandera y, a su vez, hacerlos partícipes de algo especial como era la ceremonia de izamiento cuando comenzaba la mañana. Cuando salió todo invitamos a algunos padres que también son músicos y fuimos armando la obra, la grabamos y así empezó el tema de las composiciones musicales de los chicos. Después la experiencia se fue llevando a otros grados pero siempre partiendo de la misma consigna: armar nosotros nuestras canciones, con las temáticas propias de ellos, con las líneas melódicas que son capaces de producir, es decir lo que surge de la propia edad, y cómo acomodan las palabras, y los sonidos", explica Piú a LaCapital, una docente de música y psicopedagoga que llegó desde Reconquista hace varios años y desarrolló esta idea innovadora.

El primer disco. La docente se entusiasmó con la respuesta de los chicos y ya en 2000 editaron el primer disco. Un año más tarde, Pequeños Músicos daba luz a su segundo trabajo. Seis años más tarde se presentó la tercera producción y hace unas semanas la Lavardén fue escenario del lanzamiento del cuarto cedé.

Piú cuenta que, en el aspecto pedagógico, encaró el trabajo musical con los chicos "desde lo propio. Porque si nosotros hacemos música y producimos vamos entendiendo el sistema de la música. Estamos acostumbrados a tomar melodías de otros. La hora de educación musical en la escuela se basa en traer un cancionero y repetir la melodía y la letra. Es algo totalmente automático. Es decir, el mensaje estaba dado por el docente y el niño sólo recibía ese mensaje. Acá es al revés. Aquí el niño produce, va encontrándose dentro de esa gama de sonidos y va entendiendo qué es la música. ¿En qué sentido? En las disonancias, es decir qué sonidos acomodar uno con otro, en las palabras que utilizo, porque las canciones son canciones porque cuentan algo. Entonces, ¿qué es lo que cuento en realidad? Estoy contando algo que me pasa, que veo, siento, deseo, que pertenece al mundo del niño. Pero el chico no está alejado del mundo del adulto, se compaginan los dos".

La "seño" de música plantea que el espacio de los chicos en la clase está sostenido desde la plena libertad. "Nosotros a veces empezamos a plantear los contenidos musicales a partir de juegos y así nos vamos enganchando. Y siempre está la palabra en medio del juego sonoro".

Del proyecto participan todos los grados del turno mañana y uno de la tarde. Y surgió, según cuenta, cuando se puso a pensar en lo que el alumno producía. "Si el trabajo es lo literal, quedan plasmadas palabras en una hoja de papel, si se recrean imágenes visuales, quedan plasmadas es una hoja. Pero, ¿qué pasa cuando recreamos algo musical, dónde queda, adónde va? Entonces la idea fue que quedara un registro de eso. Y fue idea de los chicos".

Temas propios. Sobre qué cosas cantan y cuentan los chicos en sus canciones, la docente explica que "todos los temas son hechos por ellos, y en los arreglos instrumentales también participan ellos. Algunos temas de las canciones tienen que ver con la paz, o son temas que salen de un cuento, o lo que les gustan, o sonidos de la naturaleza. Lo que venga. Basta que trabajemos con lo que se presenta".

Respecto a los ritmos que piden trabajar, aclara que "el chico va a partir de lo que escucha habitualmente. Si yo quiero incursionar, por ejemplo, en el área del folclore, lo voy a hacer muy lentamente. Les hago ver que hay otros estilos, pero me cuesta que salga de ellos. Partimos de lo propio para que ellos puedan respetar todo tipo de música, todo ritmo, todo lo propio de cada lugar. Hablamos de folclore, música clásica, jazz, rock, de todo".

Ningún disco tuvo similitudes, según explica Piú. "No sé qué puede decir cada uno, todo fue tan particular. Cada disco contiene entre 16 y 18 temas, y hay rock, folclore, pop, de todo un poco", abunda. Y cuenta que el costo de edición estuvo a cargo de los padres de los alumnos, del aporte de su propio bolsillo y de apoyo del sector privado.

Se emociona cuando explica que desde su forma de ver la música, en su trabajo con los chicos ellos "aprendieron y aprehendieron a respetar al músico, a esa actividad tantas veces menospreciada. El grabar y escucharse es como verse en un espejo. El aprendizaje fue total para todos. Yo trato de que tomen la música, que la vivan, que se metan dentro de ella". Y también se lamenta de que su materia tenga sólo una hora semanal. "No alcanza para nada. Pero a veces en los recreos nos quedamos porque este es un espacio abierto donde los chicos vienen y tocan los instrumentos y crean música", explica.

Cree que este proyecto no termina aquí, aunque dice que cuesta producir el trabajo. Pero está convencida de que se puede sostener si la educación da un vuelco. "En primer lugar desde el docente, que tiene que pensar qué es lo que está haciendo y que no sólo se trata de repetir conceptos. Si las cabezas empiezan a cambiar, la institución cambia. Cambia todo".

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