Escenario
Sábado 28 de Mayo de 2016

"Pedirnos un efecto terapéutico sería demasiado", afirma el psicoanalista Gabriel Rolón

El psicoanalista Gabriel Rolón dijo que la pieza que se presenta hoy en el Astengo apunta "a los temas eternos del hombre".

En 2007 el psicoanalista Gabriel Rolón publicó su libro "Historias de diván", en el que acercó a miles de lectores su experiencia profesional. Con aquel libro no sólo creó un suceso editorial, sino también una legión de admiradores que llena teatros en cada función de "Historias de diván. La obra", la propuesta que se presenta hoy, a las 20 y a las 22, en el teatro Fundación Astengo (Mitre 754).

Con las actuaciones de Rolón, Alejo García Pintos, Malena Rolón y Carlos Nieto, también a cargo de la dirección, la propuesta se basa en los casos de una adolescente obsesionada con la muerte y un sacerdote con una crisis de fe. En un reportaje vía mail, Rolón compartió con Escenario el origen de la obra y habló en profundidad sobre el objetivo de un trabajo cuyo fin último, dijo, es la "problemática del sujeto humano" al tiempo que "mueve a la reflexión, da cabida a la pregunta y desvía la mirada de la coyuntura para apuntar a los temas eternos del hombre".

—¿Cuál fue el origen de "Historias de diván"?

—"Historias de diván (La Obra)" es la adaptación teatral de dos casos que están en el libro homónimo. Como toda mi obra es un intento más de difundir el psicoanálisis. Esa ha sido siempre la aventura de mi pensamiento y más aún ahora con el advenimiento de nuevas teorías que dejan flotando la idea de que el psicoanálisis es antiguo e ineficiente. Nada más erróneo, porque pasarán los años, los siglos e incluso muchas de esas nuevas ideas, y el hombre seguirá sufriendo por los dos pilares que forman el núcleo central de la problemática analítica: el amor y la muerte.

—¿En qué momento el psicoanálisis, una actividad por naturaleza íntima y personal, introspectiva, se transformó en espectáculo?

—Espero que eso no ocurra en ningún momento. Que mucha gente se acerque a mis actividades no las convierte en un espectáculo; básicamente porque no son hechos espectaculares, muy por el contrario, son íntimos y profundos. Me emociona, eso sí, que tanto público se interese por esta manera de hablar de la problemática del sujeto humano. Porque eso mueve a la reflexión, da cabida a la pregunta y desvía la mirada de la coyuntura para apuntar a los temas eternos del hombre.

—"Toc toc" es una de las obras más taquilleras de la historia, con un elenco en gira y otro permanente en Buenos Aires, ¿encarar ciertos tipos de trastornos desde el humor también es curativo para el espectador?

—"Toc toc" es una comedia e "Historias de diván" una obra dramática. Ambas intentan con armas nobles generar un hecho artístico, en un caso para movilizar la risa, en otro la introspección. En una crítica reciente hecha por Irene Bianchi, ésta admirada crítica tuvo la generosidad de decir que el público que sale de ver "Historias de diván", ya no es el mismo que entró. Ese es el halago más importante que me han hecho en la vida. De todos modos, tanto "Toc toc", como nosotros, debemos generar un evento teatral de interés que respete a nuestros espectadores. Pedirnos un efecto terapéutico sería demasiado.

—La idea de lo siniestro es aquello cotidiano que se transforma en amenazante. Descontando que no es correcto generalizar, ¿cree que la sociedad argentina mantiene una relación siniestra con determinadas formas de hacer política?

—Te ruego que me liberes de una respuesta que corresponde al ámbito de la sociología o la ciencia política y no al del psicoanálisis.

—¿Podría equipararse a una especie de Síndrome de Estocolmo que la mitad del país elija o confíe en representantes políticos que la otra mitad piensa que son dañinos para la República o la democracia?

—No. El Síndrome de Estocolmo hace mención al amor que un cautivo desarrolla por su secuestrador. Nada de eso ha ocurrido en la Argentina. En uso de su libertad democrática la mayoría ha elegido al ingeniero Macri presidente, y el resto ha de aceptar esa decisión. La democracia quizás no sea un modelo perfecto, pero aún así es el único que permite la convivencia en paz, incluso de aquellos que no creen en la democracia. Algunos estarán a favor de este modelo, otros en contra, pero en dos años hay elecciones legislativas y en dos más presidenciales. De ningún modo estamos secuestrados por el Pro, ni tenemos la obligación de amarlo en disidencia.

Analizarse puede ser una necesidad y una ayuda para la cura o la estabilidad, pero ¿analizarse también en ocasiones se hace por esnobismo, es una postura, algo "cool"?

—Quizás en una época esto haya sido así. Pero el análisis es lo suficientemente costoso, en tiempo, angustia y dinero como para que alguien lo sostenga por pura moda.

—¿Qué terapia recomienda, una década de psicoanálisis o un tiempo de terapia conductista o más breve?

—Respeto a todas las técnicas serias que están acreditadas por un profesional con matrícula otorgada por el Ministerio de Salud. Hay buenos y malos en todas ellas. En lo personal he elegido el Psicoanálisis porque es la herramienta que mejor se adapta a mi mano. No querría hacer otra cosa. Sin embargo, en muchos casos, hice derivaciones a profesionales de otras líneas teóricas porque no todos los pacientes necesitan lo mismo y la inteligencia profesional no se basa en adaptar al paciente a la técnica sino la técnica al paciente.

—¿Cuáles son los temas más recurrentes en la consulta? ¿Quiénes trabajan mejor en la sesión, hombres o mujeres?

—Hoy por hoy el porcentaje es bastante parejo. Hace unos años a las consultas venían más mujeres, quizás por ese prejuicio de que los hombres no lloran. Por suerte hemos aceptado que también lloramos y sufrimos y que pedir ayuda no es un gesto de debilidad sino de fortaleza. Hay que ser valiente y honesto para admitir que no se puede solo. En cuanto a los temas, como dije, no han variado a pesar de que cada época le da su color particular: el amor y la muerte.

—Los relatos de la obra se inspiran en casos reales. ¿Qué condiciones reunían para ser parte del espectáculo?

—Son dos casos que permiten mostrar las columnas del Psicoanálisis: el inconsciente, la pulsión y la palabra. Majo es pura pasión, incluso desencadenada hacia el abismo; Antonio es el lapsus, lo reprimido y la posibilidad de la verdad a partir de la palabra plena. Por eso los elegí, porque me permitían mostrar lo más importante del ámbito analítico.

—"Historias de diván" fue un éxito en televisión, y usted mismo hizo radio mucho tiempo. ¿Cuánto influyeron lo medios y la televisión en la difusión de su trabajo?

—Muchísimo. Hoy por hoy renunciar a los medios o la internet sería una torpeza que no podemos permitirnos. Lo que no encuentra un lugar en la cultura tiende a desaparecer y el Psicoanálisis es demasiado importante como para dejar que eso suceda.

—Otro programa muy exitoso que ficcionaba la terapia fue "Vulnerables". ¿Qué los hace exitosos? ¿Qué cree que busca el espectador?

—El espectador se reconoce en esos miedos, en esa angustia y en esa lucha. Creo que eso vuelve a los programas psicológicos de gran interés, porque abarca terrenos por los que todos pasamos alguna vez en la vida.

—¿Hasta dónde el psicoanálisis puede dar respuestas? ¿Existe la cura? ¿Ocurre cuando el terapeuta da el alta a su paciente?

—El psicoanalista no es un dador de respuestas sino un generador de preguntas. Las respuestas están dentro del paciente, lo recorren desde su historia y hablan aunque él no pueda escucharlas. Esa es nuestra tarea: rescatar lo que dice y no escucha y ponerlo a trabajar. De esa manera acompañamos la cura que, por supuesto, es algo posible hacia lo que apuntamos todo el tiempo. Aunque ese aspecto terapéutico no es la Meca del análisis. Una vez alcanzado eso, recién empieza el camino. Por eso, como dijo Lacan, el Psicoanálisis es una terapia que no es como las demás.

—El psicoanálisis también tiene críticos como Popper o Mario Bunge. ¿Qué opina de las críticas?

—Alguna de esas críticas tienen fundamento y, de hecho, nuestra teoría sigue modificándose con el paso de los años y la experiencia. Otras, como en el caso de Bunge, parten de una cuestión puramente personal y prejuiciosa. El ha sido un pensador notable y prefiero guardarme sus tantos aciertos y no sus errores conceptuales. Muchos atacan al Psicoanálisis y, cuando leo esas críticas, me doy cuenta de que se basan en un desconocimiento profundo de lo que el Psicoanálisis es. Por eso intento no cometer ese error. Jamás critico algo sin haberlo estudiado y comprendido lo suficientemente bien. No está mal decir: no sé. Es preferible a denostar basados en la ignorancia.

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