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Domingo 02 de Marzo de 2014

Paz, democracia y firme defensa del proyecto kirchnerista

La diputada del FAP Victoria Donda predijo en diciembre pasado que Cristina Kirchner iba a regresar como una "planta" luego de su período de convalecencia posoperatorio.

La diputada del FAP Victoria Donda predijo en diciembre pasado que Cristina Kirchner iba a regresar como una "planta" luego de su período de convalecencia posoperatorio. Sin embargo, una presidenta delgada aunque carnal, con un fino vestido blanco y perfecto semblante, puso en marcha ayer la temporada legislativa con un discurso no leído de dos horas y 50 minutos. Y, tras cartón, habló otros 25 minutos ante una multitud de militantes en la plaza de los Dos Congresos.

La confusión opositora, que mezcla deseo con realidad y análisis político con agenda mediática, sigue siendo una marca política de época y explica, entre otras cosas, el éxito del proyecto K, que ayer ingresó en el año 11, y que desde hoy ingresará en una etapa novedosa y no menos ardua: estabilizar las variables económicas sin perjudicar a la base social, y en simultáneo, crear su propia sucesión.

La apertura de sesiones de ayer también funcionó como plataforma de prueba para el lanzamiento de los "presidenciables" del FpV. Florencio Randazzo, que ayer quedó grabado en la memoria de centenares de teléfonos celulares que lo fotografiaron en cercanías del Palacio; Sergio Urribarri, que llegó con una comparsa de Gualeguaychú y pegó fina cartelería "Néstor Cristina Urribarri, nunca menos", pero le faltó el timing necesario para caminar entre la gente al final del acto. Y el rosarino Agustín Rossi, él sí, zambullido al calor militante, aunque por ahora amaga y no termina de confirmar su vocación de jugar una candidatura presidencial.

Cristina se presentó en el recinto, "bajó un cambio" respecto del discurso guerrero y largo de 2013. La unidad nacional fue su frase recurrente; lo explicó con el reconocimiento al aporte del primer alfonsinismo, que trajo el "discurso" de la democracia y lo legó para siempre en el conjunto social. Hasta convertirlo, en la actualidad, mal o bien, en activo cultural de los argentinos.

"Nosotros llegamos a no presentarnos en una elección para el Centro de Estudiantes (cuando estudiaba Derecho en La Plata en los 70), decíamos que eso era «democracia burguesa», lo despreciábamos", recordó, autocrítica.

El rescate del Alfonsín del 83 y la llegada del radical Gerardo Zamora como presidente provisional del Senado forman parte de una política definida de la Casa Rosada que busca poner en blanco sobre negro a la UCR actual con su tradición progresista, hoy en desuso.

Dos veces consiguió la presidenta que los legisladores (oficialistas) se pongan de pie y aplaudan con ganas un tramo de su discurso. Cuando denunció el intento de "golpe (de Estado) suave" que quieren dar desde "afuera" en Venezuela. "Y no estoy defendiendo al gobierno de Nicolás Maduro, defiendo a la democracia", señaló, para luego agregar que defendería también a un gobierno de "derecha o quienes estén en las antípodas ideológicas, como (Juan Manuel) Santos (presidente de Colombia)".

En espejo invertido, la casi totalidad de la oposición en el recinto, que prefiere no ver intento de golpe en Venezuela, y que desea íntimamente la caída del chavismo, permaneció en silencio.

Hubo otro momento del discurso presidencial que provocó aplausos de pie: fue sobre el cierre, cuando leyó textual unos párrafos del discurso de Néstor Kirchner del 25 de mayo de 2003. De pura lógica, Cristina buscó todo el tiempo ofrecer datos esperanzadores de las áreas de su gobierno, contraponiendo la descripción de la Argentina real por sobre la "mediática", que describe obsesivamente escenarios negativos, y que en la amplia mayoría de los casos son desmentidos por los hechos.

Por lo demás, como aquellos jugadores de fútbol que hacen previsibles —y repetidas— declaraciones en el vestuario, al terminar los partidos de fútbol, los diputados y senadores opositores, al finalizar, repitieron la crítica permanente de cada año, desde 2003 a la fecha.

"No habló de inseguridad, no habló de la inflación", entre otros reclamos. Si el kirchnerismo coloca su máximo autoelogio en el punto de "poner a la política por encima de las corporaciones mediáticas y económicas", ¿por qué esperar un discurso ajustado a la demanda de la agenda mediática opositora?

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