Escenario
Domingo 30 de Octubre de 2016

Payasadas, sketches y un gran futuro

Con dirección de Priscila Zucchio Vitalli, "coquilicuado inicia" se presentó en la sala amigos del arte.

Cuatro compañeros de teatro se reúnen para conformar un grupo pero cada componente es muy diferente al otro y así se evidencia en la práctica, esto es cuando sube el telón, tanto el imaginario como el real. Con esa premisa y recuperando el formato de sketches (a lo mejor heredado de los programas cómicos de la televisión), divertida, sin mayores pretensiones autorales, asentada sobre clishés de la vida cotidiana y con el handicap de obtener cómicas payasadas de sus intérpretes,"Coquilicuado Inicia" es una obra de la agrupación del mismo nombre que, dirigida por Priscila Zucchio Vitalli, hizo su segunda temporada en la sala Amigos del Arte.

La conformación del grupo data de 2014 y es ésta su obra insignia. Escrita desde cero con observaciones cotidianas que llevaron diez años, en su mayoría callejeras, por la directora y Lautaro Sabino, y a dos años de mantener una estructura narrativa, aunque con diferentes elencos y complejos enroques actorales, la puesta consigue mantener un buen ritmo pese a la fragmentación propuesta por los diferentes actos.

Apropiación. Así se suceden seis escenas en las que se ponen en juego monólogos, parodias, pasos de café concert y hasta imitaciones. Los integrantes del supuesto nuevo grupo de teatro ilustran un estereotipo del alumno de las escuelas de teatro, quizás un guiño a sus pares que termina moldeando la identidad de cada uno. La creída estrella de Broadway, la intelectual sumergida en su libros, el idealista y la tilinga ponen a Gastón Castillo, Cindi Grüssi, María Belén Alessi y Pablo Zalazar primero ante el desafío del soliloquio para luego sí interactuar.

Es allí donde florecen la prolijidad del primero y la máscara del último, con un Castillo más contenido que se suelta con su travesti en psicoterapia y un Zalazar que, si bien abusa de una dicción guaraní, aprovecha su porte para ridiculizar a Julieta Capuleto y brilla con su monja descarriada. Grüssi debe lidiar con el chatura de la escéptica hija de una familia de clase media sin embargo demuestra su versatilidad con su Romeo Montesco del conurbano.

Alessi es un caso aparte. Con soltura y gracia, se destaca en todas sus intervenciones y logra producir el ansiado efecto de la personificación que hace olvidar, en este caso, a la actriz. Muy divertida y disparatada, es además quien se ocupa de bajar del escenario para chacotear con el público.

El paso del tiempo, luego de dos años en escena, ha hecho que la obra se enriquezca con el aporte de los distintos actores y actrices, pero pareciese que a esta altura algunos personajes ya tienen la rúbrica de sus intérpretes. Apropiación que a lo mejor evidencia la técnica utilizada ya que los personajes están esculpidos, aprovechando un gran cúmulo de marcaciones e improvisaciones, con anterioridad al acceso al texto.

Como un juego. Planteada como una bisagra entre el teatro comercial y el independiente, con un formato que pretende ser aprovechado en ámbitos extrateatrales dentro y fuera de la ciudad, la puesta no deja de constituirse de ejercicios teatrales, a veces primarios, y de fórmulas ya probadas hace mucho tiempo, con un cariz poco innovador pero efectivo, mucho más cercano al pasatiempo que a la reflexión.

Simultáneamente, este tipo de teatro tiene una arista más interesante: ayuda al fortalecimiento actoral de jóvenes intérpretes cuando, sin falsas vergüenzas, se convierte en una útil plataforma de ensayo (en la dialéctica de la prueba y error). Así es evidente ver cómo se fogonean las próximas grandes figuras de la escena rosarina y cuáles de esos nóbeles intérpretes, con plena seguridad, estarán en pocos años peleando un lugar de privilegio en las marquesinas de las mayores salas de espectáculos del país y de por allá afuera.

Y como siempre es bueno reírse, "Coquilicuado inicia" invita a hacerlo a través de situaciones absurdas con un lenguaje cotidiano, con personajes grotescos pero queribles, y casi como un juego adolescente, se hace entretenida y risueña. Siempre a la espera de reconocer, en un cercano futuro, a esos mismos artistas convertidos en famosos y respetados actores, actrices y directorxs argentinxs.

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