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Lunes 21 de Julio de 2008

Patriotas

El día que el Senado debatía qué hacer con las retenciones móviles había solo dos efectivos en el destacamento de la Prefectura Naval Argentina ubicado en la desembocadura del río San Antonio en el Iguazú, en Misiones. Eran suficientes. Sin más tarea que la de patrullar las aguas de cuando en cuando para ahuyentar la presencia de cazadores y pescadores furtivos...

El día que el Senado debatía qué hacer con las retenciones móviles había solo dos efectivos en el destacamento de la Prefectura Naval Argentina ubicado en la desembocadura del río San Antonio en el Iguazú, en Misiones. Eran suficientes. Sin más tarea que la de patrullar las aguas de cuando en cuando para ahuyentar la presencia de cazadores y pescadores furtivos, y la de verificar la altura del río que fluye hacia las cataratas, 50 kilómetros más abajo, ambos se aburrían mientras tomaban mate y contemplaban un paisaje deslumbrante para el visitante pero demasiado habitual para ellos. La tarde era hermosa cuando me recibieron.

En la guardia había un televisor encendido. Contaminado por el hábito enfermizo de querer saber siempre qué pasa en la realidad, di por hecho que los dos hombres de la Prefectura estarían viendo los discursos de los senadores. Nada de eso. La tele estaba sintonizada en un canal brasileño, aunque sin volumen, mientras una radio de fondo acercaba desde otro despacho música. También brasileña.

Estábamos a 300 metros del límite con Brasil y sé (porque viví allí) que en ese sitio lejano las fronteras muchas veces sólo existen en los mapas. Sin embargo, no pude resistir preguntarle a los dos efectivos de guardia si no les interesaba saber qué estaba ocurriendo aquel día en el Senado. Hice bien, porque de lo contrario me hubiese marchado con una idea equivocada. "Acá no se puede ver ningún canal argentino", fue la respuesta. En Andresito, el pueblo más cercano, a 10 kilómetros de ese confín del país, hay televisión por cable y los usuarios pueden ver los mismos canales que vemos en Rosario. Pero el coaxil no llega hasta el destacamento de Prefectura, donde dos efectivos por turno se aburren contando las horas y viendo la televisión o escuchando la radio brasileña.

Un rato después, cuando volví al pueblo, me senté delante de la tele para ver cómo seguía todo en el Parlamento. Oí a un par de senadores repetir palabras como patria, República, Nación y otras por el estilo. Parecía lógico, ya que discutían sobre un tema estratégico como los impuestos que debe pagar el campo por sus exportaciones. No soy precisamente un patriotero sino más bien lo contrario, pero en un momento me acordé de aquellos dos efectivos de la Prefectura con los que había estado un rato antes. Pensé: esos sí que hacen patria, como tantos otros argentinos que viven en el país profundo. Y lo bueno es que jamás la declaman.

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