Ovación
Lunes 11 de Julio de 2016

Pases, sólo se trata de cumplir

La legislación sobre transferencias establece normas que en Argentina se flexibilizan y generan divergencias entre jugadores y clubes.

En el actual mercado de pases, las desvinculaciones de jugadores compitieron en espectacularidad con la contratación de refuerzos. No necesariamente por lo rutilante de los nombres en danza, sino más bien por el método. También resulta sorprendente la cantidad de términos leguleyos y técnicos que aparecieron en el vocabulario futbolístico. Esto viene a cuento a propósito del tembladeral que provocó la ida de Marcelo Larrondo de Central. Con el antecedente cercano del caso de Alejandro Donatti. A saber.

   Un club y un jugador se vinculan sólo por un contrato laboral. Por eso referirse a la venta o compra de un pase es una definición equivocada, anclada en una vieja legislación. Hoy todo dinero que se eroga o se recibe en torno a un futbolista es por la contratación o rescisión del vínculo de trabajo. Contrato que tiene un límite establecido y algunos de ellos una cláusula de rescisión, la que se establece a pedido del futbolista y por concesión del club y que es facultad del jugador activarla. ¿Puede el club negarse a fijar una cláusula de rescisión? Sí. ¿Puede el jugador negarse a firmar un vínculo sin cláusula? Sí. Pero también el monto de esa cláusula puede acordarse para evitar perjuicios a futuro de una de las partes, y debe ajustarse a la cotización del mercado de ese integrante.

   El club que cuenta con los derechos federativos del futbolista a través de un contrato, con una duración de entre uno a cinco años, tiene la potestad de negociar con otro club interesado en el jugador un monto para rescindir el vínculo preexistente (lo que mal llaman la venta del futbolista), es por ello la importancia de que los directivos de los clubes negocien con anticipación de un año y medio la renovación de los contratos vigentes, ya que es el único reaseguro para no descapitalizarse.

   En este sentido muchos errores dirigenciales estuvieron vinculados con la especulación, relacionada con el rendimiento del futbolista, quien también especula, es por ello que cuando un club no renueva antes del año de vencimiento del contrato, cada parte hace valer su derecho. Esto es por plata, dijo alguna vez un entrenador. Y es así. Recordemos que seis meses antes de la caducidad el jugador puede acordar a futuro una relación laboral con otra entidad y es aquí donde algunos clubes resignan la potencialidad del futbolista impidiendo que culmine su vínculo jugando. En otras palabras, "lo cuelgan por seis meses", decisión que no le sirve a ninguna de las partes y daña a ambas.

   Para ejemplificar esto vale recordar lo sucedido con Robert Lewandowski, quien pasó del Borussia Dormund al Bayern Munich en condición de libre seis meses después de que su club rechazara dejarlo ir previo pago de los 25 millones de euros de la cláusula de rescisión. Firmó en enero de 2014 contrato con el club bávaro, medio año antes de que finalizara su relación con el Borussia, pero jugó con esa camiseta hasta el último partido de la temporada, mayo de 2014, y se fue ovacionado por la hinchada aurinegra.

   Aunque parezca burdo el ejemplo, no utilizar a un jugador los últimos seis meses es como irse de una vivienda seis meses antes de que culmine el contrato de alquiler, el que se deberá pagar de todas maneras.

   Esto sucede porque en la Argentina las normativas se flexibilizan de tal manera por interpretación y/o aplicación que terminan muchas veces perdiendo su esencia o no cumpliéndose. Así en las cuestiones de la vida cotidiana como en el fútbol. Los directivos establecen condiciones que luego intentan no cumplir o buscan justificarse cuando el resultado no es el esperado. Como así determinados intermediarios y futbolistas, quienes terminan expuestos por declamar un amor por una camiseta más por demagogia que por sentimiento.

   Desde la actualización del convenio colectivo de trabajo que al fin hizo la AFA en 2009 han surgido divergencias entre clubes y jugadores. Empleador y empleado. Conflictos que dejan en evidencia que todavía las partes no terminan de adecuarse a la modalidad. Muchos por especulación, otros por increíbles actitudes de no querer cumplir lo que acuerdan. Algo habitual en el día a día del fútbol argentino. De ahí los problemas de estos tiempos para renovar vínculos y también la aplicación de la cláusula de rescisión, dos aspectos que a menudo son noticia.

   A mediados de 2008 el comité ejecutivo de la AFA, con Julio Grondona a la cabeza, disponía adecuar la relación laboral de clubes con futbolistas como lo ya lo establecía la Fifa y como regía desde hacía tiempo en Europa y también en México. La desaparición de la cláusula de renovación automática por dos años con el 20 por ciento de aumento para los contratos a jugadores mayores de 23 años y la protección económica a los clubes a través de los derechos de formación para los menores de esa edad fueron las dos decisiones salientes que se consensuaron.

   Esa nueva normativa fue homologada por el Ministerio de Trabajo y comenzó a regir a partir del 1º de julio de 2009. Así se actualizó el convenio colectivo de trabajo que databa de 1975, para brindarles mayor protección a los clubes dueños de los derechos federativos de los jugadores menores y también a los futbolistas para ser dueños de su libertad laboral.

   Las críticas situaciones que se plantearon con los futbolistas Oscar Ahumada (River), Martín Bravo (Colón) y Hugo Barrientos (Huracán), que una vez terminados sus contratos pretendieron hacer valer la libertad de contratación, fueron precisamente los disparadores de esa reunión de características tan especiales que se planteó en AFA y que de una buena vez llevaron a adecuarse al reglamento Fifa.

   Siete años después todavía siguen los conflictos por situaciones contractuales. Y por intereses económicos y políticos. Pero sólo se trata de cumplir y hacer cumplir lo que se firma. Así de simple.

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