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Domingo 20 de Septiembre de 2015

Parece que duerme

El mar le moja las zapatillas azules. Él no siente frío. No lo perturba el roce de la espuma, ni el vaivén de las olas.

El mar le moja las zapatillas azules. Él no siente frío. No lo perturba el roce de la espuma, ni el vaivén de las olas.

Parece que duerme sin que nadie lo arrulle. Hay niños que son capaces: dormirse solos, quién sabe cómo. La conciencia transparente, sin abrazar un amuleto.

Parece que duerme con las manos vacías sobre la arena. Arrorró niño de nadie. Las manos sobre la arena como en un juego.

Parece que duerme mientras el mar engulle los cuerpos de quienes no tienen derecho a ninguna costa.

Parece que duerme cansado del viaje que no termina.

Parece que duerme y nada lo despierta.

Parece que duerme a la sombra de Europa.

Parece que duerme y no sabemos qué hacer.

Parece que duerme mientras un hombre paga zapatos de cuero italiano, en una tienda de Estambul, con su tarjeta de crédito dorada.

Parece que duerme mientras destapás una cerveza rubia y creés que duerme.

Parece que duerme en las pantallas de miles de dispositivos móviles y en las portadas de todos los diarios del mundo, que mañana serán papel en la basura.

Parece que duerme y otro barco zarpa buscando vida en ninguna parte.

Parece que duerme en el fin del mundo.

Parece que duerme en vez de construir castillos de arena bajo el sol.

Parece que sueña.

Parece que duerme y el mundo no se detuvo, el dinero atravesó fronteras; bancos y mercados protegieron y engrosaron las finanzas de los hombres prósperos. Algunos niños fueron a la escuela. Innumerables madres dejaron a sus hijos en la guardería y llegaron a horario a sus trabajos. La alarma sonó como todas las mañanas y te despertaste, compraste pan y leche, y...

Parece que duerme mientras todos lo miran sin que él lo sepa.

Parece que duerme.

Dormido, parece.

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