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Domingo 05 de Julio de 2015

Paraná

Parecido al mar, Paraná, la etimología guaraní: para, mar; ná, semejante.

Parecido al mar, Paraná, la etimología guaraní: para, mar; ná, semejante. La trillada semántica del infinito albergando todas las formas de la dicha: el albardón, el pajonal, el meandro, la boga, el madrejón y hasta una Hydra exiliada de la Atlántida perdida: una sirena o ballena, desastrada, que confundió el río marrón con el mar azul y que no pudiendo volver atrás, por la demora o la deriva, acabó enamorada del aura del sauce de Juanele. De todo se debe culpar al deseo. Y qué decir de aquel Señor de Zama (Antonio Di Benedetto) olvidado a orillas del río, abismado como su autor en un oscuro consulado del Paraguay a fines del siglo XVIII, desembocando en el poema: ni un contable español de la empresa de conquistas y saqueos, pudo evitarlo. Con sólo la lista de precios del paisaje quedó la epifanía: barranca, orilla, limo, sirga, remanso, furia, sequía, canoa, biguá, porongo y hasta el puente nuevo y la tecnología, si se los piensa, de noche, con su collar de luces, no son sino aquella tiara de los peces de plata que dibujaron los guaraníes.
No hay modo de que el Paraná no sea un poema, el más bello punto de fuga para la raza de los soñadores que vivimos cerca de su rumor y su vaivén. Saber que está ahí, tener que echarle un vistazo todos los días, saquearlo, beberlo, nadarlo, no es sino la visión de la libertad y la infinitud. Y aun odiándolo, por aquellos que se nos han ahogado en el intento, un día entendemos que la libertad o la dicha, a menudo, se confunden con la impaciencia.
Los ahogados suelen ser los más atolondrados hacia ese punto de fuga: el horizonte del río es blando, moviente, nos lleva más allá de las islas. Donde queda el paraíso,  pero no el de la metáfora, ni el del entretenimiento o la leyenda. No. No, lo que hay más allá de las islas es el tiempo: tener el Paraná es lo mismo que llevar en el bolsillo una puertita de eternidad. Un río así es una puerta mágica, pero voluntaria, propia, para confirmar la libertad, el verdor, el sinfín.
El Paraná es en su llanura o sus recovecos, un continente que aún no está en los mapas, un lugar ideal para perderse los fugitivos: es como nuestro Cien años de soledad, cada una de sus horas dura por tres; su diafanidad permite alcanzar lo invisible y el fulgor del verde nos deja siempre a mano el salvaje inocente.
Vivimos frente al paraíso perdido, y sin embargo, nos lo tuvieron que avisar dos visitantes ilustres, García Lorca y Oriol Bohígas, los dos dijeron más o menos lo mismo: ¡a quién se le ocurre, una ciudad de espaldas a este río...!
Y no es casual que las mayores narrativas y poéticas nuestras se hayan hecho a su alrededor: su camino inmóvil, su vagabundeo, su escasez, su abundancia, la deriva, la demora, la dicha y la fuga: Onetti, Saer, Di Benedetto, Juan L. Ortiz, Beatriz Vallejos, el Chacho Müller, Fander y hasta Cortázar y Bioy, cuando debían salvar lo insalvable, les hacían cruzar el río a sus personajes. Y hasta los que pasaron por aquí una sola noche (Graham Greene, Carver, Arlt) no pudieron escribir de otra cosa.
     Y yo mismo, aunque sea apenas un grumete, por fin pude escribirte también: porque a los ocho años, en tu playa, La Florida, conocí el amor: mi maestra de tercer grado, Lucrecia, no se dio cuenta de que yo empezaba a escribir. Porque pescaba mojarritas y sábalos en el Rowing de Arroyo Seco. Anguilas, con los dedos en la orilla y una mujer con las manos, por ahí. Porque mataste a Gustavo en Villa Diego, en un remanso del camping de la Vigil. Fines del 74, antes del fin. ¡Qué eufemismo es la palabra remanso! Como seguir viviendo después de muerto o cuando los tíos demoraban el hambre con la pesca, los domingos parecía un juego hacer chupín. Porque sos la memoria de Rosario, que es mi casa y la de todos, acá. Porque tu olor y tus cabellos de ondina son el horizonte, la música, la utopía. Yo no puedo quererte más, río, pero te quiero y no sé si algún día podré perdonarte. Conformate, Paraná, con saber que todos los días voy a verte. Yo soy la sirena extraviada, para mí sos como el mar.

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