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Sábado 03 de Octubre de 2009

Paraíso

Algunos creen que está en otra parte. Y afirman con seguridad que vendrá después de esta vida si durante esta vida, claro, nos portamos bien.

Algunos creen que está en otra parte. Y afirman con seguridad que vendrá después de esta vida si durante esta vida, claro, nos portamos bien.
Otros, que también confían ciegamente en las recompensas del futuro, aseguran que llegará cuando el proletariado imponga su reino, después de la revolución, esa revolución que sigue siendo un sueño.
El poeta Ezra Pound dijo que bastaba con escuchar al viento: “Let the wind speak. That's paradise”, escribió el genial nativo de Hailey, Idaho. La frase le gustó a Onetti, a tal punto que le sirvió para titular su última novela.
Modestamente, creo que Pound tiene razón. Aunque el viento sea intercambiable. El sábado, por ejemplo, fui a caminar por el parque Urquiza. El sol me acariciaba como sólo puede hacerlo en un día de primavera. Los lapachos estaban en flor y los pétalos temblaban en el aire tibio. Había barriletes en el cielo azul. Y chicos que los miraban con asombro.
El almuerzo fue sencillo, pero lujurioso. Verde ensalada, una tarta crujiente y a la vez esponjosa, un vino rosado fresco (nada especial, se consigue por módicos cinco pesos). De postre, un flan de chocolate. Eso sí, todo casero. Vale la pena usar las manos.
No hace falta sumar detalles. Pero sí podría ayudar una lista de las cosas que hacen deseable estar vivo, al menos para mí (la idea original es de Woody Allen en “Manhattan” o de Peter Handke-Wim Wenders en “Las alas del deseo”). A ver: la música (Mozart, Bill Evans, Van Morrison, Goyeneche), el cine (Hitchcock, Truffaut, los mismos Allen y Wenders, el western spaghetti), la ternura de los hijos, la ciudad en otoño, los amarillos de Van Gogh, el “Peralito en fiesta” de Musto (que está acá nomás, en el Castagnino), el asado sobre la parrilla, el amanecer en la ruta, el coñac, la sonrisa de los que queremos, los pimientos rojos, los delantales blancos. Los caramelos masticables. El aroma de los jazmines. La noche de los barrios. Las novelas policiales. Jean Seberg. Los trenes. Los pies de la mujer amada. Entrar en el mar. Entrar en un bar. Oler la lluvia. Ver la luz al despertar. Sentir un escalofrío.
Algunos dicen que está en otra parte.
Yo, en cambio, creo que el paraíso está aquí.

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