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Viernes 22 de Junio de 2012

Para no olvidar "la ternura que genera jugar con títeres"

La educadora Elena Santa Cruz propone estos juguetes como medios expresivos de los más pequeños.

“La ternura que genera en los chicos jugar con muñecos, con títeres, es algo que la sociedad no está brindando, y que es fundacional en la infancia”, opina la educadora Elena Santa Cruz, especialista en nivel inicial, que en agosto próximo estará en Rosario ofreciendo un taller para docentes y directivos de jardín de infantes y primer ciclo de la primaria.

Este taller de “Títeres y movimiento: un entrelazamiento creativo” está pensado como una jornada de actualización educativa organizada por Homo Sapiens Ediciones. Será el sábado 18 de agosto, desde las 8 a las 17, en la sede de Gobierno de la UNR, Maipú 1065, y para participar hay que inscribirse previamente en Sarmiento 825, al 4243399, email: editorial@homosapiens.com.ar.

Junto a Elena Santa Cruz trabajará otra especialista en educación, Ana María Porstein. En este caso su taller será “De la expresividad lúdica a la expresión corporal”. Según indica Santa Cruz, “en la jornada los docentes rotarán de un taller a otro para compartir los mismos aprendizajes”.

Como un anticipo a lo que será su espacio sobre “El títere como puente lúdico y comunicativo”, Santa Cruz dice que lo que se busca “es habilitar la idea del títere como objeto intermediario, como puente al juego, sobre todo en un momento en que los chicos están jugando pero básicamente con elementos tecnológicos”. “Por eso queremos —continúa— recuperarlo porque les permite ser creativos a lo que quiere; y, por otro lado, el juego de objeto habilita a cualquier chico de cualquier clase social a poder realizarlo. Además, por la ternura que genera el juego con muñecos, con los títeres, algo que la sociedad no está brindando, y que es fundacional en la infancia”.

—Es decir, ¿un objeto que da la posibilidad de expresarse?

—Justamente queremos que las docentes puedan recuperar aquel juego infantil. También que podamos pensar desde los metodológico, qué sistema de manejo es el más apropiado para cada edad, para cada circunstancia, y el títere como puente a la resiliencia.

—¿Cómo es esta idea del títere como puente a la resiliencia?

—La resiliencia es una capacidad que tenemos los seres humanos de sobreponernos a la adversidad y salir fortalecidos. Siempre digo que nosotros no podemos evitarles a nuestros seres queridos que sufran, pero sí podemos ayudarlos a que se posicionen antes esos hechos, frente al dolor. Los talleres de títeres, desde esta mirada, lo que buscan es la construcción y una mirada positiva, de mediaciones pacíficas de conflictos, de apuntalar las cualidades de la resiliencia que son, por ejemplo, la autoestima, el humor, la cooperación.

—¿Es común este tipo de propuestas en las escuelas?

—Siempre creo que hay mucho por hacer, pero yo viajo casi todos los fines de semana por todo el país y lo que observo es que en todos los docentes hay una gran apertura a buscar una educación inclusiva, abierta y creativa. Tengo una visión muy esperanzadora a partir de lo que estoy viendo. Los talleres permiten conectarse con los deseos más íntimos de por qué eligieron ser docentes. Por eso uno de los objetivos de los mismos es ofrecer un abrazo al docente, darle energía para que se reencuentre con aquel día que eligió la carrera y que creía que podía cambiar el mundo. Con los años vemos que no cambiamos el mundo, pero con que podamos ayudar a un chico a encontrar un camino de mayor felicidad, ya vale la pena la carrera docente.

—Esa posibilidad de ofrecerles a chicos desde lo cotidiano un acto de amor, de cariño, ¿posiciona a la escuela en un lugar diferente frente a la sociedad?

—Por supuesto. La escuela es un derecho inalienable para el niño, un lugar donde se pueden construir nuevos paradigmas de lo que son las relaciones humanas, un nuevo modo de vivir. Muchos chicos encuentran en la escuela un referente que no tienen en otro lugar, y es además un espacio de contención. La escuela ofrece esa posibilidad diferente en una sociedad que a veces está mirando para otro lado con lo que le pasa a la infancia.

—Hay coincidencias en que el nivel inicial es clave para asegurar una mejor escolaridad a los chicos. ¿Este tipo de propuestas lúdicas pueden contribuir a afianzar esa idea?

—Todo lo que construya la integridad de la persona le va a posibilitar avanzar en la vida con mucha más fluidez, independientemente de lo que es el tránsito por la escuela tradicional o pasar por una primaria con mayor tranquilidad. Creo que lo que estamos haciendo es intentar poner pilares para su vida que le permitan sentirse más seguro de sí mismo, que sepa que es un ser valioso, porque esto permitirá que en la adolescencia, ante las distintas propuestas, a veces muy tristes que la sociedad le hace a los adolescentes, sepa que es un ser que vale, que merece lo mejor y puede ser generador de un proyecto de vida saludable y feliz. Cuando un niño en su primera infancia no recibe amor, ni atención ni posibilidades expresivas para decir lo que siente es mucho más fácil que su autoestima caiga, y eso es carne de cañón para muchísimas situaciones que estamos cansados de ver en tantos jóvenes y que no deseamos.

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