Cartas de lectores
Martes 14 de Febrero de 2017

Para hablar, hay que ir a las fuentes

Meditando en las declaraciones de la monja Lucía Caram sobre María, y la reacción de la Iglesia oficial, visualizo como una aberración el priorizar el dictamen de una asamblea humana como el Concilio de Constantinopla del año 553, dejando de lado las Sagradas Escrituras las cuales son muy claras respecto al tema abordado por la religiosa. Una cosa es la concepción virginal de María por obra y gracia del Espíritu Santo, quien engendró en su vientre a Jesús, tal como leemos en el Evangelio de Lucas 1: 26 al 35; y otra cosa muy distinta es el proclamar la perpetua virginidad de la misma como se afirma en dicho Concilio como dogma irrefutable. La Biblia revela que después de ser visitada por el ángel Gabriel, María virgen concibió del Espíritu Santo y dio a luz al Salvador del mundo, pero también revela que después de ello, más adelante, ella tuvo otros hijos e hijas con José, a los cuales se menciona como "los hermanos de Jesús", lo cual claramente se lee en Mt.13:55 y 56. El sexo es creación divina y por lo tanto es "bueno en gran manera", siempre y cuando se lo ejerza dentro del marco diseñado por el Creador del mismo, es decir dentro del matrimonio entre un hombre y una mujer. Ese es el plan divino, y María y José se ajustaron al mismo, unidos en una sola carne, tuvieron hijos y formaron una familia. Ella es y será bendita por siempre entre todas las mujeres, dado que fue el instrumento divino escogido para la encarnación de Jesús, y toda su vida es un ejemplo edificador. Puede creerse o no en Dios y su Palabra, pero jamás debemos confundirlos con construcciones humanas falibles e imperfectas, cuyos desvíos, aberrantes algunos, muchas veces pretenden invalidar los preceptos divinos. Vayamos a la fuente y escuchemos a Dios porque escrito está: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis Palabras no pasarán" (Mt.24:35).

Raquel Pierri

DNI 4.628.115


N. de la R: Hace unas semanas, en un programa de televisión de España, la monja argentina Lucía Caram puso en duda la virginidad de María. La religiosa afirmó que la madre de Jesús no fue virgen, tras lo que fue desautorizada por el Obispado al que pertenece su congregación dominica.

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