La ciudad
Viernes 02 de Diciembre de 2016

Para cuatro de cada diez chicos la calle no es un lugar seguro

El espacio y los barrios donde viven, sus familias y la escuela, fueron los ejes de una encuesta realizada entre 3.200 niños de 8, 10 y 12 años.

Los chicos santafesinos le pusieron voz a una encuesta donde ellos fueron los únicos protagonistas. Contaron cómo y con quién viven, si se sienten protegidos y juegan con ellos, sus amigos y sus cosas. Sobre la escuela, sus actividades preferidas. En torno a su barrio, los espacios de juego y cómo se sienten en la calle, quizá uno de los lugares donde se sienten más vulnerables. Casi cuatro de cada diez afirmaron no sentirse protegidos al caminar por su barrio y, tomando las respuestas de los más grandes —alumnos de séptimo grado— ese número ascendió a casi 5. Los espacios de juego cerca de la casa, también son un déficit para casi el 30 por ciento de ellos. Y las propias escuelas son el lugar donde entre el 30 y el 40 por ciento sufrió maltratos, destratos o burlas.

"Es evidente que el ambiente y la vía pública que los adultos ofrecemos no son los que los chicos quieren, y eso interpela al Estado", aseguró la defensora de Niños, Niñas y Adolescentes, Analía Colombo, al presentar los resultados de la Primera Encuesta Provincial de Bienestar Subjetivo.

El trabajo, que se hizo público ayer con la presencia del gobernador Miguel Lifschitz, se realizó entre 3.200 chicos de toda la provincia, de 8, 10 y 12 años, y se llevó adelante en 64 escuelas urbanas y rurales, con chicos de tercero, quinto y séptimo grado.

Desprotegidos. Que el 85,3 por ciento de los niños viva con su familia, un 14,3 por ciento lo haga con una familia que lo cuida y sólo 0,4 por ciento se aloje en residencias u hogares por encontrarse con medidas de protección excepcional es para la defensora de Niñez "una tranquilidad por un lado porque la gran mayoría están contenidos, pero interpela sobre esos entre 800 y mil chicos y adolescentes que están siendo seriamente vulnerados en sus derechos y que aún hay que atender".

Si bien las familias "tipo", integradas por mamá, papá y hermanos siguen siendo casi el 60 por ciento (57,4 por ciento) de las conformaciones en las que los chicos viven, también están los que habitan sólo con uno de sus padres (27,2 por ciento), en familias ampliadas (11,8 por ciento) u otros tipos que son poco más del 3 por ciento.

Sin embargo, respecto del espacio público, y fundamentalmente sus propios barrios, los chicos no se sienten tan seguros. El 35,7 por ciento respondió no sentirse protegidos cuando camina por su cuadra y, si se toman las respuestas de los chicos más grandes, es decir los alumnos de séptimo grado, ese porcentaje asciende al 44,5.

"Un chico más grande, que tiene mayor autonomía progresiva y que tendría que tener una relación amigable con la calle, se siente más desprotegido a medida que crece, eso debe interpelarnos como adultos, como sociedad y como Estado, fundamentalmente a quienes somos decisores de políticas públicas", recalcó la titular de la Defensoría, y afirmó que "este dato preocupante, sobre todo en los barrios más vulnerables de las grandes ciudades, muestra a las claras que no se está ofreciendo a los chicos el ambiente y la vía pública que ellos quieren".

Juego y escuela. Si bien para muchos los espacios de juego son un derecho garantizado, también se ponen de manifiesto las deficiencia del espacio público que los chicos habitan. De hecho, casi el 30 por ciento de los niños que respondieron la encuesta aseguraron que en sus barrios no hay suficientes áreas de juego, fundamentalmente los chicos de los ámbitos urbanos.

"A esa situación se suma que, al hablar de entretenimiento y el juego, el 82 por ciento dijo estar solo frente a un televisor. Eso también interpela a los adultos", detalló Colombo.

La escuela tampoco es un ámbito de juego y aprendizajes para muchos: el 30,5 por ciento fue alguna vez maltratado por sus pares, casi un 40 por ciento fue dejado de lado y cerca del 50 por ciento fue víctima de burlas. "Los chicos reproducen el mundo adulto, donde la burla, por ejemplo, es algo cotidiano —indicó la funcionaria—. Hay que pensar en cómo darles herramientas para que resuelvan esos conflictos de una manera no violenta".

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