Opinión
Lunes 25 de Julio de 2016

"Panem et circenses"

Nada de amistad. En la semana dedicada a uno de los sentimientos más nobles que puede experimentar el hombre, los dirigentes políticos estuvieron lejos de dar ejemplo de convivencia armónica. Cruces Macri-Lifschitz y problemas con el fútbol.

En la semana de la amistad, cuyo día específico cayó en el medio, los argentinos —los santafesinos— se las arreglaron para sortear la crisis de costos altos e igualmente reunirse, estrecharse, reconciliarse si fuera el caso. En fin, pasar un buen momento. El mejor si fue posible, en homenaje a esa manifestación especial de la coexistencia pacífica y fraternal entre las personas. Inventada, precisamente, por un argentino para conmemorar la llegada del hombre a la Luna, como símbolo de paz y convivencia: Enrique Ernesto Febbraro. Actualmente más de un centenar de países celebran la iniciativa de aquel profesor de psicología, músico y odontólogo de Lomas de Zamora, que falleció en 2008.

Tristemente, como parece ser habitual en este país, otro fue el temperamento de sus dirigentes. Esos que, se suponen, dirigen a la gente desde su ejemplo y su palabra. Es decir, desde la dialéctica y la acción. Ellos que deben presidir y gobernar, hicieron todo lo contrario. No es necesario que sean amigos entre sí, pero tampoco un protagonismo negativo yendo en contra del espíritu de la semana que embargó a casi todos los habitantes comunes.

Gestos, claro, que son minúsculos e intrascendentes en los círculos estelares del poder pero hacen que el ciudadano no sienta al dirigente como uno más del conjunto que por ser tal (uno de nosotros) depositó en él la confianza de manejar los asuntos públicos.

No hablamos sólo del celebérrimo cruce de agresiones entre el presidente Mauricio Macri y el gobernador Miguel Lifschitz —abonado encima por las cohortes de cada uno tratando en cada caso de hundir un poco más el florete de su esgrima verbal— que ha paralizado para los santafesinos la vida nacional y provincial, a la vez. Como si no existiese otra cosa que lo que se dicen uno al otro el presidente y el gobernador. Si no también de lo que pasó entre las máximas autoridades de los clubes de fútbol más importantes de la ciudad de Santa Fe.

A la inmensa mayoría les molesta hasta la irritación la pelea de quienes deben "dirigirlos" hacia un horizonte de estabilidad y calma cuando, precisamente, el presente carece de tales seguridades.

Es uno de los rasgos mas llamativos de la política, y lo fue en todos los tiempos (bastaría releer las Cartas a Tito Livio), que sus figuras referenciales necesiten diferenciarse agrediéndose entre sí aun a sabiendas de que es esa confrontación la que más tirria les granjea entre sus eventuales electores e incluso seguidores. Máxime en tiempos de crisis en los que las urgencias de éstos los hace presuponer a aquellos inquietos y ocupados en resolverlas.

"Panem et circenses". Literalmente se podría traducir esta locución latina como "pan y juegos o espectáculos en el circo". Tiene una connotación peyorativa. Entre otras razones para reprochar a quienes tienen responsabilidad de conducir, construir y resolver problemas que sólo se queden en la superficialidad de contentar momentáneamente a la población con distracciones pasajeras.

La frase proviene de la Sátira X de Juvenal, un poeta romano del siglo I que critica la práctica de los emperadores de regalar trigo e ingreso a los juegos circenses (carreras de carretas, luchas de gladiadores, etcétera) como forma de mantener al pueblo distraído de la política.

Dice Wikipedia que Julio César mandaba distribuir el trigo gratuitamente, o venderlo muy barato, a los más pobres, unos 200.000 beneficiarios y que tres siglos más tarde, Aureliano continuaría la costumbre repartiendo a 300.000 personas dos panes gratuitos por día.

Haya sido o no así, equivale en la actualidad al "pan y toros" de los españoles o al "pan y fútbol" de los latinoamericanos. Un estado en el que los políticos o mandatarios dan a los gobernados pan (alimento, comodidades) y circo (entretenimiento) para que así no vean que realmente está mal o los problemas que haya.

Según los macristas, el kirchnerismo hizo Fútbol para Todos y un festival de subsidios para disimular sus latrocinios. De acuerdo a lo que acaba de responderles Cristina Kirchner al hablar con cadenas extranjeras en las últimas horas, esa es una acusación del gobierno actual (montando el circo de la corrupción kirchnerista) para disimular que transfiere recursos a elites beneficiadas en perjuicio de las clases medias y populares, que deben pagar el costo de tales medidas.

Si no hubiera mediado una llamada del gobernador Miguel Lifschitz —que la convirtió en una cuestión política— al presidente del Club Atlético Unión de la ciudad capital, Luis Spahn, tal como éste se preocupó de darlo a entender; la polémica que entablara con su par del Club Atlético Colón, José Vignatti, quedaría en lo anecdótico.

Demostrativa de todos modos de cómo las especulaciones de los dirigentes pueden colisionar con los deseos de sus propias huestes: los aficionados colonistas se congregaron frente al club para rechazar la negativa de Vignatti a jugar el clásico con su eterno rival y perder por abandono. Estos, los "sabaleros", vienen de perder dos clásicos con los "tatengues" (unionistas).

La prensa deportiva entiende que por esa razón Vignatti, luego de haber jugado la Copa Santa Fe hasta llegar a cuartos de final, decide desconocer las fechas pautadas de antemano en el cronograma del torneo y exige otras, más ventajosas a su realidad. Unión reacciona y se pasan la semana de la amistad actuando del modo que ellos mismos suelen reprocharle a sus hinchadas cada vez que piden coexistencia pacífica, tolerancia, etcétera.

De la misma manera, los analistas políticos bucearon sin cesar en las últimas horas tratando de dar con las razones de la estocada con que Macri sacudió a Lifschitz y desacomodó a los socialistas, que hasta ese momento creían que con sólo incidir en la interna radical santafesina les alcanzaría para neutralizar los efectos perjudiciales para sus planes futuros que les pudiera ocasionar el afianzamiento de la coalición Cambiemos, entre el PRO y la UCR.

Dos preguntas no he visto que se formularan. ¿Qué hubiera pasado con esa crítica si nadie del socialismo y sus aliados la hubiera respondido o el propio Lifschitz la hubiera minimizado restándole cualquier trascendencia? ¿Qué tentó tanto a los socialistas a no dejar de gritar su rebelión a la intención disciplinadora del presidente en lugar, simplemente, de ignorarla?

Quizás no valga la pena especular pero si Lifschitz hubiera dicho: "Quédese tranquilo presidente que mi intención es trabajar en equipo", Macri ¿habría tenido espacio para insistir o chicanearlo buscando intersticios de internas socialistas al diferenciar la actitud del gobernador de la que tiene la intendenta Fein para con la administración de Cambiemos?

Ante el segundo interrogante, Maquiavelo viene otra vez en auxilio. La estatura la dan los enemigos, no los aliados. Cristina jamás le dio estatura de adversario a ningún dirigente político y en cambio se peleó casi ocho años con esa entelequia que es el "poder mediático" al que le dio el rostro que mejor le convino. Cuando Carrió o algún otro político de alto perfil la fustigaba mucho, ella optaba por polemizar con Macri —entonces casi silencioso alcalde bonaerense— por el boleto del subte, por ejemplo.

Si el PRO y Macri son el límite ideológico que el socialismo dice que no cruzará, y éste los confronta de modo abierto y con la repercusión mediática nacional que tiene todo lo que un presidente dice y hace, resultó irresistible responderle. Aun cuando se pueda pensar en el desatino de que Macri haya buscado crear una pelea ficticia, como la de las estrellas del espectáculo cuando necesitan recuperar la atención de las plateas sobre sí o restárselas a otros. Al fin y al cabo todo aquel al que un presidente suba (o deje subir) al ring coprotagonizará el espectáculo central.

El final del receso invernal pondrá a legisladores socialistas esta semana de cara a los macristas pero también a los radicales, cuyo presidente ha reiterado que su partido no piensa que sea momento para reformar la Constitución provincial. El clima dirá allí hasta dónde estas disputas han mellado la coexistencia pacífica vivida hasta ahora.

El desatino deportivo al que avanzaba la Copa Santa Fe lo habría frenado el supuesto llamado del gobernador a Spahn pidiéndole que acepte jugar el clásico en la cancha; cuya fecha debió ser el sábado pasado y por eso Unión reclamaba los puntos y la eliminación de Colón. Por ello, Spahn se reunió con Vignatti y se sacaron un foto dándose la mano como buenos amigos.

La Casa Gris salió a salvar la idea de su circo propio, que concebida como entretenimiento masivo amenazaba convertirse en un escándalo de proporciones. Bastaba ver los intercambios en las redes sociales entre hinchas de uno y otro equipo capitalino para temer un final que podría ser cualquiera menos el de un festejo tras un cotejo ordenado y concebido como una justa deportiva.

Horas antes, en Rosario, el ministro de Gobierno, Pablo Farias, y la intendente, Mónica Fein, posaban orondos junto a los presidentes de Newell's y Central, Eduardo Bermúdez y Raúl Broglia, respectivamente, en aras de un clásico rosarino en el marco de la Copa Santa Fe, "en paz y convivencia".

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