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Sábado 09 de Enero de 2010

País de dos

El amor es un país de dos. No entra nadie más. Las fronteras están demarcadas por el deseo. Y el deseo es del otro, sólo para el otro, se cierra sobre el otro para abrirse en su cuerpo.

El amor es un país de dos. No entra nadie más. Las fronteras están demarcadas por el deseo. Y el deseo es del otro, sólo para el otro, se cierra sobre el otro para abrirse en su cuerpo. Los dos cuerpos se harán uno solo. Aprenderán a conocerse y a buscarse, a encontrarse y a soltarse, a cuidarse y a nombrarse. Harán una suave ceremonia de cada beso. Construirán, en cada caricia, una casa. Y pelearán a brazo partido por la alegría, que es su única misión. La alegría es su responsabilidad y su sentido. La alegría es su cielo.

(Hace poco tiempo, cansado de mí mismo, escribí: debo aprender a tomar lo que se me da y dejar de hurgar en el fondo de pozos vacíos. Lo que está, es siempre visible. Y vivible. Basta de cavar en la sombra, de perseguir estériles fantasmas, de esperar que haya agua dulce en los desiertos de sal pura).

El amor es un país de dos. Es un refugio del mundo, pero también una puerta que se abre a la realidad para rehacerla y mejorarla. Es una luz que crece hacia adentro, pero que debe convertirse en faro. Los que se aman, aman mucho más que a quien aman. El otro es la ruta que lleva a todos. El otro es la gran metáfora del mundo, el resumen preciso de la totalidad, la fragancia divina. El pájaro donde crecen todas las alas.

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