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Sábado 26 de Diciembre de 2009

Padres que pelean por el lugar de sus hijos en la escuela

Tienen en común ser papás de chicos con distintas dificultades y haber peregrinado por varias escuelas reclamando un lugar de aprendizaje para sus hijos. Ahora decidieron dar un salto más en su objetivo: se unieron para hacer común el reclamo de que se cumpla el derecho a la educación inclusiva. Sus historias hablan de prejuicios y falta de políticas por parte del Estado. También de chicos etiquetados como "problema" que testimonian la no saldada deuda entre lo que dicen las leyes y lo que pasa en las aulas.

Tienen en común ser papás de chicos con distintas dificultades y haber peregrinado por varias escuelas reclamando un lugar de aprendizaje para sus hijos. Ahora decidieron dar un salto más en su objetivo: se unieron para hacer común el reclamo de que se cumpla el derecho a la educación inclusiva. Sus historias hablan de prejuicios y falta de políticas por parte del Estado. También de chicos etiquetados como "problema" que testimonian la no saldada deuda entre lo que dicen las leyes y lo que pasa en las aulas.

Al hijo de Viviana O’Connell le diagnosticaron "hiperactividad", un término sobre el que los mismos especialistas aún no logran ponerse de acuerdo. Eso implicó que deambulara por instituciones privadas y públicas hasta encontrar un banco. "Cuando estaba en primer grado me dijeron que no se adaptaba a la institución escolar y por eso no lo reinscribieron", recuerda. No todo terminó allí: luego de cursar en otro colegio que lo aceptó, pero le quedaba muy distante, pasó a un reconocido complejo educativo público donde no vivió la mejor experiencia: "Sólo tenían que fraccionarles las pruebas, porque su tiempo de atención era diferente al de otros alumnos, en dos años no lo logré nunca". Ahora la madre mantiene un juicio con la institución por trato discriminatorio hacia su hijo.

El niño finalmente llegó a la Escuela Nº 134 Cornelio Saavedra, una primaria pública que supo edificar —de la mano de la ex directora Florencia Seravalle— un verdadero proyecto de educación inclusiva. Aquí también llegaron los hijos de los demás papás que se dan cita para hacer oír su voz: Graciela Chávez, Claudio Pagura, Guillermo del Federico, Angel Baggioi, Ana María Orazi y Angela Gallega.

Preocupación común

A todos les preocupa ahora el destino de esta institución de Riccheri y Pellegrini que, según describen, corre el riesgo de cerrarse como tal. "Encontramos allí un verdadero equipo de docentes comprometidos, pero que también sabían cómo abordar la enseñanza de nuestros hijos", dicen. Un proyecto que defiende Angelita, la mamá de un joven discapacitado que cursó en la 134.

Otro dato en común que comparten estos papás es que sus hijos no padecen una discapacidad expuesta (como puede ser el de una persona con discapacidad visual o congénita), algo que insólitamente les hace más difícil conseguir un lugar en la educación común.

Graciela y Claudio son los papás de un adolescente que padece —por su enfermedad— cierto retraso piscomotriz e intelectual. También pasó por varias escuelas. "Sólo lamentamos el tiempo que nos hicieron perder, tanto fue que nuestro hijo tiene 14 años y aún no está alfabetizado", confiesa la mamá visiblemente dolida.

Angel es docente y papá de un adolescente de 15 años que está en la secundaria. También su padecimiento se trasladó por diferentes escuelas, siempre con el mismo pedido, que a esta altura de lo escrito y legislado resulta absurdo hasta mencionarlo: la oportunidad del aprendizaje. El padre no tiene dudas en atribuir la causa de esta problemática a la "falta de políticas educativas claras, continuas, comprometidas".

Educación común

A su lado se ubica Guillermo, papá de un nene al que su maestra de primer grado con mucho compromiso le detectó "cierta desatención" y que "demoraba más de lo común para terminar un simple trabajo". Al niño le diagnosticaron síndrome de Asperger. De ahí en más también se inició la pelea por la inclusión en la escolaridad común. Algo que al fin lograron.

Al tercer hijo de Ana María le pronosticaron dislexia. "Necesitaba sólo que las fotocopias estuvieran ampliadas, pero no hubo manera. En nuestro caso el padecimiento no fue sólo el rechazo a él sino también para toda la familia y sus hermanos. No fue lógico que llegara a contar cuatro hijos y tres escuelas diferentes", confiesa con aflicción.

Pedidos compartidos

Del relato de los padres se desprenden varias conclusiones en común: se trata de niños que deberían haber iniciado y terminado su escolaridad en la escuela común sin sobresaltos, si hubieran contado con el apoyo decidido de las instituciones y sus docentes desde el inicio. Todos tuvieron y tienen profesionales idóneos que acompañan sus tratamientos, incluidas maestras integradoras que apoyan el proceso de aprendizaje. "Eso nos lleva a preguntarnos qué pasa con esos chicos de padres cuyos recursos humanos y culturales no están a su alcance para reclamar", acuerdan los padres en voz alta.

La demanda excluyente es "que se cumpla la ley". "Nadie pide otra cosa diferente a eso, al cumplimiento de la legislación que contempla que se respete el interés de los niños. Hay tratados internacionales que avalan esta defensa, pero en la realidad nos encontramos con voluntades aisladas, con falta de proyectos y políticas claras", convienen los papás. Al final dejan una dirección de correo electrónico (padresporlaintegracion@hotmail.com), saben que hay otros que pasan por lo mismo, también que el lazo que los reúne es de un reclamo justo y unido al amor.
 

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