Ovación
Miércoles 02 de Agosto de 2017

Yanina Martínez y un regreso con gloria del Mundial de Londres

Volvió con dos medallas de plata. Con el técnico Martín Arroyo planean más entrenamientos y competencias para ella y otros destacados deportistas rosarinos con discapacidades.

Yanina Martínez volvió con dos medallas de plata del Mundial de Londres. Con el técnico Martín Arroyo planean más entrenamientos y competencias para ella y otros destacados deportistas rosarinos con discapacidades

La atleta rosarina Yanina Martínez por estos días no corre. No corre porque está cansada: de gloria, de viaje, de notas, de saludos y felicitaciones. Yanina Martínez, de 23 años y reciente bisubcampeona del Mundial de Londres, descansa y pasea. No saldrá a la pista por veinte días, porque así se lo permitió su entrenador Martín Arroyo, con quien llegó del Mundial de Deporte Adaptado de Londres la semana pasada con dos medallas de plata bajo el brazo.

Las ganó por llegar segunda en las carreras de 100 y 200 metros de la categoría T36 (parálisis cerebral). Yanina tiene estas dos nuevas medallas guardadas cuidadosamente en cajitas azules. Así la vio Ovación a su regreso: con los galardones a cuestas, en el estadio municipal, el lugar donde entrena todas las tardes junto a un grupo de destacados deportistas discapacitados. Yanina esta vez está de visita, no corre. Descansa y pasea tras un regreso con gloria.

Son las 16 y la única que está en la pista con vaqueros es Yanina, sus compañeros entrenan.

Brian Impellizeri, de 18 años; Belén Arce, de 18; Milagros Nuñez, de 19, y Sebastián Coronel, de 30, se especializan en distintas disciplinas: salto en largo, 100, 200, 1.500 y 5.000 metros. Son cuatro del grupo de 15 atletas que entrenan con Arroyo y también con Julio Taborda. La mayoría tiene parálisis cerebral, pero los hay con problemas motores por patologías de médula o amputaciones y unos pocos con discapacidad intelectual.

Algunos son tan experimentados como Yanina y entrenan todos los días (de 16 a 18), otros se incorporaron después de la conmoción mediática que disparó la rosarina con su medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río en 2016, y van a practicar tres veces por semana.

"Yo también voy a parar unos días porque en el vuelo de regreso me desmayé de tanto estrés. Hoy estoy acá con el resto del grupo porque hacía días que no los entrenaba. Brian tiene muchísimas condiciones, debería haber ido al Mundial, para mí es un talento importante y Milagros también es muy buena. Queremos que lo de Yanina les suceda a más deportistas. Los hay muy buenos y tenemos planificado con ellos un ciclo olímpico de trabajo: de acá a 4 años, al Mundial de Tokio", dijo el entrenador, el hombre al que la vida le cambió junto a Yanina, completamente, por el deporte adaptado.

El mismo lo cuenta. Por primera vez en doce años de entrenamiento lo sumaron a la beca de la Secretaría de Deporte de la Nación y pudo acompañar a Yanina a un Mundial. Pero además dejó de trabajar 15 horas por día como docente de educación física en la Técnica 2 y en la Vigil. Ahora, además de entrenar por la tarde, está por la mañana en la Secretaría de Deportes Federados Adaptados provincial, Dice que la repartición otorgó 40 becas en la provincia y cinco en Rosario (además de Yanina están Milagros Núñez, Anabel Moro, Fernando Carlomagno y Fernando Arregui, todos competidores en Río 2016).

Su función actual quedó en evidencia a principios de año cuando concentró y evaluó en equipo a otros 35 atletas de distintos clubes para un torneo internacional en Chaco. "Para alto rendimiento sólo quedaron seleccionados tres. Aún no podemos dedicarnos del todo a quienes están para un nivel de recreación: los derivamos a clubes como el Nueva Era, con Julio Taborda, que tiene disciplinas adaptadas como canotaje, escalada o tiro al arco", explicó.

La nena que no caminaba

A Yanina y a su familia también les cambió mucho la vida y la que lo cuenta con un recuerdo es la mamá de la atleta, Claudia Chávez.

"¿Logrará caminar para cuando tome la comunión?", dice que le preguntó al médico cuando Yanina tenía dos años y sólo se mantenía arrodillada porque tenía las caderas luxadas. La nena con cuadriplejia moderada no anduvo sobre sus pies hasta los tres años y medio y dejó la mamadera de papilla a los 5.

"Y ahora se trae dos medallas de un Mundial", dice Chávez, sentada en las gradas del estadio donde espera todas las tardes desde hace años a su hija mientras entrena.

Claudia tiene 45 años, está separada y vende lencería de manera ambulante. Vive con Yanina y sus otros dos hijos, Javier (de 22 años y a punto de ser padre) y Tamara (de 22) en una pequeña casa en barrio Belgrano. "Una pieza, un baño y una cocina", aclara la mujer que gracias al pase libre por discapacidad de Yanina acompaña a su hija cada tarde en los dos colectivos de ida y de vuelta que deben tomarse para ir y venir del estadio a su casa.

"Soñamos con la posibilidad de vivir alguna vez cerca del estadio, porque si no pasamos muchas horas fuera de casa. O merendamos en la casa de Martín, que vive acá cerca".

Es que Yanina sale a las 13 para entrenar y después va a la escuela (la Nº 528 vespertina de adultos) y no vuelve a casa hasta las 21. Está aprendiendo a leer y a escribir, sólo reconoce su nombre y copia. "Es muy prolija", dice la mamá".

El pase en el transporte público no era el único beneficio por discapacidad del que gozaba Yanina. Hasta el mes pasado también recibía la pensión nacional que retiró de golpe el gobierno de Mauricio Macri y que tras el reclamo popular debió restituirse.

"Llamaron del ministerio y me aseguraron que en agosto me iban a devolver lo que le debían con retroactivo y todo", dijo la mamá.

"Vamos a restablecer todos los casos en los que pudo haber errores", había aclarado la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Carolina Stanley, cuando dio marcha atrás. La promesa sigue en pie,

La madre de Yanina no quiere dejar de aclarar que viene recibiendo apoyo de la provincia y algunos legisladores y tiene promesas para mejorar la situación de su hija y su carrera deportiva. Tampoco quiere dejar de decir que cuando Yanina era bebé aprendió a que no habría "ningún no" que la detuviera. La acompaña cada día, aun en estos en que Yanina descansa. Ella aprovecha a acomodarle en repisas repletas los premios y medallas que trae la "nena" cada vez que regresa con gloria a casa.

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