Ovación
Lunes 30 de Enero de 2017

Viejo es el viento y sigue soplando

El histórico capitán de Duendes en la década de los ochenta colgó los botines tras salir campeón en 1993 y se dedicó a entrenar por su cuenta. Hoy compite en carreras ironman.

Oscar Discaciatti debe ser uno de los jugadores de rugby con más anécdotas en su historial, ya que la fama de recio muchas veces agigantaba su figura de hombre de pocas pulgas. Muchos que jugaron con él coincidieron en que "si te agarraba Cachi, después te dolía todo". Jugó en Duendes en la década de los ochenta y se retiró en 1993, capitaneando el equipo verdinegro que ese año rompió una sequía de 21 años sin títulos. Jugó muchos partidos internacionales con la camiseta del seleccionado de Rosario y siempre estuvo en la consideración de distintos entrenadores. Era el típico jugador que cualquiera desea tener en su equipo. Cuando dejó de jugar de manera oficial siguió entrenando solo, "para mantenerme", como él mismo afirmó. "Uno de los últimos partidos que jugué fue en la despedida del Broca (Gustavo Muñiz)", comentó con orgullo, como rememorando un pasado ya muy lejano.

¿Qué fue lo que te llevó a dedicarte al triatlón?

   Como te decía, después que dejé de jugar seguí entrenándome solo, hasta que un grupo de chicos que hacían carreras de aventura me invitaron a participar y empecé a ir. Al principio eran carreritas cortas en las que remabas un poco, pedaleabas en una mountain bike y trotabas. Así fuimos armando un grupo hasta que un día decidieron hacer en Nordelta una competencia que llamaron "Triatlón de aventura". Y ahi saltó el primer problema...

¿Qué pasó?

   Yo no sabía nadar...

¿Y cómo siguió la historia?

   Tengo un amigo guardavidas y le conté lo que me pasaba. Fuimos a probar al río y hacía lo que podía... yo nadaba con la cabeza afuera y aún así él me alentaba, me decía que estaba bien. Después de pensarlo, me decidí y fuimos a correr. Me acuerdo que en esa carrerita, Bahiano, el de Los Pericos, se tiró al agua conmigo. Eran ochocientos metros y me acuerdo que ya a los cuatrocientos se me salían los pulmones por la boca. Me sostuve de un bote que estaba cerca hasta que llegué, salí; después pedaleé y corrí y pude terminar la carrera. Ahí decidí que tenía que aprender a nadar, algo que aún hoy me cuesta mucho y me va a seguir costando porque tengo mucha masa muscular y los huesos grandes. Así es que empecé a entrenar más duro y en 2007 corrí mi primer triatlón en La Paz, Entre Ríos, que es el más famoso de la Argentina (son 1.500 metros nadando, 40 kilómetros en bicicleta y 10 corriendo). Después me tiré al ironman, donde las distancias son cuatro veces mayores (4.800 metros nadando, 180 kilómetros en bicicleta y 42 kilómetros corriendo). En total corrí 13 ironman.

¿Cómo te preparás para semejantes desafíos?

   Hay que entrenar mucho y tener mucha cabeza. Cuando nadaste cuatro kilometros en el mar, pedaleaste 180 en la bicicleta y tenés que correr 42, estás cansado, por eso tenés que tener mucha cabeza. El primer ironman que corrí fue en Florianópolis, Brasil, y lo terminé bastante bien. Después me fui acomodando y ahora las distancias que entreno me resultan más cómodas. Te puedo decir que ya me acostumbré.

¿Qué es lo que te motiva a los 61 años hacer esto?

   A mí me gusta competir. Cuando dejé de jugar en Duendes empecé a entrenar a los chiquitos pero me di cuenta de que no me atraía. A mí me gusta competir, tener un desafío. Incluso este año fui y corrí uno de montaña, en Yacanto. Se larga en junio a las cinco de la mañana y todo por caminos de montaña. Hacía como 5 grados bajo cero y encima se largó a llover. Eran las ocho de la noche y venía solo con mi linternita en la cabeza, medio acalambrado, pero era un desafío que quería hacer.

¿En algún momento llegaste a pensar "qué estoy haciendo acá?"

   A veces sí. En alguna carrera muy larga en la que estuve sufriendo mucho. Me acuerdo de un ironman que corrí en Fortaleza, Brasil. Hacía mucho calor y me habían salido dos ampollas tremendas en los pies y seguí corriendo. Ahí no veía la hora de terminar y varias veces me pregunté eso.

¿Cuántas competencias tenés en el año?

   Ironman es una marca, que recién este año se va a disputar en Argentina (será en diciembre en Mar del Plata). No había una fecha ironman oficial en Argentina. Lo que tiene ironman es que cada 23 competidores en tu categoría te dan una plaza para el Mundial, para la final que se disputa en Hawai. Lo tenés que ganar, no podés ir a Hawai y anotarte para correr. Tenés que ganar una plaza. Pero hay torneos clasificatorios por todo el mundo. Yo corrí dos veces en Sudáfrica, dos veces en Fortaleza, tres en Florianópolis, pero también hay en Alemania, en Estados Unidos hay muchos. Las categorías se dividen cada cinco años, por ejemplo yo estoy en 60-65. Después están los de élite, pero esos son de otros planeta. Es otro deporte.

Cuando arrancas una competencia, ¿qué objetivo te planteas?

   Soy un corredor amateur, que lo hago para divertirme, por eso mi primer objetivo es llegar. Y después como siempre compito conmigo, busco mejorar mi tiempo anterior, por ejemplo. Creo que mientras me siga divirtiendo lo voy a seguir haciendo. La paso bien y encima tengo el apoyo de mi familia. Mi mujer (Mónica Gómez) me acompaña a todos lados, incluso algunos "shorts" ella los corre. Cuando corro los ironman le pongo 13 ó 14 horas y ella me espera y a lo mejor a la bicicleta la ve pasar una o dos veces.

¿Qué te gusta más, las carreras cortas o los ironman?

   Los ironman. Me gusta lo más difícil.

Siempre igual, de hecho cuando jugabas al rugby te tocó una época en Duendes también muy difícil.

   Ufff. Me acuerdo de entrenamientos que no juntábamos quince.

Me imagino que tendrás muchas anécdotas de esas.

   Me acuerdo una que me pasó la segunda vez que fui a Sudáfrica, a mitad de camino entre Port Elizabeth y Cape Town. Paramos en un pueblito a comer langostas y para nuestra sorpresa cuando pedimos vino para cenar nos dijeron que no vendían. Estábamos indignados y más cuando vimos que en la mesa de al lado había una pareja cenando con vino. Después la señora muy amable nos explicó que si traías el vino o la cerveza de tu casa podías tomarla pero que ahí no nos iban a vender. En un momento se levanta el hombre, un gigante de dos metros calculo, va hasta su auto y trae una botella de vino espumante. La abrió ahí nomás y se sentaron con nosotros. Cuando se enteró que había jugado al rugby y que había enfrentado a los Springboks me mató a preguntas... me hizo un interrogatorio bárbaro... me preguntaba contra quién había jugado y me tiró varios equipos. Yo, en realidad, nunca me fije quién tenía enfrente. Me di cuenta de que allá, cuando se enteran que jugaste al rugby ya te miran distinto y más como en mi caso, que tuve la suerte de jugar con Hugo Porta un par de veces por ejemplo.

¿Cuánto tiempo le dedicás al entrenamiento?

   Entreno de lunes a viernes, corriendo, haciendo bicicleta, en el gimnasio o en la pileta. Los sábados hago fondo con la bici, lo mínimo 100 kilómetros. El sábado pasado me levanté a las cinco de la mañana para ir a pedalear y lo hice porque sino te agarra el sol del mediodía y te perfora. Pensándolo bien, creo que tenés que estar un poco loco para hacer esto.


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