Ovación
Lunes 03 de Abril de 2017

Un Roger Federer fantástico derrotó otra vez a Nadal en una final

Aumenta su leyenda a fuerza de títulos y un tenis excepcional. Nadal, otra vez la víctima

Dicen que la historia pone a cada uno en el lugar que se merece. Pero nadie dice qué sucede con aquellos que mientras viven ya son historia, que se agrandan reinventándose, superándose a sí mismos. Y Roger Federer es eso hoy: la historia viva, reinventada, mejorada del tenis. Federer lo hizo de nuevo. Otra vez a los 35 años. Ahora en el Masters 1000 de Miami, le ganó una nueva final a quien era su kryptonita, Rafael Nadal, por 6/3 y 6/4. Sobre todo, con un dominio abrumador desde lo mental, corrigiendo cada error a cada paso, sin decaer nunca en la búsqueda y ayudado por ese revés a una mano fantástico que le permite volar como nunca. Roger Federer se llevó los tres títulos más importantes en lo que va del año: el abierto de Australia y los Masters 1000 de Indian Wells y Miami, cuando habían pasado seis meses sin que pudiese pisar una cancha por una lesión en la rodilla. Que hable la historia entonces y que explique esto que por ahora hasta se les complica a los manuales.

Dos breaks le alcanzaron a Roger Federer para alzarse con el partido ante su archirrival. Para ponerse 5/3 y luego 5/4. Y cerrar sendos sets inmediatamente. Fue un encuentro de exigencia. Máxima. Suprema. Como cada Federer-Nadal. Como cada Nadal-Federer. Como cada reedición del encuentro más trascendental del tenis que aún tiene al español como amplio dominador: 23 a 14, aunque sin poder ganarle en los últimos cuatro enfrentamientos desde Basilea 2015. Durante muchísimos años la pregunta fue cómo podía Nadal, con menor técnica que Federer, dominarlo de esa manera. Y la respuesta estaba en un solo lugar: en la cabeza. Mentalmente Nadal destrozó a Federer por años, lo que en definitiva hace con todos sus rivales, pero lo llamativo era que pudiera hacerlo con esa autoridad ante el mejor de todos los tiempos. Este nuevo capítulo arroja otra luz: el suizo dejó de lado ese estigma y ya Nadal no lo quiebra como antes.

El de ayer fue el título 91º en la carrera del suizo que, como yapa, hoy se encontrará tercero en el ránking mundial (Rafa, 4º). Había arrancado la temporada fuera del top ten por primera vez tras 14 años. Su 26º título de Masters 1000. Incluso, ya tiembla el récord de Ivan Lendl, con 94 coronas. Roger le sopla la nuca. Aunque está más alejado de Jimmy Connors, quien se retiró con 109.

Otro dato: Federer ganó en Miami por tercera vez. No había participado en los últimos años. Si bien se trata de una superficie dura, importante para él, es más lenta que otras. La había marginado de su calendario en las últimas temporadas. Para Nadal, Key Biscayne es la contracara de la felicidad: cayó en cinco definiciones. Pero una de ellas es un hito. La de 2005, porque fue la primera final que jugó con Federer y que dio inicio a una rivalidad de antología. Ganó el suizo en cinco sets (cuando los Masters 1000 aún se jugaban a cinco segmentos en las definiciones).

Ayer, 12 años después de esa primera vez del gran enfrentamiento valoraron seguir viéndose las caras después de tanto tiempo. Porque a pesar de que los dos tuvieron en los últimos tiempos temporadas magras, de lesiones y de bajones que posibilitaron el dominio del ránking de Novak Djokovic y Andy Murray, ellos son las dos grandes bestias del tenis mundial. También los más adorados. Y le dan forma a una rivalidad que no caduca ni divide. Federer es lo que es también gracias a Nadal. Y viceversa. Por eso el público celebra ante cada posibilidad de que se crucen. Por eso el planeta tenístico se paraliza cuando ellos juegan. Por eso hacen del tenis un deporte tan hermoso. Con 35 y 30 años, el suizo y el español están más vigentes que nunca. Son ejemplares.

El próximo 16 de abril arranca el Masters 1000 de Montecarlo, sobre polvo de ladrillo, territorio donde el dominio de Nadal es apabullante. Federer tomará descanso. Y ayer hasta deslizó que quizás el único torneo que juegue en canchas lentas sea el de Roland Garros (si compite en otro será el Masters 1000 de Madrid). Cuidará la nave, cargará pilas y reaparecerá tranquilo y a la espera de la gira de césped que finalizará en el abierto de Wimbledon, su casa, allá por junio. Si ya es una locura que el suizo tenga 18 Grand Slam, ¿qué decir si alcanza el 19? A juzgar por lo que va de la temporada, no le queda menos que permitirse soñar. De este lado, en este momento, sólo se puede elogiar.

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