Ovación
Jueves 16 de Marzo de 2017

Un perdón para imitar de los hinchas del Napoli por ofensas contra un exjugador del club

Hinchas de Napoli se disculparon con un ex jugador del club tras haberlo acusado de traidor.

El fútbol convive con chismes paridos desde la malicia y que con el relato de boca en boca adquieren la falsa entidad de una certeza. Originados desde el rumor por repetición se convierten en mentiras verdaderas. Y una vez instalados, estos cuentos malditos despojan a las personas de la manera más cruel, porque la condena social es tan implacable como injusta.

Por eso bien vale poner como ejemplo la historia del calvario que tuvo que vivir el jugador italiano Fabio Quagliarella para revisar los comportamientos colectivos que muchas veces se adoptan en el fútbol, en el que hablar sin saber y suponer sin pensar se transforma en la moneda con la que se subsidia la injuria sin medir consecuencias.

Quagliarella fue víctima de una extorsión que le robó en 2010 la alegría de jugar en Napoli, el club de sus amores, y que recién después de siete años pudo encontrar el resarcimiento de la Justicia, como así el perdón de la hinchada napolitana por haberlo tratado como "traidor" durante todo este tiempo.

El hoy atacante de Sampdoria nació en Nápoles el 31 de enero de 1983 y por lógico afecto su sueño era vestir la camiseta celeste napolitana. Lo que consiguió en junio de 2009, aunque su momento pletórico duró sólo un año, ya que en agosto de 2010 se fue a Juventus sin poder dar demasiadas explicaciones y expuesto al desprecio de toda una población herida por lo que consideraron "alta traición". Similar a lo que sintieron no hace mucho con la partida de Gonzalo Higuaín también a la Vecchia Signora, pero en ese caso por motivos diferentes.

Sin embargo, detrás de la salida de Quagliarella hay una historia oscura, la cual se supo recién, y que tuvo como protagonista a Raffaele Piccolo, el policía italiano recientemente condenado por la Justicia a cuatro años y ocho meses de prisión por extorsión y amenazas.

Piccolo acosaba en aquel 2009 a Quagliarella y estructuró una novela con fotografías y correos electrónicos falsos para vincular al futbolista con la camorra napolitana. Y falseó pruebas para relacionarlo al consumo de drogas y pedofilia.

El jugador denunció esto ante la Justicia, pero mientras se instrumentaba la causa padeció el repudio y maltrato de su gente en Nápoles. En el juicio contó que fue obligado a irse de Napoli después de recibir cartas anónimas acusándolo de vínculos con la mafia, consumo de cocaína y pedofilia. "El presidente Aurelio de Laurentiis me vendió porque creyó en las cartas anónimas y mensajes de teléfono que recibió. Fui forzado a abandonar mi pueblo natal y fui vendido a Juventus", dijo en el estrado. Y abundó: "Fui acusado de ser un camorrista y un pedófilo que hacía orgías. Tuve que abandonar mi casa e irme a un hotel para preservar a mi familia".

A mediados de febrero, el tribunal de Torre Annunziata de Nápoles condenó a Piccolo por acoso a varias personas, entre ellas Quagliarella. Y los tifosi este fin de semana admitieron el error cometido contra su ex jugador al desplegar una bandera para sellar el arrepentimiento. "En el infierno que has vivido, enorme dignidad. Nos volveremos a abrazar, Fabio, hijo de una ciudad".

Fabio Quagliarella, el 19 de febrero, un día después de conocerse la condena al policía, fue entrevistado tras el partido entre Sampdoria y Cagliari por haber anotado el gol de la igualdad para el local. Pero no pudo contener las lágrimas cuando la conversación derivó en el sufrimiento que padeció. "No se lo deseo a nadie, no podía salir de casa, ni yo ni mi familia. Doy las gracias a la Justicia por haber establecido la verdad. Sentirse amenazado, pensar que de un momento a otro podría haberle pasado cualquier cosa a mi familia, sobrinos, hermano, es tremendo. Fue devastador oír tantas maldades después de mi fichaje en Juventus".

Esta historia bien puede emparentarse con tantas infamias que se han inventado en el fútbol argentino, porque los malditos predicadores en busca de una entidad a costa de los que sí la tienen venden en grageas su veneno como la "posta". Y así juegan con la dignidad de los otros con relatos sobre sobornos, chantajes, coimas, consumo de drogas o alcohol, infidelidades y hasta falsos vínculos homosexuales sostenidos en la homofobia.

Estos farsantes de la realidad también son idiotas útiles para aquellos que sí viven de la ilegalidad y a quienes les conviene que estén todos manchados para camuflar su verdadera mancha.

En el fútbol argentino hay muchos Quagliarella, aunque los de acá aún no recibieron las disculpas.


"La pesadilla rompió mi sueño"

"De Laurentiis creyó la historia y me vendió a Juventus. Los tifosi decían que lo hice por dinero, pero ganaba lo mismo. Me insultaban, molestaban a mi familia, quemaban mis camisetas. Sin embargo eso demostró todo lo que me amaban. Esa pesadilla destrozó mi sueño, porque hoy estaría todavía en el Napoli y mi carrera sería más grande"

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