Ovación
Martes 23 de Mayo de 2017

Un libro "con deportes" del Luna Park, cien años de historia a través de un estadio

Juan Manuel Bordón, uno de los dos periodistas que escribió el libro "El estadio del pueblo, el ring del poder", contó que la investigación les llevó más de 3 años

Juan Manuel Bordón, uno de los dos periodistas que escribió el libro "El estadio del pueblo, el ring del poder", contó que la investigación les llevó más de 3 años

"Este no es un libro de deportes: es un libro con deportes, pero también con política, historia, amores, intimidad de una familia, espectáculo, negocios y todo desde una propiedad". Juan Manuel Bordón, uno de los dos autores de "Luna Park. El estadio del pueblo, el ring del poder", definió sintéticamente así ante Ovación el libro que escribió con su amigo Guido Carelli Lynch, ambos periodistas no especializados en periodismo deportivo. El texto, de reciente aparición, es una investigación de más de tres años, más de un centenar de entrevistas e incontables horas de archivo sobre el estadio ubicado en la porteña esquina de Corrientes y Bouchard, un templo centenario desde donde lograron retratar a la Argentina del siglo XX.

Es un texto en el que todo lector se encontrará diciendo: "¡Ah...mirá vos...", porque está plagado de curiosas fotos y anécdotas, tanto como datos poco conocidos. Sólo algunos: que el primer Luna Park se levantó donde ahora está el Obelisco y que en 1938 se celebró allí el acto nazi más populoso por fuera de Alemania. Que Perón y Evita se conocieron en el mismo lugar donde años después la Libertadora que derrocó "al General" celebraría un aniversario. Que allí, en el palacio del box de Gatica, Locche y Monzón, una vez Bonavena tocó el cielo al vencer a Goyo Peralta y en el mismo "cielo" fue velado, como Gardel y Julio Sosa. Y también como Tito Lectoure: la figura icónica del Luna, pero no la única. Porque Lectoure ensombreció a otra figura tan vital para el estadio como él mismo: Ernestina Devecchi de Lectoure, su tía, una empresaria de bajo perfil, con un sarcasmo brutal que se revela al final del libro.

En el Luna, en plena época de la "plata dulce", Frank Sinatra dio cinco recitales que endeudarían por años a Palito Ortega. Estuvo Juan Pablo II y un oso del Circo de Moscú se escapó hacia un bar de calle Bouchard. Y se casó nada menos que Maradona, en la antesala del menemismo. En el Luna Park pelearon los Titanes de Karadagian, se despidió Sui Generis, actuó Rodrigo y Ricardo Arjona batió un récord de 34 recitales en 2006. El Luna Park fue un mundo de estrellas, plebe y dictadores, un mundo que sigue girando, hoy en manos de la Iglesia.

¿Cómo se les ocurrió trabajar sobre el Luna Park?

No somos periodistas deportivos, trabajamos en el suplemento literario Ñ, y luego yo pasé a policiales y Guido a política, pero somos amigos y el libro fue una buena posibilidad de volver a trabajar juntos, de dividirnos temas, capítulos, personajes, prestarnos párrafos. Teníamos la hipótesis de que en el Luna Park encontraríamos un síntoma de cien años de la Argentina sin movernos de un lugar. Fue una sorpresa encontrar historias familiares, anécdotas espectaculares e íntimas, de una familia, que no estaban en ningún lado y era estimulante investigarla y escribirla, con cierto aire novelesco. Es la historia de una casa, una especie de hospedaje también donde dormían por ejemplo muchos ciclistas cuando se hacían Los Seis Días en Bicicleta.

¿Cuánto tiempo trabajaron?

Entre investigación y escritura más de tres años. Entrevistamos a mucha gente, perdimos la cuenta de cuántos fueron; sólo para las páginas del catch, que son 5, entrevisté a seis personas. Fue un trabajo por momentos agotador porque con cada fuente empezás de cero. Y además, hay un problema de archivos para este tipo de trabajos de investigación: "El Gráfico", por ejemplo, tiene un archivo extraordinario pero no está abierto al público. Así que trabajamos en tres lugares fundamentalmente: la Biblioteca Nacional, la del Congreso y uno más de una escuela de periodismo deportivo. Y el trabajo da cuenta de que el Luna siempre se adelantó a la historia, años previos al peronismo tuvo su propio gimnasio, recibió a los migrantes de otras provincias, Santa Fe, Córdoba, que venían a conquistar Buenos Aires. "El Gráfico" titulaba: "Los provincianos invaden el Luna".

El libro comienza con una pelea, pero se cuenta mucho más que el encuentro pugilístico.

Comenzamos el prólogo con la pelea de Ringo Bonavena contra Goyo Peralta, el 4 de septiembre de 1965, porque fue una noche icónica, la de mayor cantidad de público que tuvo el Luna. Esa noche 25.236 espectadores pagaron la entrada y 5 mil se quedaron afuera.

Y de todos los personajes, ¿de cuál te enamoraste?

De Justo Suárez, el boxeador conocido como el Torito de Mataderos, quien a finales de 1929 se consolidaba como el boxeador más taquillero del país. Su vida fue vertiginosa, espectacular, fue una figura popular. Sus peleas generaron la expectativa de Firpo, pero el país había cambiado: el público llegaba en camiones desde barrios periféricos para verlo. Sin embargo cayó en su vida amorosa y profesional. Fue una de las figuras trágicas del deporte....

¿O del boxeo?

Mirá hay una frase de Tito Lectoure que rescato: "El boxeo es el único deporte que no se juega". Es un deporte serio, hay algo de ese peso y esa seriedad que si no se está bien precipita un final difícil. Aunque varios no terminaron mal, Nicolino, Accavallo. La historia del box es interesante, porque nació siendo orillero, con rufianes, estaba prohibido pero luego con Firpo se legalizó y poco tardaría la oligarquía en apropiárselo.

¿Les costó que la familia Lectoure les brindara testimonios?

Un poco, pero logramos contactar al sobrino, Esteban Livera, quien finalmente nos abrió las puertas de manera magnífica: él imaginó que iba a estar el resto de su vida en el Luna y no. Es un narrador excepcional y cuenta las escenas hasta con la voz de cada uno. También buscamos a la familia Pace, que fue socio del Lectoure tío de Tito. Nos pasó algo gracioso: estuvimos largos meses tras una Isabel Pace que nos atendía el teléfono y nos colgaba disgustada. Poco tiempo después nos dimos cuenta de que no era la mujer que buscábamos. Cosas así suceden, cuando encontramos a la sobrina buscada, hasta nos cedió varias fotos que se publicaron en el libro.

Ernestina Devecchi, la tía de Tito, parece un personaje muy importante en este libro.

Es un gran personaje, me enamoré de ella. No se me ocurren muchos otros ejemplos de mujeres empresarias en esa época, con tanto olfato, y en un nido de víboras masculino. Muchos testimonios daban cuenta de que era una luz, sin necesidad de salir de su despacho. Su voz era respetada hasta en lo mínimo. Sólo dio dos notas en su vida. En los 60 se adueña de todo Era 20 años mayor que Tito, con quien tuvo una relación que no terminó de oficializar .Tras la muerte de él, ella cambia el testamento. En el segundo le deja la propiedad a Cáritas a través del Arzobispado, la obra de Don Bosco y la del padre Grassi. Pero cuando todo estalla con Grassi lo vuelve a cambiar con toda maldad para sorpresa de la familia Lectoure. Acceder a esos testamentos fue un trabajo muy dificultoso, pero valió la pena.

El casamiento de Maradona es un retrato del menemismo.

Sí y curiosamente Menem fue invitado pero no fue. En el libro contamos por qué, qué pasó y quiénes fueron algunos de los 1.200 invitados, más que a la boda del Rey.

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