Ovación
Viernes 05 de Mayo de 2017

Terapia de grupo

Higuaín mostró de nuevo la enorme diferencia entre ponerse la casaca de los poderosos de Europa y la selección.

La acción transcurre en un bar cualquiera de Rosario el miércoles último a la tarde. Y podría replicarse en cualquier ciudad del país. Seguramente sucedió. La tele trae las imágenes de una de las semifinales de la Champions entre Mónaco y Juventus. Casi las 4 y cuarto de la tarde. Un taco de Dybala en mitad de cancha, un pase de Higuaín para Dani Alves y ahora un taco del brasileño para Pipita que ya dentro del área le pega seco con la parte interna del pie diestro y la pone muy abajo contra el caño derecho, lejos de las chances del croata Subasic.

   Un cincuentón deja firme el pocillo de café a la altura de la boca sin tomarlo mientras mira fijo. Observa minuciosamente la repetición y menea la cabeza. Con la mirada empieza a buscar cómplices, ya se sabe qué va a pasar. Los encuentra rápidamente aunque el local no está repleto ni mucho menos y se trenza en una catarsis futbolera con habitantes de otras tres mesas.

   "¿Será posible que acá los erre todos, cómo puede ser?", primerea. "Y, los tanos no van a pagar 100 palos verdes al p..., el problema lo tenemos nosotros", le contesta el de la mesa más cercana. "Este muchacho está cada vez más para el diván", amplía un tercero. "Lo que pasa es que en la Juventus juega cualquiera", agrega otro que recibe como respuesta una reflexión cantada: "Claro, porque en la selección no juega con nadie, son todos matungos, empezando por Messi".

   La doble personalidad, por las dudas se aclara que es apenas una figura, de algunos futbolistas de la selección sigue siendo tema todo el tiempo. Brillantes, ganadores, imponentes en Europa; timoratos, casi vencidos, con gestualidad de ciclo cumplido cuando se visten de celeste y blanco.

   Agüero hace goles casi todos los fines de semana en el City, Otamendi siempre es titular en el mismo equipo, Biglia es el patrón de Lazio, que el fin de semana le ganó el clásico a Roma. Banega suele mostrar su jerarquía en el atribulado Inter de Milán...

   Mascherano es invitado por sus compañeros para ejecutar un penal que lo meterá en la estadística del Barsa en la goleada contra Osasuna en un clima de relajación que seguramente jamás tuvo la chance de experimentar en la selección, donde sus responsabilidades son mucho más complejas que en la entidad catalana.

   El tema es remanido, hasta parece gastado y satura, pero es que todos los fines de semana pasa lo mismo. Y entresemana también. ¿Qué les pasa cuando se visten de selección?

   El cincuentón mira la hora, paga y se va. Se sube al auto, prende la radio y se entera que Higuaín acaba de marcar el segundo a los 14' del segundo tiempo, otra vez con asistencia de Dani Alves.

   "Me estás jodiendo que gana la Juve 2 a 0 y los dos los hizo Higuaín", dice la conductora mientras su ladero se apresta para asestar el golpe de gracia: "Sí, uno es por el que erró con Alemania y el otro por el que se comió contra Chile".

   El cincuentón sonríe, pero no soporta la ironía porque lo remonta a resultados muy dolorosos. Pone música.

   Cuando llega a su casa prende la tele y observa cómo la Juve maneja los últimos instantes del juego para consumar una victoria casi definitiva camino a la final de la Champions.

   Busca los canales deportivos y al mismo tiempo repasa las páginas web. Higuaín está por todas partes. El martes fue de Cristiano Ronaldo, el miércoles de Pipita. Hasta escucha a algunos que los comparan y ahí es cuando apaga la tele.

   Se queda pensando por qué sucede lo que sucede y otra vez fracasa.

   Hay una respuesta, o parte de ella, o una punta para empezar a comprender qué les pasa a algunos futbolistas cuando vienen de las luces europeas y se visten de celeste y blanco.

   Alguna vez, desde el interior profundo del predio de la AFA en Ezeiza un personaje, y no de ficción, muy cercano a la selección contaba los motivos por los cuales el Pocho Lavezzi está (o estuvo, Sampaoli dirá) en todas las convocatorias de la selección más allá de su momento deportivo.

   Aunque la sensación es que no tiene nada que ver una cosa con otra, están relacionadas. Las dos caras de Higuaín, como escribió ayer en Ovación Lucas Vitantonio, y de otros, tienen que ver con lo que sigue. Como decía Pancho Ibáñez: todo tiene que ver con todo.

   "El plantel ya llega al predio presionado por las opiniones de los periodistas y las puteadas de la gente. Te puedo asegurar que acá hay solamente dos tipos que suman y van para adelante en ese tema: uno es el Pocho Lavezzi y otro, aunque te parezca mentira, es Augusto Fernández. Por eso, mientras estén en condiciones físicas, aunque sean mínimas, van a ser convocados. Este es un plantel que necesita alegría, poder dejar los problemas de lado. Y eso lo aportan el Pocho y Augusto. Los demás están siempre muy pendientes de lo que dice la prensa. ¿Cómo explicarte mejor? Es como que ellos dos licúan los problemas, le dan siempre para adelante y el resto se contagia. Lo que pasa es que para la gente y también para ustedes los periodistas lo que te estoy diciendo parece una boludez, pero para los entrenadores es muy importante. Te puedo asegurar que cuando entra Lavezzi descomprime al resto. Es fundamental para los técnicos tener jugadores que los ayuden afuera y adentro de la cancha. Es claro, por algo al Pocho Lavezzi lo citan todos los entrenadores en cualquier circunstancia. Hay algo más que virtudes futbolísticas. La selección necesita recuperar la confianza y olvidarse de todo el puterío que hay afuera", monologa el hombre entrado en canas y vestido de selección antes de darle el toque final a su relato.

   "Todo esto se profundizó con las tres finales perdidas en el Mundial de Brasil y las dos Copa América, pero viene de mucho tiempo. ¿Vos por qué te creés que Diego lo llevó a Garcé al Mundial de Sudáfrica?..."


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