Ovación
Martes 16 de Mayo de 2017

Súper liga: el fútbol argentino es extraordinario

Con todos sus defectos y caos a cuestas y plagado de dirigentes sin prestigio, el fútbol argentino es el más competitivo del mundo

El fútbol argentino es extraordinario. Es un torneo incomparable. Por más diferencias económicas que existan entre unos pocos y la mayoría, los puntos se dirimen en la cancha y es allí donde el jugador argentino saca ventajas sobre la mayoría. La mentalidad ganadora los hace casi exclusivos y es por eso que siguen estando entre los más requeridos por los grandes equipos europeos. Esa competitividad genética hace que el torneo criollo se empareje por encima de las diferencias que cada vez se promueven más.

Boca tiene la billetera más gorda, pero apenas sostiene la punta con sofocones que en cualquier momento le quitan el lugar de privilegio. ¿Cuántos dólares de distancia hay entre el equipo de los mellizos y Newell's? Muchos más que los escasos 4 puntos que los separan. ¿Y entre River y Colón? Miles y miles de billetes, pero sólo un punto. San Lorenzo es un rico moderno al lado del módico Estudiantes, pero en la tabla sólo existen un par de unidades de diferencia.

Es cierto que dentro de un campeonato contra natura de 30 equipos se juegan dos torneos en uno, pero en los países donde se supone que el fútbol es de primer mundo, las diferencias serían peores.

En España, hace casi todo un torneo que se sabe que el campeón será Real Madrid o Barcelona. Puede que sea placentero verlos jugar, pero lo cierto es que, como máximo, disputan una media docena de partidos por liga porque los demás son exhibiciones en las que invariablemente los rivales son sometidos al escarnio deportivo.

Ni hablar de la tierra de los campeones del mundo, Se juega por el segundo puesto. En Alemania todos pelean por llegar detrás de Bayern Munich, aunque casi siempre lo logra Borussia Dortmund, que en esta temporada llegará tercero.

Acá no pasa como en Italia, donde Juventus va por su sexto scudetto consecutivo. Es probable que la Vecchia Signora, Inter y Milan tengan las mismas diferencias económicas con la mayoría que las que tienen aquí, comparativamente, Boca y River con el resto. Pero en Argentina el campeón es Lanús.

Inglaterra vivió como una rareza irrepetible la conquista de Leicester la temporada anterior, pero este año todo volvió a la normalidad. Los zorros se salvaron del descenso faltando pocas fechas. El campeón fue Chelsea, mientras los Manchester, Liverpool y Arsenal fueron protagonistas con un intruso: el Tottenham de Mauricio Pochettino.

Acá faltan 6 fechas y hay sólo 5 puntos entre el primero y el séptimo. Y todos de distinta condición. La billetera de Boca, la recuperación de River y San Lorenzo, que vienen desde el mismísimo infierno económico, Newell's bajo el paraguas judicial y con severísimos problemas financieros, Banfield tratando de salir de la bancarrota, Colón renaciendo y Estudiantes creciendo.

La idiosincrasia de los futbolistas argentinos, su genética, empareja todo. Ricos y pobres pelean dentro de la cancha en igualdad de condiciones porque no existe jugador que se entregue mansamente a las diferencias, todo lo contrario.

Los distintos estatus, claramente diferenciables antes de empezar un partido entre Boca y Patronato por ejemplo, jamás serán suficientes para poner un resultado antes de que el partido termine.

Acá juegan River y Sarmiento en el Monumental y, aunque los millonarios son favoritos, nadie puede asegurar que el equipo de Gallardo sumará de a tres.

Esa supuesta debilidad del pobre frente al poderoso actúa como revulsivo en el futbolista argentino, que jamás se resigna.

En la liga española, Espanyol sale a jugar el clásico frente a Barcelona tratando de recibir la menor cantidad de goles posible. Acá es imposible vivir una situación parecida.

San Lorenzo le lleva 35 clásicos de diferencia a Huracán, no existen equivalencias. Pero no hay partido en que los de Parque Patricios no salgan a la cancha convencidos de que pueden ganar.

Encima en Europa, las privatizaciones profundizaron las diferencias, aunque Real Madrid y Barcelona no son sociedades anónimas y están arriba de todos. Pero, como si no fuera suficiente con la desigualdad existente, aparecieron multimillonarios con ganas de invertir en el fútbol y transformaron clubes con escasa historia deportiva en poderosos.

El caso más paradigmático es el de Manchester City, ganador de dos ligas inglesas en los últimos años, la misma cantidad que las que había ganado en toda su historia, que se reparte entre la primera y la segunda división.

Hoy es dirigido por Josep Guardiola y tiene uno de los estadios más modernos del mundo, pero nació, creció y vive a la sombra del poderoso Manchester United, una de las instituciones más grandes de Europa con tres ligas de campeones en sus vitrinas.

Ojalá acá nunca pase, aunque la llegada de la superliga genera algunas dudas al respecto. Será misión del pelotón del medio evitar que el fútbol argentino pierda su genética.

Faltan seis fechas y nueve equipos pelean por el título. Para los cinco cupos de Libertadores también hay nueve candidatos.

La Copa Sudamericana clasifica para su edición 2018 hasta el undécimo peldaño, pero están en carrera hasta el puesto 20.

Los descensos serán cuatro, pero al menos son diez equipos los que pelean desesperadamente a todo o nada para quedarse en primera.

Aquí hay drásticas diferencias económicas, deambulan dirigencias sacudidas por su inoperancia y conviven conducciones deficitarias con el caos. A pesar de todo, el torneo de primera división del fútbol argentino es incomparable.

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