Ovación
Sábado 21 de Enero de 2017

Que viva el fútbol rosarino

Los hinchas salaítos y charrúas armaron una fiesta junto al mar. Llenaron de color la reedición del clásico del ascenso rosarino, que terminó ganando Argentino por penales

Viva el fútbol en estado puro. Viva la pasión incondicional por las camisetas que no están en las vidrieras de las tiendas deportivas que marcan la moda, pero que el hincha las tiene puestas en la piel como una marca indeleble. Cuando los altos directivos de la AFA se traicionan una y otra vez para quedarse con lo que queda de la torta, todavía por suerte está el simpatizante de a pie que mantiene viva la llama de la pasión por la pelota y por el club del propio terruño. Ayer por la tarde fue conmovedor ver cómo llegaban al estadio Municipal de la Costa, en Camet Norte, en el partido de Mar Chiquita, cientos de "locos lindos" envueltos en banderas de Argentino y Central Córdoba, para ver una histórica edición amistosa del derby más íntimo de Rosario. La redonda trajo a charrúas y salaítos a orillas del mar. Tanto a jugadores, como dirigentes e hinchas. Aquí hubo 90 minutos de fútbol intenso y con pocas ideas, algo que quedó reflejado en el pálido 0 a 0. Pero llegaron los penales y el festejo desaforado del plantel albo, que se impuso 6 a 5 desde los doce pasos, con el arquero Lucas Rodríguez como el héroe de la jornada. De esta tarde que ya entró en la historia. Porque fue un canto a la pasión por el fútbol. Y tuvo el sello rosarino.

Una cancha sin tribunas, con apenas un tejido perimetral y vestuarios pequeños, pero confortables. Con un operativo de seguridad que incluyó a 50 agentes. Con algún turista asomado al balcón del dúplex sin entender nada. Este fue el contexto del derby playero, que mientras se desarrollaba sumaba testigos a la pasada, que miraban de reojo la cancha en su caminata rumbo a la playa, en una jornada que orilló los 30 grados y estaba para el chapuzón. Pero ni los hinchas de Córdoba, detrás del arco que daba espaldas al mar, ni los de Argentino, en la opuesta, dejaron de cantar y gritar durante la tarde. La pasión pudo más que la tentación de correr hacia el agua salada.

Bajo el sol impiadoso y entre decenas de banderas colgadas en el tejido perimetral, los hinchas fueron la nota de la jornada. Estaban lejos del Gabino y el Olaeta, pero con la misma pasión de cada fin de semana.

El partido entregó un mejor arranque de Argentino y luego hubo una paridad manifiesta desde que promedió la etapa inicial hasta el final de los 90 minutos. Nadie se animó a romper el molde y a medida que avanzó el reloj el cero se hizo cada vez más grande en los arcos. El empate llegó como una sentencia previa. Claro que hubo alguna pierna fuerte en los 90 minutos y hasta fue expulsado el charrúa Juan Carlos Lescano sobre el final.

Uno de los hechos curiosos de la tarde fue que el presidente de Central Córdoba, Carlos Lancellotti, que es un destacado médico deportólogo, además de asistir a los jugadores de su club cuando estaban doloridos, también lo hizo en más de una oportunidad con los futbolistas de Argentino. Un gesto magnífico.

Uno de los dos equipos debía alzarse con la victoria para quedarse con la Copa Lotería de Santa Fe. Y Argentino fue más preciso desde los doce pasos. Se impuso 6 a 5 con la destacada performance del arquero Lucas Rodríguez, que acertó su remate y luego atajó el disparo de Renzo Funes. Allí se desató el delirio de los salaítos y la explosión justo detrás del arco de la definición. Hubo gritos, abrazos y hasta algunas lágrimas de parte de los vencedores. No todos los días se gana el clásico y menos en la costa atlántica, lejos de casa, y con los hinchas enloquecidos celebrando.

Hubo un ganador: el salaíto, pero eso no fue tan relevante como que se haya jugado a la vera del mar este clásico que está tan arraigado en la idiosincrasia futbolera rosarina. Todavía vale la pena amar a la camiseta. Charrúas y salaítos lo rubricaron.

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