Copa Davis
Miércoles 08 de Febrero de 2017

Pintaba para fiesta y fue una serie más

Ni los héroes Del Potro y Delbonis ni las grandes figuras de otras épocas asomaron en Parque Sarmiento. Sólo fue exhibido el trofeo como parte de la celebración del título del año pasado.

En unos días más la Ensaladera de Plata, ese trofeo precioso que se le otorga a las naciones que son campeonas de Copa Davis, saldrá a recorrer la Argentina. La intención supone acercar a todo el país ese título tan costoso como deseado, como una muestra de celebración en grande. Pasaron algo más de 70 días de la consagración histórica en el Arena Zagreb, ante Croacia, y a pesar de que este fin de semana el conjunto nacional ya perdió por la primera ronda, por la edición 2017, todo aquello aún parece nuevo. Es una situación inédita la de ser campeón. A Argentina le llevó toda su historia y entonces mira con intriga, como sin saber muy bien qué hacer.

El fin de semana (prolongado hasta el lunes) de la serie con Italia que se jugó en Buenos Aires tenía que ser una fiesta. Y no lo fue. Si bien tuvo momentos muy intensos en emociones, al final de cuentas fue una serie más. El primer día, cuando los equipos entraron a la cancha se escuchó un corto y tibio “dale campeón” que bajó de uno de los laterales de la tribuna. Y recién el sábado, con un dobles muy chivo, algunos hinchas se animaron a repetirlo. “¡Charly (Berlocq), vos sos el campeón!”, “¡Leo (Mayer), vos sos el campeón!”, “¡Guido (Pella), vos sos el campeón!”, también se oyó varias veces en las gradas. Como si esos jugadores recontraprofesionales no lo supieran, los hinchas insistían en el golpe de realidad, en intentar una reacción que los llevase a pasar por encima a los tanos. El domingo, de la mano del ya heroico Berlocq, que bueno o malo siempre tiñe con algo épico sus partidos, la intensidad y el contagio mutuo de público-jugadores se notó un poco mejor. Ni hablar el lunes, cuando, a sabiendas de que poco iba a poder hacer Guido Pella ante Fabio Fognini (este punto definió la serie a favor de Italia), como nunca la gente se hizo sentir, dándole al Parque Sarmiento de Saavedra una atmósfera ensordecedora, amén de los maleducados.

Quizás el lunes fue el momento que más se pareció a la celebración que merecía el campeón. Aunque más por color que por otra cosa. De hecho, en lo deportivo, terminó en derrota. Pero nobleza obliga decir que aún sorprende cómo la Asociación Argentina de Tenis (AAT) no armó algo más acorde a tamaño logro. Juan Martín Del Potro, el verdadero responsable de haber obtenido el título (sin sus victorias de semifinal y final hubiese sido imposible) se encuentra entrenando en Buenos Aires (desde noviembre se sabía que no jugaba esta serie) y si bien el jueves fue a cenar con sus compañeros, no apareció en el estadio. Claro que Delpo está en todo su derecho de no ir, de quedarse en su casa jugando a la play si así lo prefiere, pero el público esperaba un guiño que no tuvo. Podía devolverle con una enorme ovación aquella gesta, alimentarlo para lo que viene, y se quedó con las ganas.

Después de lo que dio, en un año histórico para el tenis argentino, la política de “no molestar” a Delpo llegó hasta eso, a hacer posible que el tandilense no se asome por Saavedra. Como si a uno lo invitasen a un casamiento y faltase el novio. El novio de esta fiesta es uno solo: Juan Martín.

Después, que tampoco esté Federico Delbonis, el que logró el punto definitivo en Zagreb, hasta se desvanece en importancia. No se le pide a Delpo, que es el número uno.

Tampoco se dieron cita en la serie jugadores de otras épocas que también hicieron grande al tenis argentino y que soñaron con la Ensaladera de Plata. ¿No los invitaron? ¿No quisieron ir? Se los vio por ahí a Lucas Arnold, al Flaco Juan Ignacio Chela, pero fueron por las suyas y con perfil muy bajo. “Si ganábamos me iba a ir a cenar con mi familia. Ahora que perdimos también me voy a ir a cenar con mi familia”, dijo el capitán argentino Daniel Orsanic en la última conferencia de prensa, dando cuenta de que no había nada planeado para la primera serie del campeón en casa. Y evitó dramatismos.

El trofeo estuvo exhibido para que los que andaban por el Parque Sarmiento pudieran llevarse la selfie histórica. Detrás de un vallado y bien custodiada, la Ensaladera de Plata quedó en el recuerdo de unos cuantos. Pero también estuvo mucho tiempo en la carpa VIP, solitaria.

La serie de este fin de semana fue subiendo en intensidad: arrancó demasiada tibia el sábado. Caló hondo porque además el estadio lució por la mitad. Y aquí la AAT tiene que tomar nota urgente: si no está Juan Martín Del Potro debe bajar los precios, porque no vende los tickets. Es casi una obviedad, pero la atracción que genera ver a un tenista de la talla del tandilense no se condice con nada. Delpo agotó entradas en las exhibiciones que jugó a fin de año con David Ferrer, en partidos que no significaban nada. Por eso, cuando no está en la Davis, también reciente las arcas. El precio de las entradas para esta serie superaban lo que costaban los tickets en la final de Zagreb. ¿Tiene lógica? Ni hablar de los elevados precios de las consumiciones.

Por otro lado, lo que también quedó en deuda en esta fiesta que no fue tiene que ver con el estadio: parece que el gobierno de la ciudad de Buenos Aires está muy interesado en que el parque sea un lugar instalado para el tenis. Quiere que allí funcione un centro de alto rendimiento, pero le falta tanto.

Este fin de semana falló la seguridad de Parque Sarmiento, dependiente de la policía de Horacio Rodríguez Larreta, y si no pasó a mayores que mucha gente haya roto accesos el último día para pasar corriendo tipo malón fue por un milagro. Quedó demostrado que con mal clima no hay donde resguardarse. Cuando el predio en el que se montó todo lo relacionado al tenis se llenó de agua el domingo fue un papelón.

De manera que lo que iba o tenía que ser una fiesta terminó siendo una serie más. O peor, condimentada con especias que no son comunes, como esta de la floja infraestructura (el lunes, con tanto público, se pidió por micrófono a la gente que no salte en las tribunas tubulares) o la seguridad. La Ensaladera de Plata saldrá a recorrer las ciudades para que la disfruten todos los que quieran. Lástima que se desaprovechó la posibilidad de armar un gran circo festivo mientras volaba la pelotita amarilla. Si algún día se consigue otro título del mundo tal vez la experiencia permita esperar a los campeones de otra manera. A fin de cuentas, lo merecen.


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